En este articulo te explicamos el conflicto entre ambos países y es que hoy en día 100 mil soldados rusos permanecen reunidos en la frontera con Ucrania, a pesar de las advertencias realizadas a nivel mundial.
22/02/2022
Héctor Arturo Estefanía Montero
Cortazar, Guanajuato, México
Si pensabas que las tensiones entre Rusia y Ucrania eran recientes tengo que decirte que no, este conflicto tiene una historia que nos lleva hasta la Edad Media.
Y es que estos dos países tienen mucho en común por ejemplo sus raíces en el Estado eslavo oriental de Kievan Rus.
Esta es una de las razones por las que el presidente ruso, Vladimir Putin, habla siempre de Rusia y Ucrania como “un solo pueblo”.
Pero esto es lejano a la realidad ya que ambos países estuvieron separados durante mucho tiempo, tanto que surgieron dos idiomas y culturas.
Y es que mientras Rusia se convirtió en un imperio, Ucrania no pudo establecer ni su propio estado.
Y es que, durante el siglo XVII, gran parte de lo actualmente es Ucrania formo parte del extinto Imperio Ruso, los territorios se reorganizaron en provincias rusas regulares administradas por gobernadores designados desde San Petersburgo.
Ahora bien, recordemos que, en diciembre de 1991, Ucrania, Rusia y Bielorrusia sellaron la disolución de la Unión Soviética, pero Moscú quería conservar su influencia y vio, entre otras cosas, que algo que le ayudaría a lograrlo sería la creación de la Comunidad de Estados Independientes (CEI)
En ese mismo año, disuelta la Unión Soviética (URSS), ese gran territorio que ocupaba se dividió en 15 repúblicas independientes. Ucrania era una de ellas así en julio de 1990 había declarado su soberanía.
El Parlamento declara la independencia, a la espera de un referéndum el 1 de diciembre de 1991 que finalmente se aprueba con el 90% de los votos. Así, Ucrania se une a la nueva Comunidad de Estados Independientes, junto con Rusia y Bielorrusia.
En el Kremlin estaban convencidos de que el suministrar gas barato era una forma de tener controlado al país vecino algo que no fue del todo eficaz, ya que mientras Rusia y Bielorrusia crearon una buena alianza.
Desde entonces Ucrania puso la mirada Occidente y tuvo interés de pertenecer a la OTAN
En el Kremlin obviamente no les agrado que Ucrania optaba por la vía euroatlántica y se alejaba cada vez más y a pesar de eso no tuvieron conflicto durante los 90´s.
Y es que en Moscú no se preocupaban porque Occidente no tenía intención de integrar a Ucrania y tenían prioridades ya que durante la mitad de la década de los noventa Rusia se encontraba en un momento de debilidad económica por las guerras de Chechenia.
En el año de 1997, Moscú reconoce, con la firma del llamado “Gran Tratado”, las fronteras de Ucrania, incluida la mayoría étnica rusa que habitaba la península de Crimea.
Y te estarás preguntando ¿Dónde comenzó el problema? Pues inicio durante la presidencia de Putin, ya que fue donde se produjo la primera gran crisis diplomática entre Moscú y Kiev. Durante el otoño de 2003, Rusia comenzó a construir una presa en el estrecho de Kerch hacia el islote ucraniano de Tuzla. Kiev lo vio como un intento de redefinir la frontera. El conflicto escaló y se resolvió tras una reunión bilateral entre ambos presidentes. Las obras se paralizaron, pero la amistad se resquebrajó.
En las elecciones presidenciales de 2004, en Ucrania, Rusia apoyó al candidato prorruso Viktor Yanukóvich, pero la “Revolución Naranja” impidió su victoria y ganó el político prooccidental Viktor Yúshchenko. Durante su mandato, Rusia cortó el suministro de gas a Ucrania dos veces, en 2006 y 2009. Y los suministros de tránsito a la Unión Europea (UE) quedaron interrumpidos.
En 2008, el entonces presidente estadounidense, George Bush, intentó propiciar la integración de Ucrania y Georgia en la OTAN. Moscú dejó claro en ese momento que no aceptaría la independencia de Ucrania. Alemania y Francia impidieron los planes de Bush. En la cumbre de la OTAN, en Bucarest, se dialogó con Ucrania y Georgia sobre la membresía de la OTAN, pero sin poner fecha.
Las tensiones entre estos dos antiguos estados soviéticos se intensificaron a finales de 2013 por un histórico acuerdo político y comercial con la Unión Europea y es que al ver que con la OTAN no había avances, Ucrania intentó impulsar la conexión con Occidente a través de un Acuerdo de Asociación con la UE.
