Primeras huellas humanas en Villagrán
Por la planicie en la que en poco más de mil 600 años sería Villagrán, comenzaron a deambular algunos grupos humanos provenientes de diferentes puntos principalmente del lado norte, aunque sin organizaciones definidas, eran bárbaros cazadores básicamente.
Con el tiempo, esos bárbaros ya más organizados, llegaban del norte en oleadas a la región, y fueron llamados “Los chupadores de Sangre”, luego vinieron los otomíes allá dentro del siglo 650-900.
Dicen las crónicas que por el siglo XIII, llegó una nueva invasión de bárbaros chichimecas aunque solo de paso, aunque algunos se quedaron.
Vestían pieles sin curtir y usaban arco y flechas. Sus viviendas eran sencillas chozas de paja o en algunas cuevas posiblemente en el cerro de Vista Hermosa.
Otros grupos se establecieron en diferentes partes del bajio, pero los que se quedaron en Villagrán fueron los del grupo denominado Otomí.
Algún tiempo después, con el desarrollo de la ciudad y construcción de diferentes obras, se han encontrado restos de cerámica y figurillas con las que se nota la influencia chupícuara por esta zona.
Una costumbre de este pueblo primitivo era enterrar a sus muertos alrededor de “tlicuiles” -hogares-, con muchas ofrendas como vasijas, figurillas, collares, flautas, silbatos y perros.
Creían que los perros ayudaban al espíritu de su amo a “cruzar” la línea de agua que separa a vivos y muertos. se mantenían de la caza y algunos pequeños tramos de agricultura.
Se agrupaban las familias las que el jefe era el máximo líder que las encabezaba, mientras que en casa, se empleaban objetos de piedra para moler semilla, cocinar los animales que cazaban y que manejaban en vasijas rudimentarias de cerámica.
