Opinión

En la oposición al proyecto del “tren de pasajeros” hay solo mezquindades…

Por: Íñigo Javier Rodríguez Talancón

El desarrollo de las grandes obras de infraestructura en México siempre ha sido un terreno de disputa entre el beneficio colectivo y la ambición de unos pocos. El proyecto del tren de pasajeros a su paso por Celaya no es la excepción a esta regla histórica.

En las últimas semanas, un sector muy específico del empresariado local ha levantado la voz en supuesta defensa del diseño urbano de la ciudad. Sin embargo, detrás de sus argumentos técnicos y sus manifiestos bien redactados, no hay ningún amor por Celaya, hay solo mezquindades.

El foco de mayor conflicto se concentra en el tramo nororiental del proyecto ferroviario, específicamente desde el cruce con el Eje Nororiente hasta la antigua estación ubicada en la colonia Alameda. La planeación federal ha determinado que en este tramo la vía férrea correrá al nivel del suelo.

Esta decisión técnica responde a la lógica más elemental del gasto público y los rudimentos de ingeniería civil: aprovechar el “derecho de vía” histórico que ya existe en la ciudad, es la ruta ya trazada, legalmente liberada y lista para recibir la adaptación al transporte de pasajeros.

Pero esta solución óptima para las finanzas públicas y la conectividad regional ha chocado de frente con los planes de ese grupo de importantes desarrolladores inmobiliarios; y es que esos empresarios, para sus futuros proyectos y el fomento de sus negocios actuales, han estado adquiriendo importantes extensiones de terrenos ubicados en la zonanorte y sur de ese trazo.

Al enterarse del proyecto del tren de pasajeros, y de que éste correría a nivel de suelo en una parte donde se localizan algunos de sus mayores intereses, a esos mencionados se les encendieron todas sus alarmas: sus afanes estaban bajo el supuesto de que con la terminación del “ferroférico” se irían los trenes de carga, y también las vías férreas; y con ellopodrían cómodamente integrarse con los desarrollos residenciales de la parte suroriente de la Ciudad; pero, para su contrariedad, surgió este proyecto federal del tren de pasajeros.

Y aunque en sus manifiestos así lo expresen, su preocupación no es el tráfico vehicular, ni el ruido, ni mucho menos el bienestar de los celayenses; su única y verdadera angustia es el cálculo de las plusvalías, o acaso minusvalías, sobre sus fraccionamientos actuales y futuros.

Pero para defender sus márgenes de ganancia, lo cual es legítimo, han acuñado la alarmista narrativa de que “la ciudad quedará partida en dos“, lo cual ya es muy cuestionable. Resulta obvio que este eslogan fue aviesamente diseñado para sembrar el pánico e intentarpresionar a las autoridades federales a cambiar los planos del proyecto.

La solución que proponen y exigen esos desarrolladores es tan monumental como absurda para el presupuesto público: reclaman que toda esta larga parte del trayecto, de más de 2kilómetros de longitud, se construya mediante un viaducto elevado para garantizar el libre paso”

Pero ¿un libre paso para qué o para quiénes? ya que éste nunca ha existido debido a la centenaria presencia de la vía de los trenes de carga, y que aún siguen ahí.

Construir más de 2 kilómetros de viaducto elevado multiplicaría los costos de la obra de manera estratosférica, y únicamente para blindar las plusvalíasde terrenos y negocios privados, cuyos propietarios ya calculaban integrarlos al crecimiento de la zona Diamante de Celaya; esto es, la que comprende el fraccionamiento del Campestre y varios desarrollosresidenciales contiguos

Para dar una fachada de legitimidad técnica a su exigencia, esos empresarios han presentado un proyecto alternativo utilizando como conducto al Colegio de Arquitectos local. Sin embargo, las autoridades federales desecharon supropuesta por carecer de viabilidad financiera y, sobre todo, de lógica urbanística y social.

Al ver agotada la vía institucional y técnica para imponer su capricho, la estrategia de esos desarrolladores inmobiliarios parece haber tomado un rumbo sumamente peligroso e inmoral: el intento de manipulación de las comunidades más pobres y vulnerables del rumbo, utilizandoel miedo como su principal herramienta de convencimiento y movilización política.

