Opinión

EL VOTO DE LAS MUJERES TRANSFORMÓ AL MUNDO

Por: Ara Morales

Ninguna transformación social es de un día para otro. A 235 años de la Declaración de los Derechos de la Mujer de Olympe de Gouges (1791), en Guanajuato tenemos a la primera gobernadora de Guanajuato (2024), y a la primera presidenta de los Estados Unidos Mexicanos.

Estas letras son un homenaje a las mujeres que exigieron votar cuando la ley no las consideraba ciudadanas. También a las que ganaron elecciones que no les reconocieron, y a las que hoy ocupan cargos que sus abuelas no podían ni votar. Un reconocimiento especial a la actual Senadora MaluMicher, que fue un parteaguas en la participación política de la mujer guanajuatense en el siglo XXI.

Cada derecho ganado por las mujeres deja al descubierto un siguiente obstáculo, y cada obstáculo provocó una nueva regla. En 235 años se repite el mismo ciclo: exigencia, concesión parcial, simulación o retroceso, y reglas más estrictas, pero las mujeres resistimos, persistimos y somos resilientes como las palmeras: nos doblamos, pero no nos quebramos.

La exclusión fundacional (1791–1917)

Las revoluciones liberales crearon la figura del ciudadano, pero la definieron en masculino. En 1848 Francia llamó “universal” a un sufragio solo de hombres. En México, la Constitución de 1917 fue pionera en derechos sociales (artículos 27 y 123), pero el artículo 34 dijo “todos los que…” y se leyó como “todos los hombres”.

Olympe de Gouges en 1791 y Hermila Galindo entre1916 y 1917 señalaron lo mismo: una revolución que se dice universal y excluye a la mitad de la población. El Constituyente de Querétaro rechazó la petición de Galindo. Con eso quedó claro que el derecho al voto no llegaría solo, como consecuencia de la revolución, sino que habría que conquistarlo.

La exclusión de 1917 definió en México el campo de batalla de las siguientes cuatro décadas: reformar el artículo, el 34 de la Constitución.

Los laboratorios locales (1916–1927)

Yucatán, con los gobiernos de Salvador Alvarado y Felipe Carrillo Puerto, se volvió el laboratorio del país. Ahí se celebró el Primer Congreso Feminista (1916) y ahí llegaron Rosa Torre González al cabildo de Mérida (1922) y Elvia Carrillo Puerto, Beatriz Peniche y Raquel Dzib Cicero al Congreso local (1923). San Luis Potosí (1923), Chiapas y Tabasco (1925) también reconocieron el voto femenino.

Se comprobó que las mujeres podían ganar elecciones y ejercer cargos. Pero también mostraron la fragilidad de un derecho que depende de un gobernante. Tras el asesinato de Felipe Carrillo Puerto en 1924, las diputadas yucatecas dejaron sus cargos. San Luis Potosí derogó su decreto en 1926, y Chiapas y Tabasco hicieron lo mismo poco después.

De esta etapa salió una lección: un derecho que depende del gobernante en turno puede revocarse. Por eso la exigencia se trasladó de los estados a la Constitución Federal.

La movilización de las mujeres y la frustración (1935–1940)

En pleno cardenismo, el Frente Único Pro Derechos de la Mujer (1935), de “Cuca” García y Esther Chapa, convirtió la demanda en movimiento nacional. Cárdenas envió la reforma al artículo 34 en 1937, y aunque el Congreso y varias legislaturas estatales la aprobaron, nunca se publicó. Ese mismo año nació en León, Guanajuato, el sinarquismo, un movimiento católico y conservador de masas.

Es la derrota más reveladora de la historia del voto femenino en México: el derecho estaba aprobado y aun así no entró en vigor. La explicación más citada por los historiadores es el temor del partido oficial a que las mujeres votaran por opciones conservadoras o influidas por la Iglesia, en vísperas de la sucesión de 1940. Guanajuato, cuna del sinarquismo, era el ejemplo de ese temor.

