Por Ara Morales
En memoria de Rosa Torre, la primera mujer regidora en el País.
En México la dictadura de Porfirio Díaz dio lugar a la Revolución Mexicana. El derecho al voto libre, directo, secreto y efectivo, así como la no reelección, fueron los motivos de una guerra que se prolongó por décadas, y trajo como consecuencia la exposición de necesidades sociales no resueltas desde el siglo XIX, a pesar de haberse consolidado la lucha por la independencia, y haberse plasmado en la Constitución, derechos que se pisoteaban sin menor sentido de humanidad.
El reparto de la tierra, jornadas laborales y pagos justos, acceso al divorcio, derecho a agruparse en sindicatos, el derecho a la huelga, la eliminación de las tiendas de raya, elecciones democráticas, no reelección, y por supuesto la participación política y electoral de las mujeres conformaron un escenario para una nueva gesta armada, en busca de democracia, justicia, igualdad y libertades políticas.
Si la mecha de la independencia había sido prendida en 1810 en la ciudad de Querétaro por una mujer, Doña Josefa Ortiz de Domínguez, eso no significó en un siglo posterior, el reconocimiento jurídico, a la igualdad entre hombres y mujeres. El peso de un siglo de injusticia no fue menor, las mujeres lo cargaron, pero no lo aceptaron. La revolución mexicana fue la segunda oportunidad, ya no para las conspiraciones de hacía un siglo en contra de la monarquía española, sino para derrumbar hombro con hombro, una dictadura que igualaba a hombres y mujeres en la injusticia, la pobreza y la falta de libertades.
El camino para la participación política, laboral, educativa, y el reconocimiento de las mujeres en la lucha social no fue fácil ni rápida, por eso es importante hacer un recuento. En 1860 Benito Juárez decretó la ley en la que las mujeres podían acceder a la educación;1869 el mismo Juárez creó la primera escuela secundaria para señoritas; en 1875 Lerdo de Tejada integró la enseñanza de la pedagogía en la escuela nacional para señoritas. Por primera vez, en el México independiente, a causa de las condiciones de trabajo precarias, las mujeres encabezaron entre 1884 y 1887 movimientos sindicalistas como la “Saraperas de Puebla” y el de las “Cigarreras” en la Ciudad de México. En 1887 la guerrerense Laureana Wright fundó la revista “Violetas del Anáhuac” donde publicó diversos artículos sobre la educación como vehículo de emancipación elemental de las mujeres instruidas.
En 1906, la vida política adquiere y configura una expresión única, la reivindicación de derechos para las mujeres por las mismas mujeres. Así surgen agrupaciones como el “Club Liberal Ponciano Arriaga” y la agrupación “Admiradoras de Juárez” lideradas por Eulalia Guzmán, Hermila Galindo y Luz Vera, ambas agrupaciones con el objetivo de alcanzar el sufragio negado a las mujeres.
También surgieron otros grupos como el “Club Liberal Discípulas de Juárez” en Veracruz; el de Antonia Nava en San Luis Potosí, para luchar contra la dictadura de Porfirio Díaz, y apoyar el Partido Liberal; los liberales integraron el tema de la mujer en su programa revolucionario, las reconoce como sujeto de derechos; y apunta las actividades del hogar como un trabajo que debe ser remunerado. En 1907 las mujeres se incorporaron a las filas revolucionarias encabezando la huelga de Río Blanco, organizan los clubes antirreeleccionistas.
Al triunfo de la Revolución Mexicana las sufragistas reclamaron al presidente interino Francisco León de la Barra su derecho al voto, también lo hicieron con Francisco I. Madero, ya que la Carta Magna no especificaba el sexo de las personas votantes. Si la gesta revolucionaria, y el derrumbe de la dictadura, fueron posibles, hubo una barrera que no cayó, la supremacía machista, y el derecho al voto de las mujeres fue ignorado y negado.
A pesar del rechazo, la lucha política de las sufragistas no se frenó. En 1916 Salvador Alvarado, gobernador del Estado de Yucatán reconoció la importancia de las mujeres en la participación en la organización social, política, académica, cultural y electoral en el país. En enero del mismo año se realizó el Primer Congreso Feminista, al que acudieron más de 600 delegadas, “La Mujer en el Porvenir” fue la ponencia con la que participó Hermila Galindo, quién planteó la igualdad intelectual entre hombres y mujeres, y demandó el derecho a que las mujeres pudieran votar y ser votadas.
