Por: Jeremías Ramírez V
José Emilio Pacheco (1939-2014) es uno de los poetas mayores que ha dado este país. Su obra poética es muy extensa, así como su obra ensayística y periodística. Y aunque cultivó la narrativa con enorme maestría, su obra en este rubro no fue abundante. Publicó sólo tres libros de cuento: La sangre de Medusa (1958), El viento distante y otros relatos (1963) y El principio del placer (1972), y dos novelas: Morirás lejos (1967) y Las batallas en el desierto (1981)
No siempre un gran poeta es un narrador, y menos un gran narrador, pero José Emilio Pacheco se movió bien en todos los ámbitos literarios, aunque después de su novela Las batallas en el desierto, decidió no volver a escribir ficción narrativa porque inevitablemente echaba mano de sus experiencias personales y sentía que ventilaba de más cosas que debían permanecer en el ámbito privado.
Es poco grata esta decisión pues Las batallas en el desierto es una obra maestra. En sus pocas páginas logra una gran estatura estética y quizá por ello es la más conocida de toda su obra, y tuvo la fortuna, creo yo, de que fuese llevada al cine en 1987 con el título Mariana, Mariana, bajo de la dirección de Alberto Isaac. Me gusta más la novela, aunque la película tiene una buena factura y un casting excelente, en la que destaca Elizabeth Aguilar como Mariana.
La novela me impactó cuando la leí. Fue lo primero que tuve en mis manos de José Emilio Pacheco. La revista Proceso me descubrió, por ese tiempo, al Pacheco ensayista y periodista, en cuya columna Inventario, prodigaba un conocimiento universal vasto y profundo sobre la literatura mundial. Luego, en la antología Poesía en Movimiento, descubrí al Pacheco poeta. Los pocos poemas que vienen en la antología me atraparon y anduve por años comprando sus libros de poesía, extasiándome con la exquisitez de sus poemas.
A pesar del encantamiento que me produjo Las batallas, su libro de cuento Viento distante no me atrapó, y me distancié del Pacheco narrador, hasta que recientemente compré El principio del placer. En este libro, el cuento que le da título, está la raíz de Las batallas. Me gustó muchísimo. Así que, reconciliado con su narrativa, compré La sangre de medusa, que estoy leyendo, y Morirás lejos, la primera novela que escribió.
Morirás lejos, es una novela, como dice el prólogo, experimental, que juega con varias líneas narrativas que se van entretejiendo. Al principio uno no descubre qué tiene que ver la historia de un hombre que atisba a través de su ventana a otro que se sienta con regularidad en una banca de un parque que está frente a donde vive, y al contemplarlo empieza a especular: qué hace ese hombre allí, leyendo el periódico: ¿es un desempleado buscando trabajo? ¿Un hombre esperando a su amante? ¿Un espía que me está vigilando? Y Pacheco mezcla esta historia simple con algunos momentos históricos terribles del pueblo judío, esos en el que ha sido perseguido con ferocidad: desde el asedio y caída de Jerusalén, narrada con un crudeza muy visual y desgarradora, pasando por las persecuciones medievales y culminar en la segunda guerra mundial en la que narra la valiente defensa del Gueto de Varsovia (espléndidamente retratada por Polanski en El pianista) y los campos de concentración en la que detalla la crueldad de un médico que practica experimentos salvajes, crueles, terribles con los judíos que caen en su garras.
Casi hasta el final descubrimos que ese hombre que está atrincherado en esa habitación, cuyas ventanas están siempre cerradas y echadas las persianas, las cuales entreabre para observar al hombre del periódico, es en realidad ese médico alemán inhumano, cruel, que vive en México, refugiado en la casa de una hermana, tratando de escapar del largo brazo vengador que pretende atraparlo, como les sucedió a muchos asesinos nazis. Allí vive en una cárcel voluntaria con el miedo de que finalmente sea descubierto y enjuiciado. Por eso observa a los que se acercan a la casa y más si reiteradamente se sientan en la banca del parque. Todos son sospechosos.
El libro es realmente muy complicado de leer. Se necesita cierta madurez como lector para llegar al final, Es sorprendente esta manera de narrar de alguien, como Pacheco, que se destaca por su claridad y sencillez, tanto en su obra narrativa, como en la poética y en la ensayística.
Quizá la explicación la podamos encontrar a esta manera de narrar sea tomando en cuenta que se escribió en un momento histórico muy peculiar y revolucionario en México. Este libro se publicó en 1967, casi a mediados de una década en la que los escritores jóvenes (en ese año Pacheco tenía 28 años) y no tan jóvenes, trataban de renovar el panorama literario nacional y se lanzaban a buscar nuevos senderos bajo una osada experimentación. En esos años se publicaron obras singulares de José Agustín, Parménides García Saldaña, Sergio Pitol, Salvador Elizondo, Gustavo Sanz, Josefina Vicens, Elena Garro, Jorge Ibargüengoitia, entre otros.
Estos escritores, de una u otra forma, configuran las piedras angulares pues sus obras abrieron cauces fiables para construir la literatura mexicana del siglo XXI, no sólo con sus obras, sino además porque fueron grandes divulgadores de la literatura mundial, y que cuando no había versiones en español, ellos mismos se dieron a la tarea de traducir a los mejores escritores del siglo XX, desconocidos en México y en Hispanoamérica.
Por ello, hay una gran deuda con ellos, particularmente con José Emilio Pacheco, cuya obra completa se puede conseguir en la Editorial Era o en el Fondo de Cultura Económica. Recientemente se publicaron sus artículos de Proceso en varios tomos. Una verdadera joya.
Por lo pronto, lean a este gran autor, lean Morirás lejos para que, si se quieren atrever a hacer una obra que rompa paradigmas, no caigan en inventar el agua tibia, es decir, en inventar lo ya inventado con gran estatura, y no caer en el riesgo de hacer el ridículo.
