José Luis Ramírez
Celaya está inmerso en tres fenómenos que cimbran a todo el país, el proceso político de un gobierno federal que evidencia la lucha, aun dentro del mismo, en contra de los flagelos que han azotado a la sociedad por decenas de años: uno, la omisión de la Ley, la complicidad, la corrupción y la impunidad; dos, la inseguridad que ha rebasado la frontera del miedo y el terror; tres, la Pandemia por el coronavirus, que inmoviliza la economía, y socava los esfuerzos de las familias por asegurar un mínimo de bienestar.
Celaya es una caja de resonancia de lo anterior. Con la particularidad que la administración de los recursos y el gobierno de la ciudad, repiten un modelo envejecido que privilegia las acciones para favorecer la permanencia del Partido político en el poder: el Pan. Y desde luego, acompañado en el Ayuntamiento por una oposición reactiva solo a las nimiedades, e incapaz de dar la cara a las necesidades, preocupaciones e intereses de los ciudadanos que los eligieron como sus representantes.
Se gobierna y se administra desde un molde que privilegia el interés electoral y el económico. La mitad de la población del municipio vive en condiciones de precariedad económica, y de la otra mitad, solo un pequeño sector vive en condiciones de bienestar.
Las comunidades rurales donde vive la mitad de la población, carecen de servicios con calidad como el agua potable, porque Jumapa solo opera en la ciudad. En la zona rural, solo se cuenta con 65 delegados que tienen bajo su espalda la administración de la marginación y la pobreza. Allí está el rostro del olvido.
Pero no solo es el Gobierno municipal que reproduce un círculo vicioso de sobrevivencia, los organismos de representación ciudadana, los partidos políticos minoritarios, suman a la confusión y al clientelismo electoral, generando pesimismo y apatía, pero ni ellos se han salvado de caer en su propio laberinto.
Las encuestas señalan su precaria aceptación social en Celaya. Lo he escrito, el PRI, el Verde, PRD, Movimiento Ciudadano, PT, sumando los votos de todos ellos, no llegarían a 7 mil votos. Con Nueva Alianza que no aparece en las encuestas porque no tiene registro nacional, quizá alcanzarían 7500 votos, considerando el universo de 180 mil votos, tal cual se dio en la elección 2018.
Es decir, 6 partidos políticos de 8 que han participado, tendrían tan solo el 4.1% de acuerdo a la votación anterior. La pregunta obligada es, ¿disminuyen sus votantes, las encuestas se equivocan o qué ocurre? La respuesta es sencilla, es el resultado de su inactividad y falta de presencia social. La siguiente pregunta es, ¿aumentará su votación? Claro que sí, y será utilizando el subsidio electoral. Pero cada voto será muy caro.
Para la próxima jornada electoral, recibirán una suma impórtate de los 213 millones de pesos que se utilizarán para la elección estatal. Sin contar con los cientos de millones que entregara el INE para la elección federal. Estos datos nos obligan a pensar que su función de representar a los ciudadanos es letra muerta hecha de oro y plata.
A la luz de la experiencia local, la figura “independiente”, debe cambiar por el registro a Partidos políticos locales, con los mismos derechos y prerrogativas que los demás, partiendo de una adhesión mínima del 3% del electorado municipal. La experiencia nos señala que la figura “independiente”, no tiene mayor relevancia, pero les permite participar sin un compromiso de ideas, de principios, de filosofía política, y se convierten en mercancía electoral desechable cada tres años.
Dar por cierto que votar cada tres años, es la única y mas importante acción para que haya desarrollo municipal, es un error que nos ha costado decenas de años de atraso. Ciudadanizar la política, la administración y el gobierno municipal es la acción que debería definirnos como mayores de edad.
Que los ciudadanos sean el verdadero gobierno, es una necesidad que debe transformarnos de ciudadanos pasivos a ciudadanos activos. Para ello, el primer reto es lograr que los Partidos políticos nos representen; el segundo reto es que sean representativos; el tercero, es dejar de votar por los partidos que tengan representación menor al 3% del padrón electoral.
Ser gobierno ciudadano, es asumir la responsabilidad de observar, vigilar, y exigir que el Ayuntamiento realice una administración honesta de los recursos públicos, y denunciar las faltas en que incurran. Igualmente, nos obliga a perfeccionar los mecanismos de gobierno y administración desde la experiencia y conocimiento ciudadano.
Los gobiernos llegan a través de los partidos políticos, no hay que olvidarlo. Por eso la importancia de enfocar la mirada en el momento de elegir a los candidatos, y al momento de votar. Nuestra más importante tarea, es que antes de contar los votos, hay que luchar para que cuenten los ciudadanos, de otro modo, las mismas caras, los mismos personajes y la misma palabrería la volveremos a escuchar muy ponto.
Revolcadero.
El 2do. Informe de la ciudadana Elvira Paniagua, no solo fue un documento plagado de errores de redacción, sino de alteraciones de la realidad. Un puente, un Teatro, un Parque Urbano no valen las vidas perdidas, ni el dolor, ni el miedo y la incertidumbre que dejó sembrados en la población. Y aún nos falta un año…
