Jorge Estopellán
Ya mucho se ha hablado de la revocación de mandato del domingo. Llevaba tiempo sin escribir pero ante este tema por demás interesante decidí retomar la pluma (aunque sea en sentido figurado).
De todo lo que he leído, analistas del régimen, analistas de oposición y analistas imparciales, he rescatado lo que me parece debe considerarse trascendente, ¿Qué ganó cada quien y qué perdió?.
El Presidente necesitaba un instrumento que le permitiera además de darle un respiro a los cuestionamientos de la falta de resultados en materia económica, en materia de seguridad y en cualquier indicador que ponga en análisis su política.
Dicho instrumento y que le quedó como “anillo al dedo”, fue la consulta sobre la revocación de mandato. Su uso fue infalible y la prueba es que aquí me tienen escribiendo y en la agenda nacional se hablará unos días más sobre este tema.
Le sirvió también y dicho por sus operadores en las entidades, para analizar, evaluar y calificar a quienes aspiran a algún cargo público en el 2024 y quienes le dicen traer las canicas para ello. En Guanajuato por ejemplo, Adán Augusto López, Secretario de Gobernación les puso como meta un millón de votos, se quedaron cortos pues lograron únicamente poco más de 430 mil votos. Y cómo mi intención en esta columna no es opinar sobre los operadores en Guanajuato, solo diré la clásica: lo peor que le puedes decir a tu adversario es que está haciendo las cosas mal.
¿Qué ganó y qué perdió la oposición?
Para esta parte de mi colaboración, me centraré en Guanajuato, aunque cabe resaltar que mi opinión la podría tropicalizar perfectamente en gran parte del
territorio nacional. La oposición ganó información, esto en política es vital. El hecho de que Morena sacara a pasear al ejército hizo que la oposición sepa quienes son, en dónde están y que representan, cuál es la base. Esto se capitaliza generando las estrategias de aquí al 2024 para la madre de todas las batallas.
Ganó también al darse cuenta qué hay gente que aún con necesidades por cubrir, la gente que analiza y luego decide.
Y entonces, ¿Quién perdió?. A mi juicio, el contribuyente, aún cuando fue un proceso democrático, establecido en la constitución, lo cierto es que mientras haya quedado en duda la necesidad de gastar en ello, es ya una pérdida para el ciudadano. Cien mil pesos costó cada voto de la consulta, sin contar el monto del partido en el poder (Morena) que usó para la movilización, para la difusión y para la publicidad, la consulta ha sido la elección más cara en la historia de México. Dado los resultados, estaría en tela de juicio si ese recurso hubiera sido mejor etiquetarlo en otras necesidades. Por lo pronto, queda sobre la mesa si se requiere impulsar una verdadera reforma electoral que profundice en temas como la segunda vuelta electoral. Mientras tanto, el gran perdedor reitero, fue el ciudadano, como la mayoría de las veces.
