Opinión

¿La “marca Morena” sería suficiente para ganar una reelección…?

(El dilema rumbo a 2027)

Por Íñigo Javier Rodríguez Talancón

Quizás no sean muchas las personas en Celaya, enteradas de nuestra realidad social, y que ejercen una crítica de buena voluntad, que puedan poner en grave cuestión las intenciones de servicio y gobierno de nuestro alcalde Juan Miguel Ramírez Sánchez

Pero, estas “intenciones de servicio y gobierno” no bastan si no se concretan en hechos y obras cuyas bondades sean percibidas como tales por la mayoría…

Y esto es precisamente lo que no ha estado sucedido: por fallas reiteradas en su comunicación social, existen muchas personas que ya han “comprado” las versiones negativas propaladas por sus muchos malquerientes, que señalan supuestos vicios e insuficiencias de su gestión y, sobre todo, que le achacan actos de corrupción a su grupo más íntimo…

Y es que, las causas por la que estas maledicencias han podido hacer “eco” en una parte significativa de nuestra sociedad, se explica por una situación bastante entendible: las clases medias de Celaya, conservadoras y tradicionalistas no aceptan que un partido de izquierda les gobierne…    

Pero, al margen de estos prejuicios o animadversiones gratuitas, y que ya se manifiestan en rechazos a priori, es necesario apuntar que la política en Celaya se encamina hacia un escenario de paradojas estadísticas que empieza a encender varias alarmas en el tablero electoral rumbo a 2027…

Y esto es así, ya que algunas de las mediciones demoscópicas más recientes exponen una realidad que parece ineludible: la posibilidad de que Morena pierda el bastión municipal ya no es un mero deseo voluntarista de la oposición; es, por el contrario, una posibilidad real que deriva de una vulnerabilidad que ha sido construida desde las entrañas mismas del gobierno municipal.

Sin embargo, el desenlace no dependerá de la fuerza de sus adversarios, que parece no la tienen, sino de la capacidad, o no, del partido oficialista para resolver sus más notorias contradicciones: por una parte, el divorcio entre el peso de sus siglas, y el desgaste acumulado, natural o inducido, en la mayoría de sus funcionarios; y, por la otra, su crasa incapacidad para contrarrestar las malas famas diseminadas y que ya han permeado entre las clases medias de Celaya.

Para entender este riesgo electoral, al que Morena con toda seguridad se enfrentará en las urnas en 2027, basta observar la coincidencia matemática entre dos de las firmas demoscópicas más rigurosas y serias del país: Tanto Roy Campos de Mitofsky*, como Luis Arias de Arias Consultores*, han determinado sus mediciones en 44.6% y 44.1% de aprobación respectivamente para el desempeño del gobierno de Juan Miguel Ramírez Sánchez; lo que le constituye para él, su grupo, y en general para Morena, un verdadero predicamento político.

Pero ¿Qué se puede inferir del hecho de que dos mediciones encuestales diferentes, levantadas en fechas cercanas, pero diferentes, y también por dos encuestadores profesionalmente solventes y sin relación alguna entre ellos, se acerquen tanto en sus resultados y predicciones? Una respuesta plausible, y que puede ser avalada según la lógica de la materia, es que esas dos encuestas son auténticas y técnicamente correctas…   

Por lo que es válido inferir también, que ambas encuestas pudieran confirmar que muchos celayenses (sin considerar las respuestas encuestales de “no sabe” o “no respondió”) desaprueba de forma sistemática su gestión administrativa, y que bien pudieran apuntar a cifras por encima del 50%.

Este alto rechazo no es un mero desplome emocional ni tampoco una campaña de “fuego amigo”, como suele acusar el discurso del oficialismo; es un diagnóstico estructural muy preciso y que hay que asumir con seriedad: es, pues, un hecho medido de que una parte mayoritaria de la ciudadanía califica de forma negativa la calidad de los servicios públicos; y en particular se duele del rubro de inseguridad que, pese a las cifras oficiales presentadas y que buscan demostrar una supuesta baja en sus índices, la percepción general sigue siendo muy negativa.

