Sergio Hernández N.
Como en todos los pueblos, la imaginación de sus habitantes, dio con el tiempo el nacimiento de leyendas yVillagrán no pudo ser la excepción, y más, durante los añosen que “El Guaje” solo era un caserío que habitaban peones y las visitas de los hacendados patrones.
Al comenzar a tomar forma como pueblo, y cubrir las necesidades del crecimiento social, no podían faltar las obras necesarias para la concentración popular dominical, de las que, aunque ya había, a mediados del siglo XIX, la edificación básica de lo que sería la ahora parroquia de la Virgen de la Purísima Concepción.
Aunque de las fechas del inicio para la construcción de la torre algunos historiadores difieren, la documentación oficial municipal de la traza dice que comenzó el 23 de julio de 1868 y que se terminó el 29 de junio de 1913.
Sin embargo, se reconoce que la obra tuvo una duración de al menos casi 50 años, todo por la falta de recursos económicos, y por las guerras. Incluso se dijo que la iglesia se usó como cuartel en 1915.
La terminación se hizo bajo la dirección de Vicente Tovar y Fray Antonio Avila como encargado del templo.
En el transcurso de la lenta construcción de la torre, que es de cantera rosa, estilo ecléctico arquitectónico -de diversos estilos, ideas o posibilidades-, no es colonial pura, es una mezcla de neoclásico del siglo XIX, con acabados posteriores. Es de las pocas partes que se ven terminadas en fotos muy antiguas.
Es precisamente durante la construcción cuando se creó una leyenda, la que existe hasta en los archivos de Cultura de Guanajuato y de ahí comenzó a llamarse por un tiempo “Encarnación Ortiz”, para recordar al hijo de una familia rica y acomodada del lugar en que murió al caer accidentalmente de la torre de la iglesia.
Cuenta la leyenda que el joven de nombre Encarnación Ortiz, subió a los andamios en los que trabajaban los albañiles en la construcción de la torre más alta, de unos 30 metros, equivalentes a unos 10 pisos, la falta de costumbre yexperiencia, aunado a la carencia de algún arnés de seguridad en las alturas, sufrió un mareo que lo hizo caer al perder el equilibrio.
No se pudo hacer nada.
Su propio peso, multiplicado por la altura, le dio cero posibilidades de salvarse y menos al caer de cabeza y su fallecimiento quedó en la historia del pueblo.
A raíz de este accidente, los pobladores comenzaron a llamar al poblado de “El Guaje” durante algunos años, “Villa de Encarnación de Ortiz”, por ser hijo de la familia Ortiz, dueños de varias haciendas de Cortazar.
El 15 de diciembre de 1910, el gobernador Joaquín Obregón González hizo oficial el nombre, pero en 1930 lo cambiaron al de Villagrán por el del insurgente Julián de Villagrán.

