Opinión

LA CUARTA Y LA ÚLTIMA. Doble o nada.

José Luis Ramírez

Una vez que termina la elección, ni el elegido ni el elector son el mismo personaje. En octubre pasado señalaba que México es vulnerable por la rapaz y sistemática depredación de la seguridad, y patrimonio nacional que hicieron los gobiernos anteriores. Además por el desgaste de las estructuras políticas y jurídicas, que fueron penetradas para el servicio de las grandes corporaciones que vivían en la impunidad fiscal, y para el crimen organizado de cuello blanco, y el de manos ensangrentadas.

Escribí que la estrategia de acumulación de fuerzas para que ganara la elección el señor López fue acertada, pero que no fue igual en el diseño y composición de su gobierno, porque mientras su primer círculo fue creado con personajes de gran experiencia política, incluyendo a priístas y panistas, en los niveles medios y bajos, había sido un fracaso. Eran los tiempos de la euforia y soberbia que las encuestas no registran.

Señalaba que su estrategia de concentrar el poder institucional en la cúspide, y desde ahí hacer llegar directamente los beneficios de su gobierno a la población, y del mismo modo trazar políticas y acuerdos con los gobiernos estatales y municipales, impidió advertir acciones de contragolpe de la elite nacional. Mencioné que las acciones del gobierno federal que afectaban los intereses de los círculos de poder, se opacaban ante la opinión pública con historias construidas en el ataque personal al señor López.

He repetido que los cambios sociales contemporáneos no son de un día para otro, los entramados jurídicos, culturales, económicos son complejos, y requieren procesos que pueden durar diez o veinte años cuando existen las fuerzas que los impulsen. Hay sectores de la población que ingenuamente ven en los actos de gobierno del señor López una amenaza a sus intereses, lo cierto es que no hay razón, lo mas que ha hecho es intentar combatir la corrupción de las élites, que desde luego, no es un asunto menor.

Con el cierre de la campaña electoral, ha comenzado el segundo y último tiempo del gobierno obradorista, quien piense que estamos en la antesala del paraíso democrático, y económico, debo decirle que ni siquiera hemos tocado la puerta. La herramienta de construcción y organización social que lo haría posible, me refiero al Partido Morena, llega desorganizado, sin estructura, sin cohesión interna, sin institucionalidad, sin liderazgos, con un nivel de arrogancia, mezquindad y ambiciones personales inaceptables.

Cualquiera que sume o reste, podría decir que el movimiento obradorista es más fuerte porque ganó mas gubernaturas, si lo vemos como acumulación de fuerza personal, tiene sentido, pero si lo vemos en contraste con el pasado, solo se repite la misma historia, llegan más protagonistas tan iguales o idénticos que solo cambian los nombres.

Lo hecho hasta ahora por el señor López, ha sido una intensa actividad para mitigar la desigualdad económica con la entrega de apoyos económicos; en la guerra contra  la corrupción y la inseguridad, tiene claroscuros que dejan entrever un gobierno débil, que no puede o no quiere meter las manos a fondo;  en el desarrollo económico, ha colocado su atención en redireccionar acciones de pasados gobiernos, como el aeropuerto, o intentar reconstruir sectores de la economía que se habían dejado en el olvido; los propósitos políticos enmarcados en cambios legislativos han sido enfatizados en la revocación de mandato presidencial, y el juicio a los expresidentes como una manera de ganar apoyo popular.  De cierto, había otros temas de mayor importancia como la seguridad y la salud, que tienen al filo de la navaja a la población

Al gobierno obradorista le faltan dos años para que concluya. Hasta ahora, le ha sobrado discurso y le ha faltado concreción, en ningún tema de importancia nacional fue a fondo. En 24 meses no hará, lo que no hizo en 48, la reelección está a la vista como un medio de continuar con el discurso de reconstrucción de las instituciones y el Estado, pero Morena no termina por madurar, y el señor López poco cree en la fuerza partidaria, el pueblo anónimo es su fortaleza, pero en la historia no siempre el pueblo ha tenido de su lado la razón, ni los líderes que necesita.

Revolcadero.

Los ciudadanos Paniagua y Mendoza comen pan, y en el mismo plato. ¿Quién comerá la manzana envenenada?