Por: Íñigo Javier Rodríguez Talancón
Es un secreto a voces que detrás de la fachada deformalidad institucional del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) opera una cofradía de poder real ya conocida en la localidad como el “club de Tobi”.
Este selecto grupo está integrado básicamente por los desarrolladores inmobiliarios más influyentes de la ciudad. Ellos controlan a plenitud las decisiones y pronunciamientos de esa organización patronal.
De tiempo atrás, sus ambiciones trascendieron su objeto formal en el dizque fomento de la “libre empresa”, para convertirse en un cártel cerrado con intenciones muy específicas.
Consiguieron, además, transitar de una presión externa o cabildeo a nuestro ayuntamiento -habituales en ese tipo de organismos- al control directo de susdecisiones fundamentales; pero, para su contrariedad,perdieron esta posición con la fallida reelección del inefable Javier Mendoza Márquez; y para intentarrecuperarla tienen ya a un virtual candidato que desde ahora promueven: Jorge Gámez Campos.
Y la estrategia de este bloque inmobiliario para colocar a este su “gallo” en la atención mediática, se ejecuta a través de un clásico “placeo” sistemático.
Porque, ante la falta de un arraigo popular genuino en las colonias y comunidades del municipio, le están construyendo a Gámez Campos una agenda pública de apariciones controladas.
Y esto se hace a través de insustanciales “foros económicos”, “paneles logísticos” diseñados a modo, y en presentaciones concertadas con medios locales, con la intención de presentar a este dirigente hechizo del CCE como poseedor de un perfil técnico indispensable para la ciudad y que no posee.
Al mismo tiempo pretenden presionar a la dirigencia del Partido Acción Nacional (PAN) para que ceda la postulación a sus intereses.
Este nuevo asedio del sector inmobiliario representa un riesgo de captura institucional para el cual hay precedentes muy nefastos, y apuntaclaramente a lo que se puede denominar unconflicto de interés perfecto.
Porque de consolidarse la nominación de Jorge Gámez bajo las siglas del PAN, y ante la eventualidad de un triunfo electoral, que sin embargo parece dudoso, el ayuntamiento de Celaya podría abdicar de su función primordial como órgano regulador, paraconvertirse otra vez en una ventanilla “VIP” exclusiva de trámites privados.
Con esto, las decisiones más críticas que competen al cabildo dejarían de responder a criterios de sustentabilidad urbana y beneficio social; los planes de ordenamiento territorial, los cambios de uso de suelo y las factibilidades de agua.
Y, en su lugar, el crecimiento y la planeación de la ciudad quedarían supeditados a la estricta lógica de maximizar el margen de ganancia para los socios constructores del alcalde en turno.
Como afirmo, la historia reciente de Celaya demuestra que la intentona del “Club de Tobi” no es un hecho aislado: es la reactivación de un libreto largamente ensayado en el municipio.
La memoria colectiva de los celayenses no olvida que la demarcación ya ha sido gobernada por alcaldes surgidos exactamente de este mismo molde empresarial; Ismael Pérez Ordaz y, de manera más reciente, Javier Mendoza Márquez, ascendieron a la presidencia municipal cobijados por discursos de eficiencia administrativa.
Pero sus gestiones terminaron marcadas por señalamientos de corrupción y de favorecer agendas particulares; y ambos terminaron blindando los intereses del círculo inmobiliario y económico al que pertenecen, en detrimento de nuestro ámbito público.
Con la eventual postulación de Gámez Campos, las élites del desarrollo urbano y la construcción no buscan innovar en la administración pública, sino sologarantizar el retorno de esta oligarquía local al control absoluto de la hacienda, de las importantes decisiones en materia territorial, y de la obra pública del municipio.
Ahora bien, la prisa y desesperación que hoy muestran los desarrolladores inmobiliarios por imponer a su incondicional, se explican por el escenario político actual.
Tras el histórico vuelco electoral que desplazó al PANde la presidencia municipal y entregó el gobierno de Celaya a la administración de Morena, los conciliábulos del cerrado “club de Tobi” perdieron influencia y privilegios. Se quedaron sin el acceso directo al poder que mantuvieron durante bastantes años.
La pérdida de control sobre las direcciones de obra pública y desarrollo urbano, el IMIPE, JUMAPA y los comités de obra pública, generó un vacío de influenciapara ellos, y que ahora con dinero pretendenrecuperar.
Por ello, la campaña mal disimulada de Jorge Gámezno debe leerse como un proyecto para el desarrollo social de Celaya; es básicamente una operación instrumentada por este cártel de desarrolladores inmobiliario y sus constructoras, para recuperar las prebendas perdidas tras la última alternancia democrática.
Ante este panorama, el Partido Acción Nacional en Celaya se encuentra de nuevo ante una encrucijada,que puede volver a mostrarlo carente de una verdadera autonomía frente a estos poderes fácticos.
Permitir la imposición de este improvisado cabecilladel CCE significaría ratificar que esa institución partidista opera como una simple franquicia electoral disponible al mejor postor. Estarían promoviendo de nuevo la entrega de las decisiones públicas a la misma camarilla que ha propiciado el grave desorden urbano y social en el municipio.
Así, la ciudadanía celayense, atrapada entre las deficiencias de los servicios públicos y la voracidad inmobiliaria, observa con atención los movimientos de este tablero.
Al final del día, cualquier denuncia al respecto dejarádos preguntas incómodas pero necesarias en ladiscusión pública, antes de que las boletas electorales se impriman: ¿Acaso el futuro de Celaya volvería a decidirse en las reuniones privadas del “club de Tobi”,en dónde se dispondría sin duda un uso abusivo de su territorio? ¿O se podrá evitar que la dignidad y función correcta de nuestro ayuntamiento se pierda de nueva cuenta, y en perjuicio de todos sus habitantes?
Otro dicho:
La discusión pública al inicio de la obra del tren de pasajeros en su proyectado paso por el área urbana de la Ciudad, parece que se ha contaminado por intenciones poco claras y que no corresponden estrictamente al interés general… Se menciona un proyecto alterno al original propuesto por el Colegio de Arquitectos de la localidad, y que básicamente consiste en llevar todo el tramo oriente hasta la Estación en la Alameda en “viaducto”, o sea, en elevación, y así evitar que la Ciudad, en esta largaparte, sea “partida en dos” … pero también parece que esa “contaminación” proviene de actores interesados muy específicos…
