Opinión

DOBLE O NADA

Por:  José Luis Ramírez

GUACHICOL: la industria del engaño.

¿Recuerda el pasaje de la incredulidad del apóstol Tomás de Dídimo, quien esperaba ver y tocar para creer? Pues nosotros estábamos al revés, habíamos visto, y sabíamos tanto del guachicol, que teníamos la certeza de que a Pemex la ordeña lo dejaría en los puros fierros, y que ninguna autoridad haría nada,  porque las manos las tenían ocupadas en la ubre manadora del oro negro.

Cada día que pasa se revela una imagen de corrupción y cinismo de algunos empresarios, políticos, funcionarios, líderes sindicales, trabajadores, toda una red criminal sostenida para dar satisfacción a las ambiciones desmedidas de una elite mezquina y rapaz. No solo tuvieron acceso a las llaves que abrían y cerraban el flujo del combustible, sino a una costosísima tecnología que usaron para simular el cuidado de los ductos, y planear una ordeña ilegal que trajo consigo dinero para corromper hombres e instituciones.

El cierre de los ductos ha traído muchas incomodidades a los ciudadanos, y en menor medida, afectaciones a la producción y distribución de mercancías. Desde luego, hablamos de una cuarta parte de las entidades de la federación. Para ubicar el problema, está documentada la compra, venta y uso del guachicol desde el año 1999.

Algunos de los reclamos notorios, son las pérdidas económicas de algunos industriosos empresarios. Recordemos, que en cada gasolinazo subía el costo del combustible para nuestra movilización, y el precio de todas las mercancías. El consumidor, pagaba a ciegas el “aumento”. Pero, no era solo eso, pagaba las “ganancias adicionales” que obtenían vendedores, compradores, todos aquellos que usaban un combustible mas barato, pero que no lo reflejaban en el costo de los productos o servicios que vendían. Esa “industria del engaño”, hoy se desgarra las vestiduras y promueve la desestabilización política.

En el caso de Guanajuato, el gobernador reconoce que el 80% de la gasolina que se distribuía era de origen ilegal, eso nos permite deducir que industriales y comerciantes con pocos escrúpulos obtuvieron por años ganancias adicionales y encubiertas.

Para poder entender las reacciones a la escasez de gasolina por la que estamos atravesando, las cifras nos pueden ayudar a explicar las reacciones naturales, y aquellas construidas en la mente de los “afectados”. Los instrumentos de manipulación desde luego que los conocemos. Recordemos que EPN gastó en cinco años 37 mil millones de pesos en medios de comunicación. Durante su gobierno se destacó el uso de robots y ejércitos de “comunicadores” para desarrollar mensajes a su favor, y para la construcción de sentimientos de odio que ahora han despertado, y han venido envenenando el ambiente.

De acuerdo con la dirección de petrolíferos de Pemex, en el país se consume en promedio 190 millones de litros de gasolina diariamente; 140 millones de litros son consumidos por el 30% de la población con mas ingresos; 9 millones de litros son consumidos por el 30% de la población con menos ingresos (Hay que aclarar que este es el consumo documentado). E irónicamente, en este sector se inyectan los mensajes de discordia, por varias razones, pero una obvia, porque son el grueso de la población. Hacerles creer que su irritación y furia es legítima porque han sido despojados del paraíso carretero, no resulta difícil cuando se tiene sembrada una estructura de manipulación informativa. Pero aun así, el incendio no ha prosperado. Hay que aclarar que este es el consumo documentado.

Tomando como base promedio 30 mil millones de pesos saqueados anualmente, durante los últimos 19 años –aunque en este momento llega a 66 mil millones-, nos arroja un robo de 570 mil millones de pesos, sin tomar en cuenta los pagos por créditos e intereses para mantener vivo a Pemex. Considerando que una buena parte de las “ganancias” ilegales se destinan para corromper y lograr posiciones en el gobierno, para a su vez, obtener mas lucro dentro de otras instituciones, el daño económico es incuantificable, pero el daño social, sí lo podemos observar: existen en nuestro país, 54 millones de mexicanos que viven en la pobreza, y 10 más en pobreza extrema.

Si sumamos al robo de combustible, la cantidad de dinero que se destina para simular su combate, tenemos una postal ampliada de la realidad. Solo el Gobierno de Guanajuato, gastó en los últimos seis años 27.5 mil millones de pesos para seguridad y procuración de justicia, y su argumento es que la violencia y el crimen, están vinculados al robo de hidrocarburos. Este gasto en seguridad, fue el doble del sexenio anterior, sin lograr resultados mínimos, lo cual significa otro agujero por donde se fuga el dinero público. Esa millonada es parecida al gasto que realizó el gobierno federal para evitar el robo de combustible en los ductos: 28 mil 300 millones de pesos, desde el 2008 al 2017.  Todavía con EPN se gastaron otros 5 mil millones para modernizar la tecnología de control y monitoreo. A estas cifras al vuelo, les falta la suma total que se gastó en todo el país en los últimos 19 años (1999-2018) en el área de seguridad, periodo en el que se pasó de 189 puntos de ordeña ranchera a 12581, que representa solo el 20% del saqueo; el de funcionarios y políticos es el otro 80%, que desde luego jamás se consideró, ni se investigó.

Resolver en unas semanas un tema de seguridad nacional, es imposible, sobre todo cuando el efecto visible es el entorpecimiento de la movilización de la gente, y la tensión que genera la escasez de combustible. ¿Cuál es la solución? He leído a varios especialistas en asuntos de seguridad, y los comentarios en las redes sociales que llaman a rebelarse por la “estrategia fallida” del gobierno. Reclaman abrir los ductos, como una forma de inteligencia superior. En síntesis su idea es dejar las cosas como estaban. Pero, aclaremos, no es un asunto de usuarios de automóviles de 7 entidades permisivas a la corrupción, es un asunto de 129.2 millones de personas que tienen derecho a vivir en un país con justicia, igualdad y dignidad.

La intervención militar, el cierre de los ductos para su reparación, la colaboración de la gente en la denuncia de focos rojos, la información abierta hacia la población, la generación de información económica, financiera, así como la detección de los puntos de ordeña, de sustracción, de venta y consumo de combustible ilegal ha ido conformando una radiografía para la toma de decisiones operativas, que esperemos vayan a fondo.

La reacción política de los ordeñadores de cuello blanco y demás, seguramente continuara, así como el sabotaje de los ductos para generar incertidumbre. Afortunadamente el 80% de la población le ha apostado a mantener una conducta mesurada, crítica y colaborativa. Alentar involuntariamente la violencia, la polarización ciudadana le dará un instrumento de chantaje a los grupos desplazados del poder.

En unos cuantos días, hemos tenido una experiencia que en principio pudiera dotarnos de un sentido de la realidad, y de la fragilidad de nuestra vida cotidiana. Pero va mas allá, se ha abierto un camino para la recuperación del sentido de comunidad, de identidad y sobre todo de dignidad. La corrupción nos estaba matando.

Para los ciudadanos es medular que en esta cruzada por restaurar el gobierno, se lleve a tribunales a la elite política que ha dañado el futuro de la nación, Es un reclamo inobjetable. Sin certeza jurídica para la sociedad, llegarán otros criminales de cuello blanco, sino es que ya se alistan para ocupar el vacío que dejen los que se van. De este modo, nada habrá valido la pena.

Revolcadero.

Hoy experimentamos la carencia de gasolina, no quiero pensar el día que falte el agua.