Opinión

MADRES: LOS DÍAS DEL INFORTUNIO. Palabras Libres.

Por Ara Morales.

Son las primeras horas del día, un grupo de mujeres preparan su desayuno, y los alimentos que consumirán sus compañeras buscando en lotes baldíos, en el cerro, o en el desierto.  Serán largas horas picando la tierra con la “evidente”, así le nombran a la varilla que mujeres rastreadoras de Sinaloa utilizan para picar la tierra, y oler las posibles huellas de la muerte, con suerte -palabra que ironiza el dolor- encontrarán una fosa clandestina, y una esperanza de decirle adiós a sus seres queridos.

Los primeros reportes de desapariciones en el país comenzaron en 1964 con la famosa guerra sucia, orquestada por el Estado Mexicano para eliminar los liderazgos de organizaciones sociales que amenazaban el estatus quo del poder, desde ese entonces el número de desaparecidos por distintas formas de violencia han aumentado año con año.

Durante esta guerra sucia se registró el primer caso oficial de desaparición en México, la del profesor Epifanio Avilés Rojas, este fue llevado a un cuartel militar, en el Estado de Guerrero, y desde entonces su familia no lo volvió a ver. Con más de 53 años desaparecido, y hasta el día de hoy, la asociación H.I.J.O.S. México, exige al gobierno su aparición. La manifestación estudiantil del 2 de octubre de 1968 fue un claro ejemplo del actuar represivo de ese régimen antidemocrático, se asesinaron niños, estudiantes, amas de casa, trabajadores, pero también fue uno de los casos más sonados por la desaparición de participantes en esa marcha histórica.

México se cimbró nuevamente en septiembre del 2014 por la desaparición de 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, los padres de los estudiantes se han movilizado una y otra vez, sin conseguir respuesta.

Actualmente, las desapariciones no todas son de carácter político, de acuerdo con cifras oficiales las desapariciones comenzaron a incrementarse a partir del 2006, e incluso no se detuvieron durante la pandemia por Covid-19. La parálisis de las instituciones, que deben procurar justicia, ha dado origen a que las mismas familias salgan de sus casas a buscar a sus desaparecidos, y en su caso, a darle seguimiento a los expedientes empolvados en las actuales fiscalías.

En Guanajuato en 2018 la cifra de desaparecidos era de 621, actualmente esa cifra se ha multiplicado por casi seis superando a las 3,500 personas.  Detrás de cada desaparición hay  una madre que de pequeño o pequeña lo meció entre sus brazos, lo cuidó, lo alimentó… en un momento determinado ya no supo de él o de ella… lo esperó angustiada, marcaba insistentemente a sus teléfonos móviles, preguntó a los familiares, amigos, compañeros de trabajo  y conocidos,  se acercó a las autoridades… lo buscó y lo sigue buscando sola, o en colectivos compuestos mayoritariamente por mujeres; ellas pegan hojas impresas en los postes, en los barandales de los puentes, publican en redes sociales, recorren hospitales, cárceles, anexos,  morgues, campos, montes y minas. En muchas ocasiones, remueven con las uñas la tierra para que le dé el consuelo de haber encontrado al hijo, o hija que un día llevó en su vientre.

La Comisión Nacional de Derechos Humanos define: “la desaparición de personas, incluida la desaparición forzada, como una violación pluriofensiva de derechos humanos, ya que causa daños irreparables a las víctimas; provoca sufrimiento en sus familiares al ignorar su destino, generándoles por tiempo indefinido el temor y la incertidumbre de conocer el paradero de su ser querido, además de un deterioro económico y de salud física y mental. Su práctica implica la privación de la libertad y en muchas ocasiones de la vida”.

En 2017, México aprobó la Ley General de Desaparición de Personas y Desaparición Cometida por Particulares, con el objeto de ponerle freno, pero hasta ahora, sus resultados son insuficientes. Desde 2006, y hasta la fecha, la Comisión Nacional de Búsqueda de Personas en México contabiliza más de 110 mil mexicanos desaparecidos, es importante señalar del 2022 al 2023 se incrementó en un 10%.

En 2018, al menos 200 mil personas habían desaparecido en América Latina, en ese entonces Colombia encabezaba la lista con 82,998 desaparecidos; en segundo lugar, estaba México con 36,265; le seguían Guatemala, Perú, el Salvador, Chile y Argentina. Actualmente en México se contabilizan 110 mil desaparecidos, es decir en cinco años se incrementaron casi cuatro veces.

Cuando hay una desaparición los primeros familiares que reaccionan son las madres, piden apoyo a los familiares, amigos, conocidos, compañeros de trabajo y vecinos para la búsqueda, porque saben que las primeras horas son importantes.

Luego del tiempo que marca la ley, las denuncias se realizan, sin mayor resultado, por eso las familias consideran que las actividades y acciones de búsqueda no se hacen con diligencia y eficacia de parte de las autoridades. ¿Cómo puede mejorar en este rubro la Fiscalía del Estado de Guanajuato?

