Por: Íñigo Javier Rodríguez Talancón,
El proceso electoral en Celaya ha comenzado a calentarse, y con él, se reactiva un viejo debate sobre la validez de las redes sociales como termómetros de la realidad política. El fin de semana pasado, un ejercicio en el muro de Facebook del medio informativo Reporte Celaya encendió las alarmas en los cuartos de guerra locales. Una muestra de los cientos de comentarios vertidos (684 más coincidentes a los mismos) en una publicación sobre la pretendida reelección del alcalde Juan Miguel Ramírez, “El Profe”, arrojó un contundente rechazo que superó el 83% de las opiniones.
Para los puristas de la demoscopia, desestimar este tipo de dinámicas es la norma. Argumentan, con justa razón metodológica, que las secciones de comentarios en plataformas digitales padecen de un sesgo de autoselección; participan mayoritariamente quienes experimentan emociones intensas, principalmente el enojo o la frustración, mientras la llamada “mayoría silenciosa” observa sin interactuar. Sin embargo, en el contexto político de Celaya, cometer el error de ignorar este malestar digital puede costar una elección.
El municipio cuenta con un antecedente inmediato y sumamente ilustrador. Hace apenas tres años, las consultas y sondeos informales en redes sociales respecto a la reelección del entonces alcalde en funciones, Javier Mendoza Márquez, presentaban un panorama idéntico: un repudio generalizado y un desgaste evidente de su figura pública. Al interior de los círculos gubernamentales de aquel momento, el diagnóstico digital fue minimizado bajo el argumento de que las redes no votan. El desenlace de la elección municipal de 2024 desmintió esa premisa, traduciendo el eco de las pantallas en un estrepitoso voto de castigo en las urnas.
La historia parece rimar en el escenario actual, pero con los papeles partidistas invertidos. Lo relevante del fenómeno actual en Celaya es que el rechazo manifestado por la ciudadanía no parece estar dirigido de forma generalizada hacia la marca de Morena, sino de manera concéntrica hacia la persona del alcalde y su gestión administrativa. En los mensajes de los usuarios —incluso entre aquellos que se autodefinen como simpatizantes de la Cuarta Transformación— el reclamo se focaliza en el día a día del municipio: las deficiencias en el bacheo, los servicios públicos y la compleja situación de la seguridad.
Esta clara distinción entre el peso de la marca y la evaluación del gobernante sugiere que la estrategia de buscar la reelección convierte de inmediato los comicios en un referéndum aprobatorio de la gestión actual. Para el partido en el poder, insistir en la continuidad de un perfil con altos niveles de negatividad orgánica representa un riesgo inminente de perder la alcaldía, abriendo la puerta para que la oposición capitalice el descontento ciudadano, tal como ocurrió en el proceso anterior.
Frente a esta encrucijada, el proceso interno de Morena cobra una relevancia analítica mayúscula. La viabilidad de retener el gobierno de Celaya podría depender de la capacidad del partido para procesar una renovación de rostros que neutralice el desgaste local. Nombres con arraigo y perfiles diferenciados, como el del diputado local Antonio Chaurand Sorzano o el del empresario Leopoldo Almanza Mosqueda, entran de forma natural en la ecuación de rentabilidad electoral como opciones de relevo capaces de retener el voto institucional sin cargar con los pasivos de la administración saliente.
Antonio Chaurand Sorzano: El actual diputado local de Morena formalizó abiertamente su intención de competir por la coordinación municipal de los comités de la Cuarta Transformación en Celaya. Su trayectoria previa y el acompañamiento al movimiento desde ejercicios pasados lo posicionan como uno de los activos con mayor arraigo interno que la militancia evalúa como una opción de relevo para evitar el desgaste de la reelección.
Leopoldo Almanza Mosqueda: Como exalcalde y empresario, representa una figura tradicionalmente evaluada por los sectores que buscan un perfil con experiencia previa de gobierno y un vínculo más cercano con el sector económico del municipio.
Como conclusión puedo señalar: Que, si bien las redes sociales no sustituyen a una encuesta domiciliaria formal, sí pueden funcionar como un sismógrafo de la intensidad política. La lección de 2024 está fresca en la memoria colectiva de Celaya: cuando el descontento digital es orgánico y constante, suele ser el síntoma visible de una corriente subterránea que termina manifestándose el día de la votación. La moneda está en el aire, y la decisión de atender o ignorar ese termómetro ciudadano definirá el rumbo de la joya de la corona del Bajío, que es Celaya.

