(Breve crónica de un mal disimulado cártel inmobiliario)
Por Íñigo Javier Rodríguez Talancón.
“Un político pragmático es aquel dispuesto a vender a su madre si recibe una buena oferta…” (Dicho de mi cosecha).
Quienes ahora pretenden compartir “el pan y la sal” con el alcalde electo, se han adelantado a decirle que “están muy dispuestos a cerrar filas con él por el bien de Celaya”, y le proponen grandes proyectos que, según ellos, harán del terruño un centro vital de la Patria, son los mismos convenencieros que antes fueron del PRI, después gustosos y sin pudores se pasaron al PAN, y ahora, ante la derrota y la irreversible decadencia de este partido, buscan acercarse muy gentiles a Morena como si nada hubiese pasado…
Para tener bien claro quiénes son todos estos avispados logreros, es importante recordar de dónde vienen y qué han hecho: porque la corta membresía de este cerrado grupo de negociantes y especuladores inmobiliarios, el susodicho “Club de Toby”, que tramposamente se ostentan como los ínclitos representantes de todo el colectivo empresarial de Celaya, han hecho del deplorable desorden territorial y urbano que es nuestro municipio su principal negocio…
Y es que a los municipios les corresponden importantes facultades constitucionales (Artículo 115 de la CPEUM), exclusivas a los otros poderes públicos (federal o estatal); me refiero a las facultades de los ayuntamientos para decidir sobre los usos de suelo, la creación y administración de reservas territoriales, y la regularización de la tenencia de la tierra urbana; así que posesionarse de todas la decisiones de gobierno respecto a estos tres importantes rubros gubernativos, ha sido su mayor tentación, y su principal consigna.
DE este modo, se han podido adquirir grandes predios rurales y suburbanos a precio de ganga, y que por el simple hecho de que el ayuntamiento les cambie los usos de suelo, su valor original se multiplica por 10, 20, o más; esto que a ellos les parece un negocio muy legítimo, es en realidad un robo al que se han prestado dócilmente todos los ayuntamientos de mayoría panista (…)
Por otra parte, y como complemento de lo anterior, este reducido clan de traficantes inmobiliarios ha procurado que los ayuntamientos NUNCA ejerzan sus facultades para la creación y administración de reservas territoriales de acuerdo a criterios de interés general, como TAMPOCO intervengan directamente en la regularización de la tenencia de todos esos grandes predios suburbanos que ahora se malbaratan; de este vacío gobernativo se ha nutrido el actual desorden inmobiliario permitiendo la proliferación de todo tipo de abusos y prácticas ilegales, buscado siempre que los valores de todos esos predios se mantengan en el suelo.
Pero ¿cómo han podido hacer todo esto? Pues, de inicio, con presiones y chantajes de todo tipo a los ingenuos gobiernos panistas surgidos de su base (Rivera, Hernández, López y Paniagua) que, aprovechándose de su ignorancia y relativo aislamiento social, les impusieron condiciones inaceptables: la designación por ellos mismos de los directores de Desarrollo Urbano, IMIPE y JUMAPA, y también de estos dos últimos, a los integrantes de sus respectivos consejos directivos.
Así que es necesario señalar que varios de esos burócratas son y han sido sumisos empleados al servicio de los intereses particulares de estos pretendidos nuevos “señores feudales”, pero con cargo al presupuesto del Municipio.
Y, como segunda argucia, seduciendo a los candorosos gobernadores panistas (Oliva, Márquez y Rodríguez Vallejo), haciéndoles creer la fullera versión de que ellos, y sólo ellos, son los genuinos representantes del empresariado celayense, personas de conductas impecables y con alto reconocimiento social, y que además comulgan casi religiosamente con todas las políticas de desarrollo económico de aquellos; con estas mentiras adquirieron la influencia política necesaria en la han apoyado sus abusos e inconfesables prácticas.
Por último, y para constituir una plataforma permanente de control sobre todas las decisiones gubernativas relativas a los ámbitos del desarrollo urbano, suburbano y rural, impusieron en la alcaldía al inefable Ismael Pérez Ordaz –la Iglesia le fue entregada a Lutero-, consolidando así la expansión de sus injustos negocios.
Sin embargo, esta muy particular bonanza no podía ser eterna, pues el PAN, merced a la corrupción que le ha caracterizado y a las subsecuentes malas gestiones administrativas inició pronto su declive electoral (a partir de la elección de 2012); declive que intentaron frenar a través de fraudes que al final les resultaron muy costosos en lo político (…)
Así que tuvieron que recurrir a medidas in extremis: llevar a la alcaldía a un personaje turbio como Javier Mendoza. Pero nunca presupuestaron su estrepitosa derrota, al pretender reelegirlo. Con este hecho duro que a partir del mes de octubre comenzará a volcar todas sus consecuencias, y frente al desafío de cómo administrar su derrota, buscan ahora teñirse de guinda ejerciendo una vez más su consabido pragmatismo… ¡No se lo cree ya nadie!
