Por: Ara Morales
Los programas sociales se han publicitado como una fórmula generosa para atender la pobreza, pero a ciencia cierta, desde 1994 al 2018, solo sirvieron para enmascarar el gran despojo legal del patrimonio nacional en favor de una minoría, y para hacer más pobres a los pobres.
Los programas de apoyo a las mujeres y hombres de México ya han existido en gobiernos pasados, pero las intenciones e intereses que los han motivado son distintos. Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), creó el programa SOLIDARIDAD, para “el mejoramiento de vida de los grupos de población de menores ingresos”.
En ese supuesto, la estrategia tenía como eje el beneficio a las comunidades, pues los recursos entregados, eran administrados por comités comunitarios. El programa se concentraba en la construcción de infraestructura. Carlos Salinas dijo que se gastaron 52,000 millones de pesos en su sexenio. De acuerdo con información del Coneval, su gestión al finalizar tuvo un porcentaje de pobreza de 52.4%.
Pero, lo cierto es que ese programa social, encubrió la entrega, vía desincorporación y privatización, de 390 empresas del Estado –incluyendo el sistema bancario- como Aeroméxico, Fundidora Monterrey, Telmex, que dieron origen a 23 grupos económicos privados, con un capital de 41 mil 900 millones de dólares durante su mandato. Como usted deducirá, para los millones de mexicanos en la pobreza fueron los centavos, para una élite, miles de millones de dólares. De este modo comenzó el gran despojo nacional.
Con Ernesto Zedillo Ponce de León (1994-2000) se colapsó la economía de nuestro país, por lo tanto, los índices de pobreza se dispararon de 52.4% en 1994, a 69% en 1996. El malestar social provocó que reemplazaran en agosto de 1997, el programa Solidaridad, por el Programa de Educación, Salud y Alimentación: Progresa. Ahora, las comunidades rurales recibirían de manera directa y en efectivo el dinero, el cual estaba condicionado al cumplimiento de aspectos de salud y educación. Durante su mandato en el programa Progresa gastaron 516 mil millones de pesos.
Con Zedillo se llevó a cabo la privatización de los ferrocarriles y ésta se hizo bajo un esquema para favorecer a Ferromex, Ferrosur de Grupo México, Peñoles, Transportación Ferroviaria Mexicana (actualmente Kansas City Southern de México), se entregaron 22 mil 130 kilómetros de vía y para finales de la década de los 90´s el 95% del sistema ferroviario nacional.
La caída del sistema financiero y la quiebra de los bancos fue conocida como “el error de diciembre”, pero los dueños no perdieron un centavo, sus deudas fueron absorbidas y pagadas con creces con el dinero de la Hacienda pública, y siguieron ellos con el negocio bancario. Al rescate del club bancario conocido como Fondo Bancario de Protección al Ahorro, Fobaproa, el gobierno abonó dos veces más la cantidad usada para PROGRESA. A la fecha se han pagado cuatro veces más, es decir, 2.5 billones (2.5 millones de millones). Se piensa que el gobierno federal terminará de pagar el rescate bancario en el 2047.
El rezago social, o pobreza, al final del sexenio del priista Zedillo, fue similar al inicio de su sexenio. Pero el “error de diciembre” de hace treinta años, fue de tal impacto que dejó más pobres a los pobres, y a la clase media la hundió en deudas.
La llegada de Vicente Fox a la presidencia fue el resultado del apoyo al FOBAPROA, y la desincorporación y privatización del patrimonio nacional, pactado en su momento por Felipe Calderón cuando fue presidente nacional del PAN. El cambio de partido político aliviaba la tensión social, pero mantenía las dos líneas de acción de los gobiernos anteriores: una, sostener “los programas sociales”, pero diversificar las dadivas; dos, continuar con las privatizaciones y desincorporación de las empresas patrimonio de la nación, en favor del club de los magnates.