Esta etapa nos enseñó que una reforma aprobada no basta: hace falta que se publique y se cumpla. También explica por qué el voto llegó después como concesión controlada desde la cúpula del gobierno, y no como triunfo del movimiento.

La concesión gradual desde el régimen (1947–1955)

La posguerra cambió el ambiente internacional. La Carta de la ONU (1945) proclamó la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, y la Convención Interamericana sobre la Concesión de los Derechos Políticos a la Mujer (Bogotá, 1948) puso en evidencia el rezago de México. El partido hegemónico necesitaba legitimidad y nuevos electores.

El régimen eligió un camino gradual. En 1947 concedió el voto municipal, el nivel considerado de menor riesgo. En 1953, tras el compromiso de campaña de Ruiz Cortines con la Asamblea Nacional Femenil, reformó el artículo 34 constitucional. El voto llegó con beneplácito del gobierno, pero detrás había cuatro décadas de exigencia y lucha sin tregua de las mujeres mexicanas.

El voto municipal de 1947 se tradujo pronto en Guanajuato: Virginia Soto Rodríguez fue alcaldesa de Dolores Hidalgo en 1958. De esta manera el Ayuntamiento, fue la primera puerta que se abrió a las mujeres, y también el primer cargo que ocupó una guanajuatense. La reforma de 1953 abrió el Congreso: Virginia Soto llegó a diputada federal en 1961 y Margarita Solís Rangel al Congreso Local en 1965.

Igualdad en la ley, ausencia en el poder (1955–1990)

Con el voto conquistado, la presencia de mujeres siguió siendo excepcional. En 1974, en vísperas de la Conferencia Mundial del Año Internacional de la Mujer celebrada en la Ciudad de México (1975), se reformó el artículo 4 para declarar iguales ante la ley a la mujer y al hombre. México ratificó en 1981 la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW).

Esta etapa mostró la brecha entre el derecho formal y el acceso real. Las mujeres podían votar y ser votadas, pero los partidos casi no las postulaban en lugares ganables. En Guanajuato pasaron 35 años entre la primera diputada local, Margarita Solís Rangel(1965) y la primera senadora. Filomena MargaizRamírez (2000).

La brecha entre la igualdad legal y la ausencia en el poder justificó el paso siguiente: obligar a los partidos mediante cuotas.

Las cuotas y sus trampas (1993–2011)

La ley electoral avanzó por pasos. En 1993 recomendó a los partidos postular mujeres; en 1996 limitó al 70% las candidaturas de un solo género; en 2002 hizo obligatoria la cuota con sanciones, y en 2008 la elevó a 40/60.

Cada regla encontró su forma de evasión. La más conocida fue el caso de las “Juanitas” en 2009: diputadas electas que pidieron licencia para cederle el cargo a su suplente hombre. La respuesta llegó en 2011, cuando el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (sentencia SUP-JDC-12624/2011) obligó a que propietaria y suplente fueran del mismo género.

Esa regla sigue viva en los 46 ayuntamientos de Guanajuato. Para la realización de este artículo, pude verificar el género de cada síndica y regidora a partir de su suplente. Sin las “Juanitas” no existiría esa garantía.

De la cuota a la paridad de género (2014–2021)

La reforma del 10 de febrero de 2014 pasó de la cuotade genero a la paridad en las candidaturas legislativas. Los tribunales la extendieron a los ayuntamientos con dos criterios: paridad vertical, que alterna mujer y hombre dentro de cada planilla, y horizontal, que reparte las presidencias municipales entre ambos sexos. La reforma “Paridad en Todo” del 6 de junio de 2019 llevó el principio a los tres poderes y a los tres órdenes de gobierno. La reforma del 13 de abril de 2020 tipificó la violencia política contra las mujeres en razón de género.

Por primera vez la regla no fijaba un mínimo, sino una igualdad. Los resultados fueron inmediatos: Congreso local paritario en 2021 (18 y 18), mayoría de regidoras y síndicas en los ayuntamientos y, en 2024, la primera gobernadora y el primer Congreso Local con mayoría de mujeres.

