Laja-Bajío

La Guerra Cristera se “saltó” a Villagrán

Sergio Hernández N.

Villagrán, Gto.- El tres de agosto se conmemoran 100 años del comienzo de la guerra cristera, que sumergió a gran parte del centro del país a una lucha armada entre el gobierno callista y la iglesia católica con su feligresía, aunque el conflicto no afectó mucho a Villagrán, pues en ese entonces era una ranchería, un caserío, aunque si se registraron hechos violentos en poblaciones de su alrededor como en Cortazar, en donde fusilaron al Padre Nieves, ahora beatificado por el Papa Juan Pablo II.

Algunas personas de la tercera edad, es posible que hayan escuchado de familiares o amistades,   pasajes violentos a causa de persecución de los sacerdotes, y la realización de misas clandestinas en diferentes sitios y casas vecinales, que por la prohibición de los cultos público y otras restricciones gubernamentales, los sacerdotes optaron por cerrar los templos y no hacer ninguna ceremonia de bautizos, confesiones, bodas nada, y que por la vigilancia del ejército, muchas veces las realizaban a las 3 de la mañana.

Por ese entonces, Villagrán que era una parte de Cortazar, al igual que Sarabia y Valtierrilla, y el padre Nieves, que nació en Yuriria, estaba asignado al templo de la Cañada de Caracheo para atender sus necesidades religiosas.

Sin embargo, como El Guaje era un rancho chico de otomíes, y como no había destacamento federal fijo como en Celaya, era perfecto para la misa clandestina, y se hacía en casas particulares en las que tapaban las ventanas con petates y ponían un vigilante en la puerta. El cura llegaba de noche a caballo desde Cañada de Caracheo o de San Isidro, vestido de campesino.

También las hacían en la iglesia de la Purísima Concepción, la que por ese entonces se estaba en obra negra, -la comenzaron en 1813-. Oficialmente estaba cerrada pero los feligreses entraban por la sacristía en la parte trasera.

Las trojes de algunas haciendas en Sarabia y Suchitlán que hoy ya son del municipio, las prestaba el hacendado y a ellas asistían entre 30 y 40 personas de toda la zona.

A cargo del recorrido por las comunidades de El Guaje, Mexicanos y San Isidro, estaba a cargo del padre José Pérez, que era el vicario de Cortazar en 1927. También entre la población se conoció el relato de una señora que decía, que su abuela escondía las hostias consagradas en una olla de barro, y las enterraba en el corral, para que los federales no las encontraran.

La gente estaba temerosa, pues los Defensas Agraristas del gobierno callista que antes de 1926 con Porfirio Díaz, se les llamaba “Rurales”, eran campesinos y vecinos de la zona a los que el gobierno les daba Máuser y caballo para vigilancia de las haciendas y el paso del tren.

Por El Guaje llegaban unos cinco o seis a caballo, que llegaban por el camino real Celaya-Salamanca, y se detenían en la tienda de raya para pedir agua y preguntar si vieron al cura; pero además, revisaban las trojes en busca de armas o imágenes escondidas, y en el caso de encontrar personas rezando el rosario en grupo, se llevaban al organizador a Celaya detenido.

La gente les tenía miedo porque eran de la misma zona y se conocían entre todos y por ello, optaron por las celebraciones de las misas clandestinas a las 3 de la mañana y para ingresar, se les pedía santo y seña.

Continuará…