En el verano de 2013, unos meses antes de la firma, Moscú ejerció una enorme presión económica sobre Kiev y obstaculizó las importaciones ucranianas.
Después de que el entonces presidente prorruso Víktor Yanukóvich suspendiera las conversaciones por presión de Moscú, durante semanas estallaron protestas violentas en Kyiv.
En ese contexto, el Gobierno del entonces presidente Yanukóvich, que ganó las elecciones en 2010, suspendió el acuerdo negociado. Yanukóvich desencadenó protestas de la oposición y huyó a Rusia en febrero de 2014.
El Kremlin aprovechó el vacío de poder en Kiev y en marzo de 2014, Rusia se anexionó Crimea, una península autónoma en el sur de Ucrania con fuertes lealtades rusas, con el pretexto de que estaba defendiendo sus intereses y los de los ciudadanos de habla rusa.
Fue un punto de inflexión, el comienzo de una guerra no declarada. Al mismo tiempo, las fuerzas militares rusas comenzaron a movilizarse en las cuencas mineras del Donbás, en el este de Ucrania. Se proclamaron “repúblicas populares” en Donetsk y Lugansk, con los rusos a la cabeza. El Gobierno de Kiev esperó hasta después de las elecciones presidenciales de mayo de 2014 antes de lanzar una gran ofensiva militar, a la que llamó “Operación antiterrorista”.
En junio de 2014, el recién elegido presidente de Ucrania, Petro Poroshenko, y Putin se reunieron por primera vez, con la mediación de Alemania y Francia, con motivo de las celebraciones del 70 aniversario del Día D en Normandía. Allí nació el llamado Cuarteto de Normandía (Francia, Alemania, Ucrania y Rusia).
En ese momento, el Ejército ucraniano pudo hacer retroceder a los separatistas, pero a finales de agosto, según Kiev, Rusia intervino militarmente y de manera masiva. Moscú lo negó. Las unidades ucranianas cerca de Ilovaisk, una ciudad al este de Donetsk, sufrieron una derrota. Fue otro punto de inflexión. La guerra en un frente amplio terminó en septiembre, con la firma del armisticio en Minsk.
Desde entonces, tiene lugar una guerra de trincheras. A principios de 2015, los separatistas volvieron a la ofensiva y, según Kiev, se desplegó nuevamente el Ejército ruso. Moscú también lo negó. Las fuerzas ucranianas sufrieron una segunda derrota, esta vez en la ciudad estratégica de Debaltsevo. En ese momento, se llegó al acuerdo de paz Minsk-2, con mediación occidental, pero este sigue sin cumplirse hasta hoy.
En otoño de 2019 se retiraron las respectivas tropas, pero Putin no quiere reunirse en persona con el presidente ucraniano Volodímir Zelenski porque, desde el punto de vista de Rusia, no está implementando los acuerdos de Minsk. Desde diciembre de 2021, Putin exige a EE. UU. que Ucrania nunca pase a formar parte de la OTAN y no reciba ayuda militar. Pero la OTAN ha rechazado esta demanda.
Actualmente tras meses de aumentos constantes de militares a lo largo de la frontera entre Rusia y Ucrania, Desde diciembre de 2021 se informó que las fuerzas rusas se desplegaron a lo largo de la frontera de Ucrania para llevar a cabo una invasión rápida e inmediata, incluida la construcción de líneas de suministro, como unidades médicas y combustible, que podrían sostener un conflicto, si Moscú decide invadir.
La Casa Blanca volvió a advertir este sábado 19 de febrero de la posibilidad de que Rusia ataque Ucrania “en cualquier momento”, justo cuando las tensiones entre Moscú y Occidente están en su punto más alto.
Psaki dijo que Biden ha sido informado sobre el contenido de la Conferencia de Seguridad de Múnich sobre la crisis en Ucrania en la que participan líderes occidentales, incluida la vicepresidenta estadounidense, Kamala Harris.
Los asesores de seguridad nacional de la Casa Blanca “reafirmaron que Rusia podría lanzar un ataque contra Ucrania en cualquier momento”, dijo Psaki.
Desde hace casi tres meses, Washington ha hecho sonar la alarma sobre los preparativos de una ofensiva rusa en Ucrania.
Biden dijo el viernes que, por primera vez, estaba “convencido” de que su homólogo ruso, Vladimir Putin, había decidido invadir Ucrania “en los próximos días”, y que el aumento de los enfrentamientos en la línea del frente en el este del país solo son una artimaña para justificar una ofensiva.
Hoy en día, 100 mil soldados rusos han permanecido reunidos en la frontera con Ucrania, a pesar de las advertencias del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y de los líderes europeos sobre las graves consecuencias si Putin sigue adelante con una invasión.
