Opinión

Ara Morales: saber para servir

Hay quien llega al activismo por indignación y se queda por costumbre. Hay quien lo usa de trampolín. Y hay, menos, quien llega porque tiene herramientas y siente que guardárselas sería una forma de egoísmo. A esa última especie pertenece Ma. Araceli Morales Mancera, Ara Morales para Celaya.

Ingeniera en sistemas, maestra en ciencias, maestra en docencia, candidata a doctora. Quince años frente a un pizarrón enseñando matemáticas. Con ese equipaje pudo haberse quedado en el aula o en la consultoría, que también ejerce. Eligió otra cosa: hacer de su preparación un servicio público. En ella el activismo no es pasatiempo ni pose; es la forma que encontró para que lo que sabe le sirva a alguien.

Hoy está inscrita en el registro que abrió Morena para la Coordinación municipal de los Comités de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional. No es un cargo ni promete uno. Es una distinción política abierta a toda la militancia, y se gana de una sola manera: demostrando que se tienen los atributos para cargar con una responsabilidad cívica, moral y ética. Vale la pena, entonces, revisar los atributos.

Lo que no se ve en la foto

Lo visible de Ara Morales es la marcha, el megáfono, la firma recabada en el Jardín Principal, la despensa entregada a domicilio. Lo que no sale en la foto es lo que sostiene todo eso: una formación técnica que le enseñó a diagnosticar antes de opinar, a planear antes de exigir y a medir antes de presumir.

El Tecnológico de Celaya le dio la ingeniería en sistemas y la maestría en ciencias en ingeniería administrativa. La UTEC, la maestría en docencia. Unitesba la tiene como candidata a doctora en alta dirección. Y quince años de clases de matemáticas le dejaron una disciplina que se nota en todo lo que hace: los problemas se plantean, se resuelven y se comprueban.

Por eso su activismo tiene método. Cuando habla del agua de la zona norte, habla de flúor y arsénico. Cuando habla de los ladrilleros de San Miguel Octopan, propone un parque ladrillero que dé empleo estable y enferme menos. Cuando cuenta lo que ha hecho, lo cuenta en unidades: 8,500 firmas, 13 toneladas de alimentos, 70 árboles, más de 2,000 perros y gatos adoptados. La investigadora y asesora en planeación que es de día no se queda en casa cuando sale a la calle.

Esa misma base es la que hoy la tiene al frente de Egretec, la Asociación de Egresados del Tec de Celaya, que agrupa a más de 21 mil profesionistas. Desde ahí tiende puentes entre la empresa y el gobierno con una idea que repite: desarrollo económico con bienestar compartido.


De la calle a la boleta

Su escuela cívica tiene nombre: Alianza Ciudadana Celayense, la asociación civil nacida en 2018 de la que es consejera fundadora y hoy presidenta del Consejo. Desde ahí ha hecho casi todo.

En octubre de 2019, Alianza Ciudadana plantó una mesa en el Jardín Principal y en cuatro meses juntó más de 8,500 firmas para pedir al Congreso del Estado la revocación de mandato de la alcaldesa panista Elvira Paniagua. El 18 de febrero de 2020 la mayoría panista la desechó por 26 votos contra 8. El dictamen venía de la Comisión de Gobernación y Puntos Constitucionales, que presidía Libia Dennise García Muñoz Ledo, hoy gobernadora del estado: dijo no desconocer lo que se vivía en Celaya, pero que no se acreditaban violaciones “graves y reiteradas” a la ley (Milenio).

Aun así, el intento quedó como uno de los ejercicios ciudadanos más importantes del país en torno a la revocación de mandato. Y dejó una lección: la protesta también se puede hacer por la vía formal, con expediente y acuse de recibo, aunque del otro lado la decisión sea política.

Luego vino la pandemia, y con ella otra faceta. De marzo a septiembre de 2020 su equipo repartió 13 toneladas de alimentos casa por casa, sobre todo a familias con adultos mayores y niños. Organizó festivales en línea con regalos a domicilio, programas de apoyo psicológico y tanatológico, comida caliente en comunidades vulnerables, y gestionó que no se cortara el agua mientras el virus circulaba.

En diciembre de 2020 dio el paso a la boleta. Recabó 4,500 firmas para una candidatura independiente, y cuando la pandemia hizo imposible completar el proceso, cinco partidos la buscaron. Aceptó ser candidata ciudadana a la presidencia municipal por Nueva Alianza en 2021. El partido la dejó sola después de la presentación: sin recursos, sin respaldo. Hizo campaña con lo que tenía, que era su asociación.

