Opinión

DOBLE O NADA, LECCIONES AL PRINCIPE

Hoy tengo que hablar en primera persona del plural: nosotros. Antes, quiero referirme a una idea de Maquiavelo, del tratado de teoría política, “Lecciones al Príncipe” que escuché hace unos días: se debe desear ser tanto amado como temido, pero es por mucho más seguro, ser temido que amado si no se pueden combinar ambas. Agrega: el miedo en las personas no debe ser excesivo, sobre todo nunca llegar al odio, ya que sería peligroso.

Amor, odio, miedo serían temas de literatura por excelencia, y en teoría política pareciera que no caben, sin embargo, han sido la materia prima para gobernar. Si bien la idea de Maquiavelo, en cuanto amar al Príncipe, es una oposición argumentativa, porque difícilmente el poder tiene que ver con el amor, si es importante porque el Príncipe, no debe ser odiado, porque estaría en riesgo su poder. Por eso, Maquiavelo sugiere que deba ser temido, es decir, tendrá que recurrir al miedo para gobernar.

Pero cuando del especulativo amor para ser respetado, se pasa al miedo, y finalmente se llega al odio del pueblo, sin lugar a dudas que “arde Troya”. El odio es irracional, es alimentado por la desesperanza, la polarización y la división, finalmente, se convierte en combustible para incendiar lo que encuentre a su paso.

El odio a la política que se ha ido fermentando en nuestro país en los últimos años, se ha volcado en odio a los políticos. El Príncipe, padece insomnio y estrés laboral porque el poder ahora es un negocio apoyado en la política y la violencia, pero tiene un alto riesgo. Ser cínico es la condición primaria para acceder al poder, pero no lo es todo.

En los últimos tres años la violencia y la delincuencia hicieron explosión y se colaron por todo el municipio. El gobierno del ciudadano Lemus, y el mismo Ramón no alcanzaron a ponderar el alcance que tendría el auge delictivo, voltearon la cabeza para no ver su crecimiento. Era muy cómodo dejar que la hierbamala creciera, y creció como nunca. Su estilo y narrativa para justificar su omisión, eran tan irritante que se ganó a pulso el rechazo y repudio personal de una buena parte de la ciudadanía. Recordemos que la suma de votos “de la oposición”, fue mas del doble de lo que la ciudadana Paniagua obtuvo en las elecciones pasadas.

La tradición en la sucesión del poder municipal, era el paso de la estafeta a un presidente municipal escogido por su anterior, de este modo se garantizaba que la estructura administrativa municipal y los negocios siguieran en manos “amigas”. Pero, todo ha cambiado, Elvira Paniagua llegó con otros padrinos, pero asumió la misma postura y la narrativa de Lemus, en un contexto de crisis de gobernabilidad. En consecuencia, del miedo a la inseguridad y violencia desbordada, la gente ha multiplicado su irritación y descontento con la ciudadana Paniagua.

Pero lo anterior no es casualidad. Las encuestas de Massive Caller, son significativas. Elvira Paniagua se encuentra entre los 100 alcaldes evaluados, de los municipios con mas habitantes del país, como uno de los peores calificados en aprobación ciudadana. Para entender que no es fortuito, en Julio ocupó el lugar 87, con un 20.4% de aprobación; en agosto, ocupó el lugar 90, con 19.4% de aprobación; en septiembre ocupó el lugar 98, con 15.1 de aprobación, y finalmente en este mes de octubre ocupó el lugar 100, con 13.7% de aprobación. ¡Último lugar!

La política como una actividad para beneficio de la sociedad, ha quedado en el pasado, hoy es una actividad lucrativa amparada al cobijo del mandato popular, es decir, el voto. La búsqueda del poder, y su permanencia es ya un asunto de vida o muerte; el enriquecimiento personal invisibilizado con todas las argucias legales e ilegales, es un fin en sí mismo. Por eso la división entre el poder político y los ciudadanos se profundiza cada día mas.

Pero como toda actividad laboral, los políticos tienen que rendir cuentas, sobre todo cuando están administrando recursos y gobernando. Los resultados dependerán de su capacidad o incapacidad, y ahora eso es inocultable. Desde luego, existen mecanismos que pueden sesgar la mirada ciudadana, o generar intimidación y miedo para evitar la denuncia o la exigencia. Nuestro municipio, ya tiene un historial en el obituario público, y a pesar de ello, la gente ha salido del shock criminal para demandar un cambio de gobierno.

La campaña de recabación de firmas que inició hace 22 días Alianza ciudadana para solicitar la Revocación de mandato de la alcaldesa, es una prueba muy importante del irritamiento ciudadano. A la fecha llevan mas 7mil firmas, es un universo muy destacado, son siete mil personas que han llegado a la mesa para exponer de manera natural como han sufrido el latigazo de la violencia, y su profunda animadversión al discurso y persona de la ciudadana Paniagua. La realidad no se inventa.

Firmar por la destitución de Elvira Paniagua, ha sido una de las pruebas mas difíciles que ha pasado la gente en los últimos 20 años, el ambiente de miedo e intimidación que se siente en la ciudad, no lo facilita. En otras condiciones, sin la sombra de la persecución, serían decenas de miles. Eso lo sabe su equipo de gobierno, por eso, ha habido un carrusel de diputados, senadores, presidentes municipales, y gacetilleros a sueldo, intentando rescatarla de su pasmosa ineficacia administrativa y política.

Lo irónico es que hoy su partido político, está dividido, unos blindándola inútilmente para que no la arrastre la corriente, y otros, empujándola para que se vaya porque el negocio de la política, cada vez se les está yendo de las manos. A nosotros, los ciudadanos nos dejaron solos desde hace mucho tiempo.

Antón Chejov, quien fue de mis primeras lecturas, dice, “El amor, la amistad o el respeto no unen tanto a la gente como lo hace un odio común hacia alguna cosa”. ¡Cuidado!

Revolcadero.

La intimidación, hostigamiento, acoso desde la dirección de fiscalización hacia los líderes de Alianza ciudadana, es una acción a todas luces irresponsable. Todos tenemos un nombre, un domicilio y una familia que nos espera, en esto no hay diferencia. Ojalá el sentido común impere.