El Kremlin niega estar planeando un ataque y argumenta que el apoyo de la OTAN a Ucrania incluyendo el aumento de los suministros de armas y el entrenamiento militar constituye una amenaza creciente en el flanco occidental de Rusia.
Putin envía «tropas de paz» a Donbass tras reconocer su independencia
El Kremlin admite la relevancia de una decisión que aleja el diálogo y asume que la presión de Occidente «será ilimitada, pero sabemos resistir»
Tras anunciar ayer a través de las cámaras de televisión el reconocimiento de las autoproclamadas repúblicas de Donetsk y Lugansk (Donbass) como estados independientes, el presidente Vladímir Putin firmó al comienzo de esta madrugada un decreto ordenando al Ministerio de Defensa ruso «garantizar la paz» en ambos enclaves rebeldes enviando a sus territorios tropas rusas.
El decreto, publicado en la página web del Kremlin, consta de cinco puntos. En el primero, «de acuerdo con la voluntad de la población y el rechazo de Ucrania a resolver el conflicto de forma pacífica según los acuerdos de Minsk», las repúblicas de Donetsk y Lugansk son reconocidas como «estados soberanos e independientes». El segundo insta al Ministerio de Exteriores ruso a entablar conversaciones con las dos formaciones con el objetivo de establecer «relaciones diplomáticas».
El tercer punto dispone la preparación de un «proyecto de acuerdo con Donetsk y Lugansk de amistad, cooperación y ayuda mutua» para ser presentado a la firma a las partes. El cuarto apartado ordena el envío de «tropas de paz» a Donbass mientras no se firma el acuerdo referido en el punto tres. El quinto y último artículo señala que el decreto entró ayer en vigor.
Poco después, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, se dirigió a la Nación para acusar a Rusia de «violar la integridad territorial» del país y comunicar que ha convocado una reunión extraordinaria de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) y solicitado la celebración de una cumbre del llamado Grupo de Normandía (Alemania, Francia, Rusia y Ucrania) para abordar la situación. La OSCE y la ONU ya han condenado las medidas de Putin mientras que Estados Unidos recomienda a Zelenski que abandone Kiev y se traslade a Lviv, en el extremo oeste del país, por razones de seguridad.
Putin explicó en su discurso de ayer que «la Ucrania moderna fue creada en su totalidad por la Rusia bolchevique». Llamó a Lenin «autor y arquitecto de Ucrania» y recordó que el país vecino se vio entonces beneficiado por «regalos al nacionalismo ucraniano de territorios históricamente pertenecientes a Rusia» como, según él, el caso de Donbass, que fue «incorporado a Ucrania a empellones».
Después reiteró que la revuelta del Maidán, que culminó en febrero de 2014, fue un «golpe de Estado sangriento» orquestado por Occidente que, a su juicio, «no trajo la democracia» y denunció una vez más la amenaza que para Rusia supondría que Ucrania entrara a formar parte de la OTAN. Putin volvió a acusar a los dirigentes ucranianos de negarse a cumplir los acuerdos de Minsk y les acusó de crear la «crítica» situación reinante en el momento actual en Donbass por culpa de sus acciones armadas.
Los cabecillas de las dos repúblicas separatistas de Donbass, Denís Pushilin de Donetsk, y Leonid Pásechnik de Lugansk, habían solicitado horas antes al presidente ruso el reconocimiento de sus respectivos territorios como independientes y suscribir con ellos sendos acuerdos de cooperación militar. Igual que hizo Moscú en 2008 en relación con las dos provincias secesionistas georgianas de Abjasia y Osetia del Sur, en las que inmediatamente fue desplegado el Ejército ruso. Parecido fue el procedimiento con el que Moscú se anexionó Crimea en 2014.
Así que, como si se tratara de un guión teatral perfectamente coordinado, el Consejo de Seguridad de Putin se reunió después para presuntamente «estudiar» la petición de los líderes separatistas. La parte abierta de la sesión de este órgano presidencial se retransmitió en directo, lo que da idea de la magnitud del gesto propagandístico desplegado para justificar una decisión oficial agravará todavía más las tensiones con Ucrania y con Occidente.
En las alocuciones, el más explícito fue el expresidente ruso y exjefe del Gobierno, Dmitri Medvédev, quien señaló que «sabemos lo que pasará si se reconoce a las autoproclamadas repúblicas de Donetsk y Lugansk: la presión será ilimitada, pero sabemos resistir». Según su opinión, «Occidente pedirá volver al diálogo sobre seguridad estratégica tras algún tiempo si Rusia reconoce Donbass, como sucedió después de 2008» con Osetia del Sur y Abjasia.