La continuidad estaba pactada, así que el programa Progresa continúo durante los dos primeros años de su mandato, pero en marzo de 2002, cambiaría de nombre, ahora se llamaría Oportunidades, e incluiría a familias pobres de zonas urbanas.
De acuerdo con información oficial, se incrementó el presupuesto para Oportunidades en 70% en comparación con el último año de Zedillo, por lo que se gastó en total 796 mil millones de pesos. Al término del sexenio de Vicente Fox, la pobreza bajo a 42.9%, pero creció nuevamente los negocios de las familias de élite.
Con Vicente Fox, la entrega del patrimonio nacional siguió, y la lista de los magnates de Forbes creció, entre otros con: Aseguradora Hidalgo, se privatizó por 32 mil millones de pesos; 27 ingenios azucareros por 15 mil 473 millones de pesos; con Mexicana de Aviación por una ganga a Gastón Azcárraga por 6 mil 432 millones de pesos; por la privatización de Banamex, el gobierno entregó 35 mil millones de pesos y favoreció la omisión de pago de impuestos; se otorgaron beneficios abusivos a asociaciones como “Los Amigos de Fox”, ya que se demostró que recibieron más de lo que reportaron y fueron multados por el INE con 500 millones de pesos; y “Vamos México”, que de acuerdo a reportes de la SHCP recibió cada año 37 millones de pesos en donativos; se ocultaron fraudes de la empresa Oceanográfica por 5 mil 200 millones de pesos que involucró a los hijos de la señora Martha Sahagún. Muchas de estas anomalías siguen actualmente en el debate jurídico y político. Lo cierto, es que esas acciones tuvieron un agravio a la Hacienda Federal, y se calcula solo de lo anterior, más de 93 mil millones de pesos.
De tal manera, que Oportunidades también fue un distractor para beneficiar al selecto clan de amigos del Pan y del Pri.
Si lo anterior no fuese suficiente, se entregaron concesiones mineras hasta alcanzar el 15% del territorio nacional a empresas como Peñoles, Parreña y Fresnillo, de Alberto Baillères, así como a Minera del Norte de Altos Hornos de México, de Germán Larrea, el costo es incuantificable, y, además, son una interrogante, las ganancias millonarias de las compañías por la explotación y beneficio de los materiales extraídos.
Así bajo una promoción excesiva, el programa Oportunidades también fue un distractor para beneficiar al selecto clan de amigos del Pan y del Pri, esos sí eran los amigos de Fox.
Con el cambio de gobierno, ahora encabezado por Felipe Calderón, mantuvo no solo la alianza PRI-PAN, sino también la política de administrar con la mano izquierda la pobreza, a través de Oportunidades, y con la mano derecha acrecentar la riqueza de la élite.
Los programas sociales, hasta esa fecha habían sido un éxito político electoral. Así que Oportunidades no solo se mantuvo, sino que fue ampliado. A partir de 2007 el monto entregado a cada familia pasó de 529, a 830 pesos hasta finalizar el 2012. Además, incluyó nuevos apoyos alimentarios a familias que no eran parte del padrón de Oportunidades. En su sexenio se gastaron en el programa Oportunidades más de 1 billón 860 mil millones de pesos, el doble que gastó Fox.
Parecía imposible seguir exprimiendo el patrimonio nacional, pero Felipe Calderón, fue más allá: entregó otras 21 millones de hectáreas a empresas mexicanas y canadienses dedicadas a la minería para extraer oro y plata; se incrementaron los contratos de Pemex a empresas extranjeras; desaparecieron Luz y Fuerza de México dejando más de 43 mil trabajadores sin su fuente de trabajo; se le entregaron contratos leoninos a Iberdrola y Odebrech para la generación de energías, y administración de agua.
Si lo anterior, no hubiese sido suficiente, la seguridad nacional se comprometió al crear la PFP, y al usarla para protección del crimen organizado. A ese amparo, hubo otros negocios de cientos de millones de pesos como la privatización de las cárceles, pagando 2,400 pesos diarios por espacio-reo, independientemente de que se ocupara o se mantuviera libre. En este tema, la farsa de la guerra en contra del crimen organizado no solo desangró al país, sino quebró la seguridad y debilitó la economía.
