Opinión

GOBERNABILIDAD Y TRANSPORTE, Doble o nada.

Por: José Luis Ramírez

Moverse y mover es el tema del siglo XXI, la diferencia es que las condiciones han cambiado porque se ha desarrollado una industria del transporte. Es decir, hay un comercio y por lo tanto hay vendedores que otorgan este servicio. Como todo producto, tiene un costo, y ese costo debe reflejar la calidad o las bondades que ofrece como eficiencia, confiabilidad, comodidad y seguridad.

El transporte público está ligado a la infraestructura que desarrolla el gobierno en cualquiera de los tres niveles, municipal, estatal y federal. Y claro, está regulado. Eso significa, que como cualquier mercancía que adquirimos debe tener un estándar de calidad, acceso y cobertura. Y además, debe cumplir con normas muy precisas en cuanto a le emisión de contaminantes y seguridad en su funcionamiento.

Igualmente, el transporte debe estar vinculado a la articulación laboral, recreativa, educativa, a la salud, en ese sentido, la planeación municipal debe estar enfocada en conjuntar estos espacios para reducir el estrés urbano.

Hoy el transporte ha pasado de ser un objeto de carga con cuatro ruedas, para formar parte de la prosperidad, y la calidad de vida de los habitantes de la ciudad. El grave problema, es que tampoco hay un concepto de ciudad, el peso de los años y la inercia nos ha retrasado. De 35 mil habitantes, hemos brincado a 500 mil habitantes en menos de 40 años. Llegamos tarde al siglo XXI.

Tenemos un transporte urbano y rural que si fuera bueno, seria barato; pero es muy malo, lo cual resulta muy caro. Durante los últimos treinta años, la ciudad ha transitado de las famosas “combis” a los autobuses genéricos. Prácticamente, solo hemos tenido tres generaciones de transporte de pasajeros, e incluso todavía circula un tercio de ellos.

El centro histórico, hasta nuestros días, sigue siendo el núcleo de la movilidad de la ciudad. Ejemplo de ello, son las dos trampas mortales en donde se ubican los paraderos mas importantes de la ciudad: el mercado Hidalgo y el mercado Morelos. ¿Si tenemos un precario desarrollo urbano, por qué deberíamos tener un sistema de transporte impecable?

Como he señalado, el transporte tiene un costo, que siempre ha estado a discusión entre los comerciantes del transporte, la administración municipal como el organismo que permite el servicio, y los usuarios. Generalmente se pone en el debate el tema del costo, y las excepciones en el pago, pero nunca un estándar de calidad. Por eso seguimos amarrados al pasado, alimentando un sistema de transporte obsoleto.

La mayor innovación de este siglo en Celaya, fue la tecnificación del transporte, que consistió en desarrollar un mecanismo computarizado de control numérico y estadístico, que se activa al pasar la tarjeta de pago por un lector (SIBE). Eso le permitió al comerciante obtener información muy precisa sobre la venta de traslados, y sobre sus ingresos. Hoy sabemos cuántos traslados realizan: “preferentes”, de estudiantes, adultos mayores, ordinarios, y para personas con discapacidad. Una estadística muy completa que incluye cuales son los puntos de abordo mas importantes, pero en la práctica no ha motivado cambios en la calidad del servicio de transporte.

La tecnificación, sumada a una creativa administración a partir de la estadística generada supondría que los gastos de seguros, mantenimiento, pago de comisión por el servicio de tarjeta de prepago, pago de comisiones a los operadores, y el diésel que integran el costo del servicio, tuviese un impacto favorable para la ciudad y no solo para los usuarios y empresarios.

Existe un sistema conformado por 584 autobuses, se incluyen todos, incluso los que aún no contaban con el equipo de control de pago. Al realizarse la tecnificación en todas las empresas arrojaría una estadística que disminuiría la cantidad de autobuses, dado que se tendría una radiografía de usuarios, puntos de consumo, y horarios. Al bajar el número de autobuses, que realizan recorridos sin usuarios, se optimizarían los servicios y el ingreso. A mayor número de usuarios por autobús, mayor ingreso por unidad de transporte, y en una hipotética idea, podría empezar en serio la modernización del transporte.

Como usted lo sabe, el tiempo de vida útil de un autobús de pasajeros es de diez años, mas dos años de prórroga. De acuerdo a versiones oficiales, existen 191 autobuses que han consumido su vida útil y su prórroga, de tal manera que deberán salir ya del sistema, y hasta donde sé, siguen en servicio. Pero la condición para cambiarlos, casi siempre, es el aumento de las tarifas.

La reposición de dichos autobuses chatarra, por otros “genéricos”, señalan los enterados, tiene un costo aproximado de dos millones de pesos por cada uno, sin embargo, los cambios siempre son muy “austeros”, dado que su eficiencia, confiabilidad, comodidad y seguridad no pasa la prueba ciudadana, y en una buena cantidad de casos, la Norma Oficial.

En noviembre del 2019 se firmó el convenio marco entre el Gobierno Municipal, el Gobierno del Estado y las 13 empresas concesionarias del transporte público que operan en el municipio, para la armonización de las rutas, los horarios de servicio, la validación de la demanda diaria y permitir al usuario concluir la totalidad de sus viajes con una combinación de rutas. Pero al día de hoy nada ha pasado.

La pandemia, como en otros aspectos de la economía municipal, impactó seriamente el sistema de transporte, porque la movilidad de las personas se disminuyó drásticamente, generando menores ingresos, y mas unidades chatarra. La modernización del transporte no se logrará, salvo que se cambie el circulo vicioso que solo favorece a la clase política, que ha encontrado en los transportistas un medio de apoyo para sus propósitos electorales.

Los aumentos del precio del transporte sin mejorar la calidad del mismo, van en detrimento de la aceptación y legitimidad del gobierno municipal. Si bien, hay otros factores como el de la seguridad, que han agotado la confianza ciudadana, el del transporte no es menor. Las elecciones están en puerta, o se rompe el círculo vicioso, o nos moveremos en carretas.

Revolcadero.

La ciudad está bajo fuego. Los políticos tradicionales afinan sus discursos trianuales y matracas.