Nada de eso la sacó de las causas. De 2021 a 2024 se inscribió como ciudadana voluntaria en COPLADEM, el organismo de planeación del desarrollo municipal, y en su Comisión de Salud logró que se priorizaran plantas potabilizadoras para más de 50,000 habitantes de San Juan de la Vega, Plancarte, Tenería del Santuario y San Miguel Octopan. Ha marchado cada 8 de marzo desde 2020 con los colectivos feministas, capacitó a mujeres contra el acoso, acompañó la primera Marcha contra la Homofobia en Celaya y la mayor marcha contra el maltrato animal que ha visto la ciudad. Y cada tanto vuelve a Bosques del Sol, donde un basurero lo convirtió en parque, a sembrar otra vez.

Veintiún días por escrito

En 2024 apoyó desde enero la candidatura de Claudia Sheinbaum. En febrero se registró como aspirante a coordinar la defensa de la transformación en Celaya, la única mujer en hacerlo; una encuesta de Rubrum la midió con 29.2% de las preferencias. No fue la candidata. Hizo campaña en primera línea por quien lo fue, recorrió colonias como Fovissste y Los Olivos y comunidades como San Juan de la Vega y San Miguel Octopan, y tras la jornada fue la voz que anunció en vivo el triunfo del nuevo alcalde.

Vino entonces la tarea para la que su formación parecía hecha. De junio a octubre coordinó, desde Alianza Ciudadana, a un equipo de 50 personas que hizo el análisis FODA de las 24 direcciones municipales. Co-dirigió el Plan de los primeros 100 días y las líneas del Programa de Gobierno, y capacitó a 12 de los nuevos directores para que llegaran sabiendo que recibían.

El 10 de octubre la nombraron Oficial Mayor. El 31 la despidieron. En esos 21 días reordenó los procesos administrativos y condujo la baja legal y pacífica de 135 elementos de la policía municipal. La razón del despido, según cuenta, fue haber pedido que toda gestión se hiciera por escrito. El alcalde dijo que “era buena para algunas cosas y para otras no”. La prensa local lo registró como lo que fue: una decisión difícil de explicar.

Visto desde su biografía, el episodio no sorprende. Quien pasó quince años pidiendo a sus alumnos que mostraran el procedimiento no iba a renunciar a pedirlo en una oficina pública. No fue terquedad, fue coherencia. Y le costó el cargo.


Personas y proyecto

Lo lógico, para muchos, habría sido el resentimiento. Ara Morales hizo lo contrario: cinco meses después del despido, el 8 de marzo de 2025, se afilió a Morena. La aparente contradicción se resuelve con una distinción que ella sostiene sin titubeos. La corrupción, la ineficiencia o la incapacidad de gobernar son responsabilidad de las personas; la doctrina política y el proyecto de nación son otra cosa. No se apoya a quien comete errores. Se apoya un proyecto de nación en favor del pueblo de México.

Esa misma línea sostiene su voz pública. Desde 2023 forma parte del Consejo Editorial de Residente, y su columna, “Palabras Libres”, circula en Residente, Reporte Bajío, El Diario del Centro y otros medios de la región. Ahí defiende los logros de la Cuarta Transformación y de la presidenta Sheinbaum, pero también escribe sobre feminicidios (“¡ALERTA! NOS ESTAN MATANDO”), sobre la libertad de prensa (“¡RESPETO! LA PRENSA NO SE TOCA”), sobre el acoso en el transporte público y en las aulas, sobre el humo de los hornos de Octopan y sobre el matrimonio infantil. Es una columna de denuncia escrita por alguien que, además, sabe leer un presupuesto.

La Coordinación a la que hoy aspira no le dará un sueldo ni una oficina. Le dará, si la obtiene, una responsabilidad: organizar a la base, defender el proyecto y la soberanía nacional, y hacerlo con la misma ética que exige a otros. Su trayectoria dice que sabe trabajar sin cargo, sin recursos y sin aplausos. También dice que lo hace con cuidado: por razones de seguridad personal, su participación en las jornadas es acotada, en una ciudad donde la violencia que ella misma denunció sigue presente.


La utilidad como vocación

En tiempos en que la política se llena de sueños y burbujas, el perfil de Ara Morales va a contracorriente. No es una política que descubrió las causas para hacerse de una carrera. Es una profesionista que descubrió que su saber valía más fuera del aula, y que lleva siete años demostrándolo en la calle, en las comisiones ciudadanas, en las páginas de un periódico y, por tres semanas, dentro del gobierno.

Sus retos están a la vista: convertir redes de colectivos y simpatizantes en estructura territorial, traducir el rigor técnico a un lenguaje que movilice y hacer de una militancia joven una militancia con peso. Pero el atributo que el movimiento dice buscar, la responsabilidad cívica, moral y ética, no tiene que inventarlo. Lo trae documentado.

Usted podría preguntarse si Ara Morales tiene trayectoria, si tiene vocación social, principios y la valentía para defender el derecho del pueblo a elegir su propio gobierno. La respuesta está por escrito.

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