Las claves actuales:
- Hoja de ruta. Según piden los rebeldes, los siguientes pasos serían la firma de acuerdos militares y llevar tropas rusas a Donetsk y Lugansk
- Declaración solemne. El mandatario escenificó una reunión del Consejo de Seguridad para realizar su anuncio en televisión
- Diplomacia frustada. El inesperado giro se produjo horas después de que Macron tejiera una cumbre Putin-Biden
Por su parte, la presidenta del Consejo de la Federación (Cámara alta del Parlamento ruso), Valentina Matbiyenko, afirmó que «la amenaza de sanciones es algo doloroso y desagradable, pero ha llegado el momento de tomar una decisión que no se puede seguir posponiendo». Según ella, «los habitantes de Donetsk y Lugansk se han convertido en rehenes de un proyecto occidental para enfrentar a dos pueblos eslavos hermanos», rusos y ucranianos.
Dmitri Kózak, miembro de la Administración del Kremlin y representante de Rusia en el llamado grupo de contacto que negocia la aplicación de los acuerdos de Minsk, dijo que «Ucrania y sus aliados occidentales no necesitan Donbass en ninguna circunstancia». Según él, «las negociaciones de los acuerdos de Minsk están en nivel cero desde 2015».
Hace justo una semana, la Duma (Cámara Baja del órgano legislativo ruso) aprobó por aplastante mayoría una resolución instando a Putin a reconocer Donetsk y Lugansk como Estados independientes. De cara a su posible ulterior anexión o convertirlas en protectorados rusos. Ese mismo día, el máximo dirigente ruso calificó de «genocidio» la actuación del Ejército ucraniano en Donbass.
Que la ONU intervenga
Putin puso ayer al corriente por teléfono de la decisión de reconocer Donetsk y Lugansk a su homólogo francés, Emmanuel Macron, y también al canciller alemán, Olaf Scholz, quienes le advirtieron que eso era una «ruptura unilateral» de los acuerdos de Minsk. Por ello, la cumbre prevista entre Putin y el presidente estadounidense, Joe Biden -que, según Macron, debería ser pronto-, muy probablemente se truncará al final.
El propio portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, dijo al respecto que «todavía no hay planes concretos sobre un posible encuentro entre presidentes». A su juicio, «ahora se entiende que los contactos entre la Federación Rusa y los Estados Unidos continuarán a nivel de ministros de Exteriores», Serguéi Lavrov y Antony Blinken, que prevén reunirse este jueves en Ginebra, aunque también está por ver si esta cita llegará a celebrarse.
- UU. anunció ayer sanciones contra las regiones separatistas de Ucrania y advirtió que más medidas estaban listas de ser necesario. Biden emitirá una orden ejecutiva para «prohibir nuevas inversiones, comercio y financiamiento de estadounidenses desde, hacia o en» Donetsk y Lugansk.
A su vez, Macron pidió una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU y la adopción de sanciones europeas selectivas contra Rusia. Su secretario general, António Guterres, tachó la decisión de Moscú de «violación de la soberanía de Ucrania que va en contra de los principios de la Carta de las Naciones Unidas».
El representante de Rusia ante el Consejo de Seguridad de la ONU, Vassily Nebenzia, ha dicho este martes en una sesión extraordinaria que su país “no quiere un baño de sangre en Donbás” y ha asegurado que hay “un pánico infundado a la invasión de Ucrania” en los países occidentales.
“Seguimos abiertos a la diplomacia, a una solución diplomática. Sin embargo, no tenemos intención de permitir un baño de sangre en Donbass”, ha subrayado durante el encuentro, convocado por Occidente ante el desafío ruso a la comunidad internacional con el envío de tropas al este de Ucrania para “garantizar la paz” en Donetsk y Lugansk, que ha reconocido como territorios independientes.
Nebenzia ha manifestado que el este de Ucrania ha estado al borde de una nueva “aventura militar ucraniana” que Rusia no podía permitir y ha sugerido a las potencias occidentales que “se lo piensen dos veces” y no empeoren la situación.
Por su parte, el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, ha asegurado que el país “no tiene miedo de nada ni de nadie” y ha pedido a Occidente un apoyo “claro” y “efectivo” tras la “violación de la soberanía” de Rusia.
La Unión Europea, Estados Unidos y la OTAN han anunciado sanciones por lo que consideran una “violación flagrante” del derecho internacional, la soberanía de Ucrania y los acuerdos de Minsk.
Ucrania sigue considerando las regiones de Donetsk y Lugansk, incluido las zonas controladas por los separatistas prorrusos, parte de su territorio, ha asegurado Oleksii Danílov, secretario del Consejo de Defensa y Seguridad Nacional, y seguirá cumpliendo “sus obligaciones” con “todos los habitantes” de este territorio. El conflicto ha entrado en una nueva fase.
