Por: José Luis Ramírez
Lo que mal empieza mal acaba, así reza una frase de la sabiduría popular. Abordar un conflicto entre el alcalde y su secretario del Ayuntamiento, a estas alturas, resulta incómodo pero necesario. La composición de este gobierno tiene antecedentes que los celayenses deben saber para entender el fondo del problema y las repercusiones que tendrá en su vida cotidiana.
La historia comienza con la designación de Gisela Gaytán como candidata a la presidencia municipal, la integración de la planilla y las presiones de quienes se sentían merecedores de estar en ella. Obviaré algunas partes, pero habría que decir que Daniel Nieto no estaba en la planilla por una razón: no tenía peso político, aunque sí el antecedente de haber estado involucrado en la gresca política en el mercado Morelos. Los principales instigadores eran de su equipo político (los videos que se tomaron ese día así lo muestran). Irónicamente, en ese sitio se encontraban almorzando con ella Juan Miguel Ramírez, Alma Alcaraz y el malhablado Fernández Noroña.
La planilla del cambio.
El día del registro de la planilla de Gisela, la disputa por la cuarta regiduría era entre Nieto y Miguel Villanueva, que contaba con el apoyo de Emmanuel Reyes, quien, desde su posición en la Comisión Nacional de Elecciones, había apoyado a Gisela, anticipando su candidatura. Finalmente se resolvió el diferendo: Daniel, el travieso Daniel, quedó fuera. La planilla registrada ante el IEEG era inamovible, salvo por renuncia voluntaria y expresa de los integrantes.
Tras el asesinato de Gisela Gaytán, quien ocuparía su lugar, a pesar de todos los impedimentos legales señalados por el IEEG, fue Juan Miguel Ramírez, apoyado en los tribunales por el equipo legal de Ricardo Sheffield. Los dos candidatos a síndicos, abogados muy cercanos a Gisela, renunciaron inexplicablemente. El resto del equipo de Gisela permanecería en la planilla para disputar las regidurías: Laura Benítez, Selene Hernández y Adrián Caracheo.
Las sindicaturas: sitios de absoluta confianza y apoyo a la alcaldía
Una de las sindicaturas la ocuparía Gloria Balderas y, por ende, tiempo después la presidencia de la Comisión de Hacienda, Patrimonio y Cuenta Pública, la de mayor importancia porque se ocupa de vigilar cuánto dinero ingresa, cómo se gasta, qué patrimonio se conserva y bajo qué condiciones se utilizan los bienes municipales.
La otra sindicatura, extrañamente, la ocuparía Nieto Martínez. Como síndico presidiría la Comisión de Gobierno, Reglamentos y Justicia Municipal, una posición clave porque sus decisiones influyen directamente en la forma de gobernar, en cómo se administran los servicios, se regula el comercio, se aplica la justicia cívica y se protegen los derechos de la ciudadanía.
Lo inesperado fue el salto inmediato de Nieto, de la Sindicatura a la Secretaría del Ayuntamiento. En su lugar se quedaría Francisco Torres, integrante del equipo original de Gisela Gaytán. La posición a la que brincaba Nieto, en términos políticos, es la segunda en importancia, después de la alcaldía.
¿Por qué cambiar la sindicatura por la Secretaría del Ayuntamiento?
La Secretaría del Ayuntamiento de Celaya es la figura encargada de garantizar la gobernabilidad municipal, coordinar la administración pública y servir como enlace institucional entre el Cabildo, la Presidencia y la ciudadanía. Es el área de absoluta confianza de cualquier alcalde para enfrentar, conciliar, consensuar y orientar líneas de acción política. El salario, 75 mil pesos.
Al paso de los años, se ha convertido en una supersecretaría con poderes jerárquicos, que muchas veces no tienen conexión administrativa, pero que dan mucho poder. De manera directa, supervisa la Coordinación del Archivo General Municipal;encabeza la Dirección Jurídica, asesorando al Ayuntamiento en asuntos legales y normativos; supervisa la Dirección General de Movilidad y Transporte, regulando concesiones, permisos y el ordenamiento vial; administra la Oficina de Enlace con la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE). Supervisa la Unidad de Transparencia Municipalque atiende las solicitudes de acceso a la información pública y la protección de datos personales.
Más: coordina el Juzgado Administrativo Municipal, la Dirección de Justicia Cívica. Y la punta del conflicto que ocupó la atención de los medios de comunicación: la Coordinación de delegados rurales y comités de agua rural. De los resultados en todas estas áreas, no diré nada porque están a la vista.
El poder del secretario del Ayuntamiento es vasto. De sus decisiones dependen los empleos y la suerte de los directores de área y su personal, así como el control y uso de espacios de gestión administrativa para crear extraoficialmente vínculos de interés, estructuras políticas y redes de lealtad al proyecto político de su jefe, el alcalde. En este caso, para él.
«El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente».
La frase anterior, acuñada en 1887 por el historiador británico Lord Acton, bien podría caber en esta reflexión. Al abrirse el proceso de selección de los defensores de la soberanía nacional y de la Cuarta Transformación, otra vez sorprendió que el secretario del Ayuntamiento, Nieto Martínez, se inscribiera para ser coordinador distrital de la defensa de la Transformación y de la soberanía nacional (distrito federal 12), solicitando permiso al Ayuntamiento para realizar campaña interna.
