(El gobierno del Estado una entidad parasitaria y gandalla*)
Por: Íñigo Javier Rodríguez Talancón
“Quién obedece no se equivoca”, reza la máxima o “primer mandamiento” que conduce la disciplina interna de El Yunque, y descubre sin ambages el talante de autoritarismo extremo de esta organización de ultraderecha que se hizo con el control del PAN en Guanajuato hace ya varias décadas.
Comienzo señalando, que la ilegal y descarada preeminencia que el gobierno estatal ejerce sobre las administraciones municipales no es más que la viva herencia del viejo autoritarismo priísta.
A pesar de la tan cacareada transición, este diseño institucional sigue operando bajo las mismas pretensiones verticales de antaño y como una burda correa de transmisión para el control político. Es inaceptable que, en el contexto de una sociedad que supone aspiraciones democráticas, se siga asfixiando de esta forma el orden local.
En Guanajuato, el principio constitucional del “Municipio Libre”, como en prácticamente todos los estados del País, ha sido reducido a una mera simulación y es abatido en los hechos por el centralismo rapaz de los ejecutivos locales. Esta situación se conserva invariable, como antaño, en la época priísta.
Las supuestas potestades de las administraciones estatales, aquí y en todo México, no son el resultado del diseño racional dentro de un régimen nuevo y diferente; son simplemente la prosecución del despojo sistemático de las facultades e incumbencias que corresponden originalmente a las municipalidades conforme a la Constitución. Porque esta sempiterna humillación al auténtico federalismo carece de cualquier sustento en el texto constitucional; por el contrario, deriva eminentemente de prácticas desviadas y corruptas que un centralismo de facto ha impuesto siempre a una sociedad civil históricamente inerme y poco organizada ante los abusos del poder.
No obstante, a que resolver este agravio en contra del municipalismo sería tan simple como observar el texto constitucional; en Guanajuato la larga parálisis en las sucesivas legislaturas -y con una amplia complicidad en los ayuntamientos- muestra una realidad totalmente opuesta; y cuando no reina la omisión, las raras iniciativas que buscan devolverle derechos, recursos y peso normativo a los municipios terminan congeladas en las comisiones parlamentarias. Es un estado de cosas -hay que decirlo- a que han contribuido los representantes populares de todo signo político que han ocupado espacios de poder en el estado. Morena, hasta el momento, no ha mostrado en esto un talente distinto. La bandera del municipalismo continúa abatida y ajada, sin que nadie acuda a reivindicarla.
Pero el PAN, anterior a su colonización por esta entidad oscura de El Yunque, enarboló siempre banderas en contra del centralismo y la concentración abusiva del poder, y defendió al municipio como la base de nuestro pacto federal. Por esto, el caso de Guanajuato es el ejemplo perfecto por su contradicción y cinismo en mantener vigente esta grave deformación; nuestro Estado, gobernado ya más de tres décadas por el bloque conservador del PAN y la organización de El Yunque, se ha convertido en un bastión singular en la conservación de estos esquemas autoritarios heredados, pero haciéndolo en un modo más cerrado, sectario y excluyente.
Sus administraciones se sostienen sobre burocracias tan inepta como onerosa, maquinarias integradas por favoritos o compinches (Más del 70% de los funcionarios de medio y alto nivel son y han sido leoneses) que aporta muy pocos servicios reales en comparación con sus enormes tamaños y sus insultantes costos de manutención.
No conformes con eso, la centralización de los recursos fiscales opera de una manera tan desmedida e injusta que demerita directamente a las haciendas de los municipios, obligándolos a depender de migajas presupuestales disfrazadas de “apoyo” o programas de obra estatal condicionadas políticamente. Los aparatos estatales son, en resumen, entidades parasitarias que consumen en modo artero a sus dolidos “huéspedes”.
En Guanajuato, esta élite inamovible y engreída que ha secuestrado la conducción del destino público del Estado opera en la ciudad de León, a cómoda distancia del asiento de los poderes en la entidad (el PAN, inclusive, es el único partido cuya dirigencia estatal está fuera de la capital). Como es bien sabido, poco a poco, y desde los años 80, fueron apoderándose del antiguo Partido Acción Nacional que era, contrario a ellos, abierto y de corte centroderecha; coparon a sus órganos directivos y de mañera sañuda persiguieron al grado de la expulsión a sus militancias tradicionales, a quienes se dieron de ese proceso insidioso y le plantaron cara (solo recordemos el caso de Eliseo Martínez).
Así fue como asaltaron el poder del Estado, usufructuando el prestigio social de un panismo que originalmente abanderaba la democracia frente al centralismo y, sobre todo -hay que insistir en ello- defendía el municipalismo. Hoy, ese prestigio histórico está maltrecho por el enorme desgaste de un régimen gandalla, obsesionado con perpetuar el control para el beneficio de sus reducidas cúpulas inamovibles, y por encima de las necesidades reales de las comunidades locales.
*En México, gandalla es una palabra coloquial y despectiva para describir a una persona abusiva, ventajosa o prepotente que se aprovecha de los demás o se apropia de lo que no le corresponde sin ningún tipo de respeto o consideración…
Otros dichos:
Descomunal paliza le dio el PRI a Morena en Coahuila (16 a 0), y que rompe el incipiente mito de su invencibilidad electoral… y hay algunos datos sólidos que podría explicar lo anterior: Coahuila tiene tres municipios: Piedras Negras, Saltillo y Torreón, dentro de la lista de las 10 ciudades más seguras del País… en cambio, Guanajuato tiene dos en la lista negra; esto es, de las 10 ciudades más inseguras y violentas de todo México: Irapuato y Celaya (Pero León está muy cerca de ser incluido en este trágico “top 10”)… y es que hay algo que los gobiernos de Coahuila han hecho bien al respecto… y, que es obvio, los gobiernos de Guanajuato no lo han hecho, o lo han hecho, pero muy mal… Y como colofón a este gran desastre anunciado, tanto el PAN, MC y PVEM no obtuvieron ni siquiera el 3% de la votación total; lo que les equivale a que ya no podrán participar más en los comicios locales, ni tampoco recibirán del dinero público de Coahuila… y así, se abre para este estado un singular “bipartidismo” …