Ya hace 100 años, en 1922, Felipe Carrillo Puerto, envío a la legislatura del Estado de Yucatán la iniciativa para concederle el voto a la mujer, y además apoyó las candidaturas de mujeres para cargos de elección popular local. En ese mismo año, Rosa Torre González se convirtió en la primera mujer electa en el país para ocupar el cargo de regidora en el municipio de Mérida por el Partido Socialista del Sureste; en 1923 Elvia Carrillo Puerto, Beatriz Peniche y Raquel Dzib se convirtieron en las primeras mujeres mexicanas electas diputadas en Yucatán, lamentablemente no pudieron ejercer sus funciones ya que anularon las elecciones, y recibieron amenazas de muerte.
El 1925 Elvia Carrillo Puerto se registró como candidata al congreso local de San Luis Potosí, obtuvo el triunfo, pero no la dejaron ocupar la curul bajo el argumento de que la ley federal electoral reservaba el derecho a ser elegidos para cargos políticos únicamente a los hombres. En 1926 fue derogado el decreto que concedió a las mujeres participar en los procesos electorales locales en San Luis Potosí, esto con el objetivo de evitar candidaturas de mujeres. En 1935 se creó el Movimiento Frente Único Pro-Derechos de la Mujer con el objetivo de impulsar la Reforma del artículo 34 constitucional para que las mujeres obtuvieron el derecho a la ciudadanía plena. Ese mismo año el presidente Lázaro Cárdenas del Río envió la iniciativa al Congreso, para que se realizará dicha reforma, pero “al pensar que se repetiría la experiencia española en la cual las mujeres votaron por el partido conservador, prefirió congelarla”.
Durante los años previos y posteriores a la Segunda Guerra Mundial, se estableció el voto pleno de la mujer en diversos países de América Latina, por ejemplo: Brasil en 1932, Argentina en 1947, Chile en 1949; mientras que, en México, durante el gobierno de Miguel Alemán (1947, únicamente se autorizó el voto a nivel municipal. Habían transcurrido 137 años de haberse gestado el movimiento de Independencia, y 37 años de la Revolución, y la ciudadanía plena de las mujeres no solo luchaba contra los prejuicios patriarcales, sino contra el abuso, la desigualdad económica, laboral, y política
Años más tarde durante la campaña a la presidencia de la República, Adolfo Ruiz Cortines planteó el voto Federal para las mujeres, con la intención de fortalecer su posición política, para ello se realizó un mitin a favor de Adolfo Ruiz Cortines, en donde asistieron alrededor de 20,000 mujeres, a quién les prometió iniciar las reformas constitucionales para reconocer la igualdad política de la mujer.
En 1952 Amalia González Caballero se reunió con Ruiz Cortines y le solicitó, promover la reforma que otorgaba la ciudadanía plena a las mujeres, él por su parte le pidió la firma de las mujeres que demandaban tal derecho. Fue así como Amalia González se convirtió en la primera mujer que habló en la cámara de senadores, agradeciendo el otorgamiento del voto. Habían transcurrido ni más ni menos, 142 años cuando desde la casa de la Corregidora de Querétaro, doña Josefa Ortiz de Domínguez, dio inicio la guerra de independencia, la nación mexicana había nacido de la voz y el valor de una mujer, y tuvieron que esperar un siglo y cuarenta y dos años para ser reconocidas, no como las gestoras e impulsoras de los cambios sociales, sino como simples ciudadanas.
El 17 de octubre de 1953 se publicó la Reforma en el Diario Oficial de la Federación, y finalmente el 3 de julio de 1955, votaron por primera vez las mujeres a nivel nacional. En ese mismo año diversas mujeres comenzaron a participar en la esfera pública y electoral, entre ellas: Florinda Lazos, primera mujer que se registró como candidata a diputada local en Chiapas; Aurora Jiménez Palacios se convirtió en la primera diputada federal por Baja California; del mismo modo, Remedios Albertina Ezeta, (del Estado de México), Margarita García Flores (de Nuevo León), Guadalupe Urzúa Flores (de Jalisco), y Marcelina Galindo (de Chiapas) resultaron electas diputadas federales. Igualmente, María Lavalle Urbina, y Alicia Arellano Tapia (de Campeche) se convirtieron en las primeras mujeres senadoras de la república.
En los años sesenta, la era del rock y de la carrera espacial, en México, las mujeres aún teníamos que conquistar los derechos más elementales, entre ellos, el derecho a existir en la vida política. El camino era más largo que la distancia a la luna.
AL FINAL.
Las mujeres buscadoras, hasta ahora solo han encontrado desinformación, desdén, abandono, omisión, discriminación, complicidad, revictimización, corrupción, burocracia, prepotencia, complicidad, impunidad. El derecho a la justicia sigue enterrado.