Días después fue al límite: se inscribió también para coordinar la defensa municipal de la Transformación y de la soberanía nacional, que a la postre lo perfilara como aspirante a la alcaldía. Su inscripción resonó porque la diputada local, Edith Moreno, su esposa, en ejercicio de su derecho, también se postularía con la misma intención. Desde luego, su aspiración a ser nombrado en algún momento del proceso como candidato a la alcaldía debió ser consensuada con el propio alcalde, o bien, como todo lo indica, pasarlo por alto para competir por su puesto y evitarle la reelección.
Las comunidades rurales: la carne de cañón.
Es sabido que la promoción personal del servidor público, Nieto Martínez, era sistemática desde un área sensible, la coordinación de las delegaciones rurales, en donde el responsable era el encargado del trabajo gráfico de sus anteriores propósitos electorales:Gerardo Álvarez, de cuyas andanzas queda en la memoria publica, la protesta en contra de Gisela Gaytán en el mercado Morelos.
Su despido por el alcalde Ramírez, por la presunción del uso de recursos públicos para la promoción de las campañas de Daniel Nieto y Edith Moreno, destaparon el conflicto que ya existía entre ellos. Las declaraciones posteriores, del ahora exempleado municipal, tienen interrogantes que deben ser aclaradas. Si son ciertas sus afirmaciones, debería presentar su denuncia ante la Fiscalía Estatal y las pruebas de sus dichos. Igualmente, tendría que presentar las listas que menciona, y explicar por qué fueron creadas en el marco de su desempeño como servidor público, y la razón para ocultarlas.
Con respecto a las graves amenazas que deduce a raíz de una reunión anterior, los testigos presenciales que dieron cuenta de esa discusión entre Nieto Martínez y los Ramírez —padre e hijo— por el uso de los recursos municipales para el apoyo a sus campañas, podrían confirmar o desmentir sus dichos. Todo el enredo huele mal, por supuesto, en ambos lados. La Fiscalía Estatal podría dilucidarlo si ambos presentan sus denuncias, porque las acusaciones mutuas son graves. Están obligados porque no es un pleito personal.
Para nadie es desconocido que las delegaciones rurales viven un estado de vulnerabilidad indignante; que la designación de los delegados de las comunidades, los encargados de los comités de agua, los consejos comunitarios y los presidentes de los comités de colonos se da en medio de rivalidades internas para favorecer preferencias electorales. La movilización en defensa de Gerardo Álvarez, y no en el reclamo por las condiciones de atraso y marginación que viven sus comunidades, fue prueba de ello.
Emmanuel y Sheffield, del dedazo a la disputa territorial.
La declaración de Emmanuel Reyes, a raíz de estos acontecimientos, viste de cuerpo entero la lucha interna entre los grupos de poder de Morena: “Las personas trabajadoras despedidas cuentan con mi respaldo”. Viniendo de Emmanuel, ese respaldo es político y personal, no de la institución, que debiera considerar esos desplantes como un acto fuera de lugar. Este alcalde ha despedido a más de mil trabajadores y ha creado un estado de indefensión laboral, que el ciudadano Reyes jamás ha denunciado.
Hoy la pelea por la sucesión es el motivo del diferendo: por un lado, la reelección del alcalde con el apoyo de Sheffield; por otro lado, la aspiración a sucederlo de Nieto Martínez y Edith Moreno, trabajando codo a codo con el apoyo de Reyes Carmona. Dos cabezas de grupos regionales, que ya no cuentan con la interlocución de la que gozaban en la Dirección Nacional de Morena. Pese a ello, Reyes Carmona, ha expresado de forma impropia apoyos para las candidaturas a las alcaldías de Celaya, León y la capital del estado.
Todos tienen gallos pasando por encima de los principios de morena, que son muy claros: el desempeño de los cargos públicos debe ser visto como una oportunidad para servir y procurar el bien de las y los demás, no como un medio para la consecución de objetivos personales, de facción o de grupo.
Las pretensiones personales en medio de esta falta de ética en el ejercicio de la responsabilidad pública y política con el electorado, revela que las posibilidades de obtener la candidatura municipal, con este y otros escándalos que vendrán, como dijera mi querido Eliot, los alejan más de Dios, y los acercan más al polvo.
La confianza perdida y la legitimidad extraviada.
Más allá de ese escenario incivilizado, a los celayenses nos quedan varias preguntas: después de este choque y la pérdida de confianza en el secretario del Ayuntamiento, ¿el alcalde lo sustituirá y nombrará a otra persona con los atributos que requiere el puesto? ¿Desmantelará la estructura administrativa que le rinde lealtad y favor a Nieto Martínez? ¿Acordarán tapar las aberturas del drenaje político?
En diciembre, si no logra la coordinación distrital o municipal, y si los agravios mutuos no se concilian, el ciudadano Nieto tendría que dejar la Secretaría del Ayuntamiento, e incorporarse a su puesto de Síndico,con su modesto sueldo de 65 mil pesos mensuales. Entonces, el ciudadano Torres, su síndico suplente, tendría que regresar a su plaza de profesor o a otra posición administrativa. Todo eso es posible, salvo que la confianza y la legitimidad del gobierno quedará extraviada.
Finalmente, tres preguntas al aire: ¿Les importará que la ciudad siga de cabeza, con la desilusión tocando el piso? ¿Castigarán los ciudadanos a estos personajes de la incongruencia y el desatino en la elección municipal? ¿Cuál será el daño económico para el municipio derivado de este conflicto de poder? Eso lo sabremos pronto.
REVOLCADERO. Ironías de la vida: al alcalde, se le hunde el barco. En su círculo cercano de representantes populares se rebelan para sucederlo: Daniel Nieto, Liliana Celedón, Miguel Villanueva, Antonio Chaurand, Edith Moreno. Le pagan con la misma moneda.