De acuerdo con el sexto informe de Gobierno de Calderón, Oportunidades y el Programa de Apoyo Alimentario beneficiaron a 6.5 millones de familias. Al terminar su gestión en 2012, los niveles de pobreza patrimonial aumentaron a 52.3%, porcentaje similar al dejado por Salinas de Gortari, 18 años antes, y en relación al gobierno de Fox, aumentó en 10.6%. Y claro, los acuerdos de origen entre el Pan y Pri, siguieron disfrazando la pobreza de millones de personas, y aumentando la inocultable riqueza y poder político de unos cuantos nombres y apellidos.
Con la llegada del priista Enrique Peña Nieto la continuidad política y económica, se reformuló en virtud de las nuevas exigencias económicas de carácter global. En lo político se amplió la alianza con el PRD para obtener la mayoría calificada en las Cámaras. El programa Oportunidades se convirtió en Prospera que articulaba y coordinaba la oferta institucional de programas y acciones de política social, incluyendo aquellas relacionadas con el fomento productivo, generación de ingresos, bienestar económico, inclusión financiera y laboral, educación, alimentación y salud. Pero su proyecto nacional de gobierno se concentró en impulsar Reformas constitucionales en energía, competencia económica, telecomunicaciones y radiodifusión, Hacendaria, financiera, laboral, educativa, Penal, Amparo, Política-electoral, Transparencia, y Seguridad Social.
Con la necesidad de arropar y proteger las REFORMAS que seguirían beneficiando a la élite nacional, y extranjera aumentaron el nivel de publicidad; se entregaban dádivas atractivamente presentadas para jóvenes estudiantes, mujeres embarazadas, apoyos al sector agropecuario. El costo publicitario creció y el presupuesto de PROSPERA decreció.
Las reformas constitucionales eran de enorme interés para la asociación política y económica de este grupo intocable. Había una razón muy poderosa, tan solo el patrimonio en cuanto a hidrocarburos y energías tenía un valor de más de 3.9 billones de pesos. Para tener una idea del contraste, los apoyos sociales vendrían a ser el 11% del valor del patrimonio energético nacional que comprometió el gobierno de Peña Nieto.
En el programa Prospera de Peña Nieto de acuerdo al BID se invirtieron 75 mil millones de pesos anualmente, es decir 450 mil millones de pesos en todo el sexenio. De acuerdo con datos de la presidencia de la República en 2018 el porcentaje de pobreza era de 41.9%, y en pobreza extrema había 9.3 millones de personas. Lo extraordinario fue que el presupuesto de Prospera, fue menor al de Ernesto Zedillo por 66 mil millones, 346 mil millones con respecto al de Fox, y 4.5 veces menos que el de Felipe Calderón, esto lo disimuló con publicidad y sobornos a los grupos legislativos aliados. Tan solo de publicidad gastó 60 mil 237 millones de pesos durante su mandato.
El modelo seguía funcionando a la perfección, simular beneficios hacia la población a través de los programas sociales, mientras que, de manera muy calculada se entregaba el patrimonio nacional, y se hipotecaba el desarrollo social beneficiando a un grupo de empresas nacionales y de rango global. Las supuestas bondades de dichos programas sociales tenían además un sesgo muy importante, el político electoral.
Los programas sociales fueron utilizados para cooptar beneficiarios que engrosaran las listas de votantes, seguros y manipulables. Esto lo podían realizar porque las entregas eran selectivas y condicionadas. Mataban tres pájaros de un tiro, mantenían el poder político, beneficiaban a una élite que los beneficiaba a ellos, y mediatizaban el malestar social de la pobreza, y del verdadero ascenso de la clase media.
