Por: José Luis Ramírez
¿Será cierto que la Consulta “para emprender un proceso de esclarecimiento de las decisiones políticas tomadas en los años pasados por los actores políticos”, fue un fracaso?
Si alguien tiene el pulso del país, es el ciudadano López, no se le puede quitar el liderazgo social con vulgaridades, o con memes. En las tres últimas elecciones presidenciales (2000-2006-2018), llevó a la oposición de 6.2 millones de votantes, a 30.1 millones para ser un gobierno de cambio.
Para contrastar lo anterior, en ese mismo tiempo el Pan de 15.9 millones bajó a 12.6 millones de votos, gobernó 12 años (2000-2012); el PRI de 13.5 millones de electores, cayó a 9.2 millones (gobierna la república por 6 años, 2012-2018). Los números representan sin lugar a dudas el éxito o el fracaso de un PLAN DE GOBIERNO que se refleja en votos.
De oposición política, a gobierno republicano hay una buen trecho. El panismo con dos presidentes, pasó 12 años por el gobierno y no hay huella positiva que se refleje ahora en votos; del Pri es lo mismo, gobernó 30 años, tomando en cuenta los últimos 5 Expresidentes desde 1976. Solo voy a los números. En el caso del señor López, tiene tres años de gobierno, y un partido político que no termina por madurar.
Y claro, hay una estrategia política de largo aliento que se despliega para fortalecer su proyecto de gobierno y de Nación, sin embargo el tiempo se lo come; cada obstáculo, error o circunstancia como el caso de la pandemia es tiempo irrecuperable. Cada una de sus acciones o propuestas tienen una intención política, la principal mantener vivo su proyecto de Nación.
La elección para elegir a diputados y gobernadores hace un par de meses, puso a prueba su estrategia, perdió el Presidente la mayoría calificada en el Congreso (mas de dos tercios), que le permitirían aprobar las reformas y las iniciativas de sus próximos tres años de gobierno. La cuarta transformación quedó condicionada a futuras alianzas, incluso con el Pri, como lo mencionó él mismo.
La Consulta, se escala en esa estrategia de legitimar socialmente, y de manera abierta su gobierno. Si bien los resultados de la Encuesta eran predecibles, en función del alcance de la elección pasada, recordemos que en el 2018, llega a la Presidencia con 30.1 millones de votos, y en la pasada elección logra 16.7 millones, de tal manera que los 7 millones de participantes en la consulta son una suma muy importante, pero se quedan cortos, no porque sean pocos, sino porque la meta estaba por encima de la capacidad organizativa de su partido Morena, y pasaron por alto el desgaste del Presidente que sale a tirar todos los penaltis, y a parar todos los tiros a gol de sus adversarios.
A pesar de que los números no fueron suficientes, los expresidentes aun navegan en mar revuelto, porque los cauces legales formales no están agotados. El señor López quiso matar dos pájaros de una pedrada con la Consulta, no lo consiguió, pero los pájaros siguen libres, y la piedra está en sus manos. ¿Lo hará?
En la estrategia de su gobierno, y en la lógica de que se requiere de un gran apoyo social para emprender acciones de fondo, y no exactamente las que hemos visto hasta ahora, el siguiente paso es poner su cabeza en charola de plata a la oposición, a través de otra consulta, la Revocación de Mandato. El resultado esperado, sería la legitimización de su gobierno, y en el improbable caso, su destitución.
Las encuestas muestran al señor López con una aceptación por encima del 50%, así que la revocación de mandato, solo les daría exposición y reflectores a sus adversarios para mantenerse vivos, e ironías de la vida, a costa de la estrategia del mismo Presidente.
La pregunta obligada es, ¿el ciudadano López necesitaba todos estos elementos políticos para emprender con mano firme la Cuarta transformación? ¿No era suficiente la confianza de 30 millones de mexicanos en sus propósitos de limpiar el gobierno de “corruptos, rateros, mentirosos y traidores”?
La democracia representativa, significa dejar en las manos de los partidos políticos el destino de los intereses públicos; la democracia directa o participativa que ha impulsado el señor López, consiste en que los ciudadanos participen directamente a través de su voto en asuntos específicos, como la Consulta, y claro que tenga un carácter legal e institucional.
Si la apuesta del señor López es la movilización ciudadana –la sabiduría del pueblo- para darle esencia y rumbo a su gobierno, ¿eso significa que el partido Morena no es un objetivo estratégico, y simplemente debe ser el cabús del tren de la cuarta transformación?
La expectativa de los 30.1 millones de ciudadanos que votaron por el señor López, era muy básica, combatir la corrupción, el robo, la impunidad en todas las esferas de la administración pública, y gobernar para todos. La votación de ese momento fue un cheque en blanco, sin embargo, después de tres años, el recuento de sus logros son muy controvertidos.
La parte mas sensible de su propuesta fue atender “primero a los pobres”, moralmente no había debate. El mecanismo fue una continuación de los programas sociales anteriores como: Solidaridad de Carlos Salinas de Gortari, (1988); Progresa con Zedillo (1994); Oportunidades de Fox y Calderón (2000-2006); Prospera de Peña Nieto (2012); y finalmente su programa, Bienestar (2018).
Lo que quiso mejorar de gobiernos anteriores, ha tenido los mismos resultados que los otros programas sociales, la pobreza no solo no ha parado sino ha crecido. En el año 1990, había en México 46 millones de mexicanos en pobreza, de una población total de 81.2 habitantes; en el 2018 cuando se inicia Bienestar había 51.9 millones de pobres y pasó a 55.7 millones (Coneval).
Si entendimos que los programas sociales federales no daban resultados por su ineficaz aplicación, por ser utilizados para el control y el clientelismo político, por la corrupción, por los montos económicos, y por la limitación de ciertos sectores de la población, la pregunta es ¿Por qué la joya de la corona, Bienestar, nos entrega estos resultados?
Hay una irritación muy justificada de la elite política y empresarial que no se vio beneficiada por los negocios y los privilegios de costumbre, pero hay otra, la de la población que vive la inseguridad, la falta de medicamentos, la violencia criminal, la inexperiencia o continuismo en la administración federal, y sobre todo irritada porque no logra entender que su presidente se enrede en todo tipo de pleitos políticos, y no atienda sus necesidades más sentidas.
En este inicio de su segundo y último tiempo, no sería malo recomendarle lo que hemos escuchado de su boca: ¡Serénese ciudadano Presidente!
Revolcadero.
El Gabinete del ciudadano Javier Mendoza Márquez, ya está completo. Si no le ha llegado respuesta a su petición, regrese en tres años a la siguiente campaña. ¡Ánimo!