Para iniciar la búsqueda de un ser querido, los familiares se organizan en grupos, o se unen a colectivos ya hechos, ahí encuentran consuelo, se convierten en una nueva familia que comparte el mismo dolor. Se apoyan mutuamente con atención psicológica, económica, ya que algunos dependían económicamente de la persona desaparecida. También se hacen cargo de la familia que deja su ser querido: nueras, nietos, sobrinos, primos, ahijados a los que hay que cuidar, alimentar, educar, pagar gastos. Muchas de las buscadoras dejan sus empleos, o consiguen nuevos que les permita por horas buscar a sus familiares. Lo único que piden es encontrarlos vivos o muertos.

Hasta abril del 2023, contabilizando los últimos cinco años, las ciudades con más personas desparecidas en Guanajuato son: Irapuato con 411, Celaya con 376, León con 361, Salamanca con 179 y Pénjamo con 140, son cifras de la Comisión Nacional de Búsqueda de Personas en México.

Las madres buscadoras o colectivos de familiares desaparecidos que se han formado en Guanajuato suman ya 20, y son: Unidos por los desaparecidos León, Madres Guerreras de León, Cazadores, De Pie hasta Encontrarte, Buscando a Pablito, A tu Encuentro, Una Luz en Mi Camino, Desaparecidos Pénjamo Guanajuato, Hasta Encontrarte, Proyecto de Búsqueda, ¿Dónde están? Acámbaro, Ángeles de Pie por Ti, Mariposas Destellando: Buscando Corazones y Justicia, Luz y Justicia, Salamanca Unidos Buscando Desaparecidos, Justicia y Esperanza, Fe y Esperanza, Buscando con el Corazón, Buscadoras de Guanajuato, y Una Promesa Por Cumplir, al que pertenecía la señora Tere Magueyal asesinada el pasado 2 de mayo en San Miguel Octopan, una de las comunidades más importantes de Celaya.

Las madres buscadoras e integrantes de los colectivos piden que sus casos no sean invisibilizados y en palabras de sus integrantes “buenos o malos, culpables o inocentes, pero tienen el derecho de ser buscados por las autoridades”.

Para intentar cumplir con la obligación de garantizar el Estado de Derecho, y con ello el Derecho a la vida, y a la dignidad humana, se creó la Comisión Nacional de Búsqueda, cuya función principal “es llevar a cabo o coordinar con las diversas autoridades federales y estatales acciones de búsqueda con la finalidad de dar con la suerte o el paradero de las personas desaparecidas”.

A pesar de ello, quien asume el peso de la búsqueda son los familiares. Edith Olivares Ferreto, directora ejecutiva de Amnistía Internacional México, señala: “Dada la inacción, omisión, incapacidad y falta de recursos del Estado, las madres se han dado a la tarea de buscar a sus familiares desaparecidos. No obstante, el Estado las maltrata y estigmatiza y peor aún es incapaz de cumplir con su obligación de garantizar su vida, integridad y seguridad, así como la de todas las personas que viven y transitan por el país”.

Si consideramos el número actual de desapariciones, como consecuencia hay un número similar de familias que buscan a sus seres queridos, y ante los escasos resultados institucionales, y el esfuerzo personal que implica su participación, solicitan se asigne más presupuesto y se fortalezca a las Comisiones de Víctimas y Búsqueda; que se tome en cuenta a los migrantes desaparecidos; piden atentamente atención prioritaria en los sistemas de salud, ya que por las situaciones emocionales, mentales, legales, familiares, físicas y económicas que están viviendo han desarrollado problemas de salud; solicitan una cartilla de desaparecido para atención médica. En la búsqueda de sus familiares, enfrentan situaciones riesgosas por lo que solicitan seguridad, recordemos que al menos cinco madres buscadoras, y un hombre buscador, han sido asesinados en Guanajuato. Igualmente, que la investigación sea pronta y expedita, y que la búsqueda se extienda a albergues, anexos y hospitales psiquiátricos.

Las buscadoras y su labor, es una expresión de las limitaciones y debilidades del Estado, y particularmente del poder judicial, pero, sobre todo, en el sentido humano son el ejemplo del amor maternal, que todo lo puede, y que está por encima de errores personales o de un destino injusto. Por eso, no abramos la puerta al prejuicio carnicero de una parte de la sociedad que vive alimentándose del odio estéril, y la revancha, muchas veces infundada.

 

 

AL FINAL.

Este miércoles 10 de mayo del 2023, cientos de colectivos de búsqueda están convocando en la Ciudad de México, en el corazón del país a la “XII Marcha de la Dignidad Nacional Madres Buscando a sus Hijos e Hijas”, que comenzará a partir de las 10 de la mañana, el punto de reunión es el Monumento a la Madre y marcharán rumbo al Ángel de la Independencia, en dicha marcha honrarán la memoria de Tere Magueyal, madre buscadora celayense. ¡Que encuentren respuestas, consuelo y paz!