Los resultados hablan por sí solos, y de manera muy gráfica los podemos dividir en dos etapas, y una tercera en proceso. La primera con los resultados del PRI de 1929 a 1982, que son generadores de instituciones y empresas sociales, pero que finaliza con 32.1 millones de pobres de un total de 69.2 millones de habitantes. La segunda, de 1982 al 2018, que se centra en la entrega del patrimonio público a particulares, que se disfraza, a través de los programas sociales, o entrega de dinero en efectivo, dejando como resultado 52.4 millones de pobres de una población total de 124 millones de personas.
La simulación del combate a la pobreza fue además un mar de corrupción, como ejemplo queda el programa “Cruzada contra el Hambre” donde se gastaban cada año 1 mil 333 millones 348 mil pesos, para atender a 9 mil 700 personas en extrema pobreza. En seis años gastaron 8 mil 83 millones 967 mil pesos; 9.3 millones de personas en pobreza extrema ni siquiera les tocó un cero de esa cantidad.
En el 2018 la alianza PRI, PAN PRD, perdió el gobierno de la República con Morena y sus aliados; algunas de sus reformas constitucionales entran a un debate público y jurídico por estar comprometida su veracidad y legalidad, otras se negocian y se echan abajo como la Reforma Educativa.
Con AMLO los programas sociales, adquieren un rumbo distinto: se focalizan, se universalizan, y se elevan a rango constitucional. Uno de los programas sociales que tiende a estabilizar la precariedad económica, es la pensión universal para los adultos mayores de 65 años, que agrupa el programa social BIENESTAR. Solo ese programa tiene una inversión para el 2023 de 61 mil 786 millones, con Peña Nieto el presupuesto para las pensiones de adultos mayores fue de 26 mil millones, es decir creció 2.3 veces más en comparación con el gobierno de Peña Nieto. En el 2024, año electoral, crecerá 13.8 veces más en relación a SOLIDARIDAD.
En este gobierno, la clase media, la industria, y el campo también reciben un subsidio vía gasolina y diésel, hay una inversión de 300 mil millones de pesos anuales para estabilizar los precios, y desactivar uno de los factores determinantes en el fenómeno inflacionario. Ese presupuesto es 5 veces mayor que el de los adultos de 65 y más.
A pesar de encontrarse la economía global en un estado de incertidumbre social y económica por la parálisis obligada por la Pandemia, México ha librado poco a poco el reto de frenar el deterioro social, que también se expresó con el fenómeno del crimen y la violencia que había sido ocultado y solapado desde el 2008.
Uno de los argumentos para fomentar el odio, introducido en la clase media, es la idea de que la entrega de dinero a los sectores vulnerables es un dispendio y un sinsentido, pero como usted observará, quienes han sido los verdaderos beneficiados desde 1982 al 2018, fue un selecto grupo de personajes que son los que atizan el fuego para enmascarar el origen de su opulencia, y sus alianzas político-económicas con los expresidentes de la república.
Por primera vez, el club de los privilegios se quedó fuera, sus ataques estratégicamente diseñados para recuperar el gobierno han sido inútiles. Los indicadores económicos y sociales empiezan a ser positivos; y el enorme apoyo social al gobierno, a pesar de retos no superados como el de la inseguridad, es fundamental para incidir en la recuperación de la autonomía política. Es decir, para que el gobierno nunca vuelva a ser el alcahuete del club de los privilegios, y responda de verdad a los intereses ciudadanos.
Los números no votan, no mienten, solo revelan resultados y usted ahora los tiene a la vista. Pero lo cierto, es que ningún apoyo social para aliviar los efectos crueles de la pobreza es una solución; y mientras no se ascienda hacia rangos de justicia, equidad, e igualdad económica para todos, es necesario mantenerlos, cuidarlos, y procurar que sean un escalón hacia la construcción de un México diferente. Estamos lejos, pero vamos en camino, vamos a intentarlo.
AL FINAL.
¿Qué tiene de GRANDEZA para las mujeres recibir mil pesos al mes, para seguir con la misma incertidumbre, con el miedo, con la violencia, con los mismos que las han empobrecido?