La alternancia vertical explica porque en 14 municipiosde nuestro estado, gobierna una presidenta, la primera sindicatura la ocupa un hombre. La regla que abrió el cabildo a las mujeres también organiza cómo se reparte.

La frontera actual (2024–2026).

La paridad llegó a los órganos colegiados: Congreso, cabildos, listas. Pero en los cargos de una sola persona el avance se detuvo: Guanajuato tiene 14 alcaldesas, igual que en 2021, entre los 46 municipios. El 1 de abril de 2024, Gisela Gaytán Gutiérrez, candidata a la presidencia municipal de Celaya, fue asesinada en un acto de campaña. Así las expresiones más crueles, también detienen el avance de las mujeres.

El IEEG intentó resolver el estancamiento con una acción afirmativa: reservar 13 alcaldías para candidatas en 2027. El Tribunal Estatal Electoral la revocó el 15 de octubre de 2026. La discusión de fondo es la misma de cada etapa: hasta dónde debe llegar la regla cuando la voluntad de los partidos no basta.

El ciclo vuelve a empezar: hay un derecho reconocido, la paridad, una barrera a las candidaturas a alcaldías y, una nueva regla en disputa. Pero, la violencia política en contra de las mujeres es la forma más grave y sutil para cerrarles el paso.

México frente al mundo, y un homenaje.

México concedió el voto federal tarde, pero hoy supera en mujeres legisladoras a Francia, el Reino Unido y Estados Unidos, porque escribió la paridad en nuestraConstitución.

En Inglaterra, Estados Unidos y Francia, el voto se arrancó al Estado tras décadas de cárcel, juicios y vetos parlamentarios. En México lo concedieron, por reforma constitucional, gobiernos de un partido hegemónico. Pero detrás había 40 años de candidatas desconocidas, huelgas de hambre y decretos derogados. Y en la paridad el orden se invierte: México, que llegó tarde al voto, llegó primero a la igualdad en las cámaras.

Homenaje

De Olympe de Gouges a Libia Dennise García, de Hermila Galindo a Claudia Sheinbaum, la historia de las mujeres en la política mexicana es la historia de una resistencia que abrió las puertas cerradas de ladignidad.

En Guanajuato, el camino comenzó con Virginia Soto Rodríguez, presidenta municipal de Dolores Hidalgo en 1958, y llega hoy a las 14 alcaldesas, 36 síndicas municipales y 416 regidoras que ejercen la representación política de las mujeres y del pueblo que abrió los ojos al futuro.

Malú Micher, Kikis Magaña, senadoras de la república, 7 diputadas federales y 19 de 36 diputadas locales son cosecha de la lucha de Rosa Torre, Elvia Carrillo Puerto, Beatriz Peniche y Raquel Dzib, quienes ocuparon cargos con toda dignidad y valentía cuando la Constitución aún no las reconocía como ciudadanas.

Son también cosecha de la persistencia de “Cuca” García, que ganó en Uruapan en 1937 y fue despojada de su triunfo, hasta que dieciséis años después, en 1953, el artículo 34 constitucional reconoció que “los varones y las mujeres son ciudadanos de la República”.

Cada reforma —de 1947, cuando se permitió votar en elecciones municipales, hasta la de 2019, que estableció la paridad en todo— fue una conquista que abrió las puertas cerradas de la democracia. Y cada conquista fue fruto de la resiliencia de mujeres que con orgullo y dignidad transformaron la política mexicana.

A 73 años del 17 de octubre de 1953, la paridad de género en Guanajuato ya está en las listas. La interrogante para 2027 es si los partidos postularán mujeres en las alcaldías sin una regla que los obligue. Ahí se medirá si la paridad llegó también a las boletas donde solo hay un ganador. Ese es el pendiente que hereda la siguiente generación.

AL FINAL. Qué los caminos se abran a las mujeres en está nueva jornada de elecciones, no para reñir ni para sembrar adversarios, sino para caminar hombro a hombro, cara a cara. Todas y todos merecemos un país mejor y una sonrisa de gratitud por la vida que nos ha sido prestada.