José Luis Ramírez
La política es movimiento, es la suma de causas y efectos, su destino tiene que ver con la habilidad de quien lo provoca, y para qué lo hace. Una elección presidencial verdadera siempre es un parteaguas en la historia. La política electoral se convierte, como dijeran los clásicos, en un choque entre los intereses de una clase social y otra; entre una teoría económica y otra, y claro, en donde se hace uso de todos los recursos legales e ilegales para ganar el poder, y luego el gobierno.
La elección presidencial del México independiente de 1824, fue la fractura del imperio español, y ni más ni menos que el origen de esta nación que nos abriga; la elección de 1867 entre Benito Juárez y Porfirio Díaz, posterior a la intervención y derrota del imperio francés, inicia la restauración de la Republica; la de 1911 termina con la dictadura y la séptima reelección de Porfirio Díaz; la de 1934 lleva a la Presidencia de la Republica al General Lázaro Cárdenas, terminando con los conflictos de poder surgidos después de la revolución.
El poder y gobierno ejercido por el PRI, se acaba formalmente en el 2000, con el triunfo del PAN, y esa elección es relevante por el rompimiento de décadas de un gobierno autoritario, que en voz de Vargas Llosa, era “la dictadura perfecta”. El regreso del PRI, doce años después, es significativa porque es el logro de lo impensable, legitimar la violencia política y económica por medio del voto ciudadano.
La elección del 2018, fue para México el inicio de un proceso político que podremos medir con frialdad, al concluir los seis años de gobierno del señor López. Su apuesta por la verdad, la honestidad y la lealtad al pueblo que lo eligió, está siendo observada por los 30 millones de ciudadanos que votaron por él, y el otro conjunto de electores que no lo hicieron.
Hablar de una 4 transformación me parece un buen recurso retórico, pero una verdadera transformación tiene un eje ideológico, un discurso social utópico, y sin lugar a dudas, personas que lo crean y lo intenten construir. Es decir, es un proceso, no un dictado, ni un edicto.
La política, algunos entrenados en esos menesteres, sin considerar mi identificación idílica con el concepto aristotélico, es la continuación de la guerra por otros medios. Entonces la primera pregunta que salta a la vista es ¿hay una guerra ideológica y económica? ¿O simplemente es una guerra política para tener el poder, y luego gobernar sin mayor esfuerzo al que hace un camaleón al cambiar de piel?
Más allá de lo anterior, si consideramos que ninguna transformación es milagrosa, ni se da por osmosis o por generación espontánea, y la lógica informal –que suelo usar por su bajo requerimiento de complejo B-, me dice que las transformaciones son parte de un proceso, y que los procesos son activados, o provocados. En ese sentido me pregunto, ¿Qué han hecho los guanajuatenses del Movimiento de Regeneración Nacional para que la transformación de México sea posible?
La participación electoral en Guanajuato en el 2018, operada en su momento por los michoacanos –Leonel Godoy-, no aportó mayor tamaño a la marea provocada por el señor López, de hecho ese es el origen de los negativos y de la pasmosa inercia que hoy priva en todo el Estado. Las posiciones electorales negociadas y asignadas por ese grupo en el Congreso y el Senado, hasta el día de hoy no han tenido la altura moral y política para enfrentar el fardo de la violencia, crimen y sangre que azota la tierra de la independencia. Comparando sus discursos con los de Hidalgo, y con los propósitos de los transformadores de nuestra historia, son una balada romántica para los 3 “ángeles azules” que malgobiernan a los guanajuatenses.
En esta elección, han llegado a encargarse de la operación política electoral, los zacatecanos, vinculados al Senador Monreal, y aspirante a la próxima elección presidencial. Su presencia no es casual, o vienen a activar políticamente la fuerza dormida de Morena, o arrullarla. Coincide su llegada con la nominación –en automático- del ciudadano Sheffield como candidato a la presidencia municipal de León –corazón y cerebro del panismo de viejo cuño-.
La postulación del ciudadano Sheffield, figura de primera línea en el blindaje administrativo del gobierno federal, con el acompañamiento del Senador Monreal, y del Presidente de Morena, Mario Delgado, aviva el aletargado y conflictivo proceso electoral que ha sufrido Morena en nuestro Estado. Sheffield no viene solo.
De este modo, la presencia de Morena pasa a un nivel de competencia interna y publica de mayor exigencia. Sheffield no regresa al segundo nivel para perder, va por segunda vez a gobernar León, para gobernar después Guanajuato. Pero ganar León, no es suficiente, existen condiciones políticas –por cierto no del todo activadas por ellos- en los municipios de Irapuato, Salamanca, Celaya, y la capital para competir por la presidencia municipal, y por los escaños de los Congresos, nivelar las fuerzas hacia el horizonte estatal y nacional, es una prioridad.
Igualmente, el desempeño de los operadores políticos del zacatecano se notará al final de la elección. Sería una tragedia para Monreal entregar cuentas negativas, que lejos de sumar a su afán presidencial, lo alejaran más. Una cuidadosa intervención, puede fortalecer la presencia de Morena en el ámbito local, y fortalecer el proyecto de nación que hoy apenas si se comprende. Pero si repiten la historia del 2018, la impunidad seguirá siendo la ruta fácil del crimen y la tragedia en Guanajuato.
REVOLCADERO. Las renuncias de los funcionarios panistas que compiten electoralmente para la renovación del Ayuntamiento, no aparecen. Se le olvidó a la ciudadana Elvira Paniagua su petición, o simplemente “la tiran de a Lucas” sus empleados.