A estos marginados colonos les intenta siembrar mentiras sobre un supuesto aislamiento total, desabasto o el fin de la vida comunitaria en sus barrios. Intentan manipularlos para que salgan a protestar en una supuesta oposición social que, en realidad, solo obedece a un guion escrito en oficinas corporativas.

Y esto es el colmo del cinismo: aquellos que históricamente han diseñado la ciudad confraccionamientos cerrados y grandes bardas perimetrales con muros ciegos que dan la espalda a la ciudad- segregando a las colonias populares, hoy se disfrazan de defensores de la integración socioespacial.

El argumento de la “ciudad partida” carece además de cualquier sustento fáctico; los celayenses sabemosperfectamente que el verdadero colapso vial lo provocaba el paso de los interminables y pesados trenes de carga de las empresas ferroviarias.

El Gobierno Federal no ha cedido ante este vil chantaje de la especulación inmobiliaria. La obra pública debe financiarse y ejecutarse pensando en el bienestar del usuario común, en el trabajador que usará el tren y en la conectividad masiva de la región.

Pero es necesario señalar, que, en la respuesta de las autoridades locales ante este intento de manipulación social, se debe revalidar su presencia activa en eseterritorio. Se deben procurar espacios de comunicación social directa con las personas en las colonias nororientales, haciendo a un lado a esos intermediarios empresariales que solo buscan usarlos como carne de cañón.

A esas comunidades se le debe explicar con claridad los beneficios del proyecto y, sobre todo, las obras de mitigación urbana contempladas: pasos peatonales con accesibilidad universal, ciclovías, cruces vehiculares seguros y la recuperación de áreas verdes colindantes.

Celaya merece una infraestructura de vanguardia que leconecte con el futuro del transporte nacional. La supuesta necedad de construir un viaducto elevado para salvaguardar negocios privados es en realidad un acto de enormeegoísmo, que atenta contra la lógica más elemental, y el interés general de toda la población.

Cuando el desarrollo urbano se planea desde la óptica del beneficio social, la ciudad avanza (solo recordemos el trazo y construcción del bulevar A.L.M., en 1964); pero ahora, cuando se pretende condicionar esta importante obra federal al capricho de unos cuantos rentistas y empresarios se cae en la mezquindad pura. El tren de pasajeros debe avanzar a nivel de suelo porque es el diseño más congruente y que se ajusta con el bien común.

Otro dicho:

Con el inicio de las obras del paso por la Ciudad del susodicho tren de pasajeros, ha habido la necesidad de talar muchos árboles que por años fuero sembrados en esa zona federal… lo cual es lamentable pero, insisto, necesario… Otros muchos árboles de especies nativas podrán sembrarse a lo largo de este trazo ferroviario, y que será subterráneo en la zona más afectada (norponiente), sobre el cual se contempla construir un “parque lineal” para el esparcimiento de la población en general… los opositores a este proyecto, que son muy pocos, ha gritado airados que esta tala masiva es un “ecocidio”… Ante tales desproporcionados argumentos, resulta obvio que a estos voluntaristas opositores les sobra ahínco, pero les falta imaginación y discurso…

Otro Dicho Más:

Con motivo del onomástico del CCE, membrete que en Celaya es utilizado ventajosamente por el “club de Tobi”, estuvo en Celaya el intelectual de derechas Carlos Elizondo Mayer-Serra, y con la única consigna de venir a denostar el proyecto del tren de pasajeros, e intentar hacerles el “caldo Gordo” a sus opositores… Este ínclito personaje, por cierto, no tiene ninguna de las credenciales necesarias para poder opinar sobreurbanística… No obstante, y con el mayor desparpajo, calificó este proyecto en su paso por Celaya como un “crimen”, pues, según él, se pretende “partir en dos el terruño … Resulta irrisorio, y a la vez patético, estanueva intentona de los referidos opositores, de buscar a ultranza modificarlo con mentiras y en función solo a sus intereses egoístas…