Así, pareciera que una mayoría relativa del electorado de Celaya ya formó un criterio rígido e inamovible sobre la supuesta falta de efectividad operativa de las dependencias municipales.

Y aquí radica la gran paradoja del futuro escenario electoral celayense: mientras el alcalde se encuentra estancado en una parte baja de la tabla de aprobación nacional, la “marca Morena” se mantiene aún al frente en la intención de voto por partido, superando los 38 puntos porcentuales y dejando al Partido Acción Nacional (PAN), su principal opositor, en un muy rezagado segundo sitio en la mayoría de los estados donde habrá cambio de gobernados (13 de 17); aunque esto parece no esté ocurriendo del todo en Guanajuato.

Este fenómeno demuestra que el ciudadano promedio de Celaya posee un voto sofisticado, o bien, diferenciado. Los programas sociales federales y las narrativas de la Cuarta Transformación (“primero los pobres”) todavía actúan como un escudo político que le otorga a este partido un “suelo electoral” que parece solido (en Celaya, un voto duro de alrededor del 45%), pero que al final pudiera ser insuficiente para ganar las elecciones.

En Celaya se configura una suerte de esquizofrenia política: una parte del electorado, que aún representa una mayoría difusa, acepta algunas de las políticas federales de Morena; pero, esa misma “mayoría difusa” tienen también serias reticencias respecto a las políticas municipales…

Sin embargo, el verdadero riesgo de una eventual derrota para Morena de cara a 2027 se concentra en una inopinada decisión personal: la pretendida reelección del alcalde

Juan Miguel Ramírez Sánchez ha coqueteado abiertamente con la idea de repetir en el cargo, lo cual sería legítimo, o acaso prudente, pero en otras circunstancias, o en un contexto menos negativo (es de señalas que, estadísticamente, por lo menos la mitad de los alcaldes que en el País se han postulado para un segundo periodo, han perdido la reelección; solo recordemos a Javier Mendoza**)

Y es que, si la cúpula partidista de Morena decide repostularlo, estaría convirtiendo de facto la elección de 2027 en un referéndum sobre su administración y que ya muestra algunos saldos negativos.

Otra candidatura de Ramírez Sánchez podría activar tanto a ese advertido voto de castigo (de aquellos que en 2024 votaron por su fórmula), como una participación electoral efectiva del nutrido grupo de sus malquerientes. Podría ser el blanco perfecto para que el PAN, o algún bloque opositor creado exprofeso, intente movilizar a ese prefigurado 50% de ciudadanos inconformes.

Además, en un momento donde —según declaraciones del propio edil— “todos quieren ser candidatos de Morena porque el partido está fuerte“; y esto, precisamente, cuando la creencia sobre la rentabilidad electoral de Morena, que aún se mantiene, va a desatar una feroz disputa interna por sus candidaturas.

Si morena decide apostar por la inercia decreciente de sus siglas en Celaya, y postula de nuevo a Ramírez Sánchez, cuyo gobierno es parcialmente mal calificado, por justas o injustas razones, y que además no ha podido contrarrestar esas versiones negativas en comento, la derrota en 2027 dejará de ser un deseo voluntarista de sus opositores, para convertirse en una posibilidad real y tangible.

No obstante, nuestro alcalde aún tiene tiempo, aunque breve, para intentar rectificar los defectos en su comunicación social y enmendar lo que han hecho mal, o dejado de hacer (sus frecuentes “auto porras” le están resultado contraproducentes), en esta fundamental materia…

No obstante, lo anterior, el alcalde debe primero ponderar con cuidado y atención sus posibilidades reales y decidir sí busca, o no, su reelección…  

*Los resultados y metodologías de las encuestas mencionadas pueden consultarse en las páginas web de las empresas respectivas.

**El dato presentado provienen de una metodología de triangulación de fuentes oficiales, centros de investigación académica y bases de datos periodísticas especializadas en política local subnacional (IA).