El lunes 11 de octubre, en su primer día de trabajo formal, el ciudadano Mendoza Márquez, presentó al Secretario de Seguridad, Jesús Rivera Peralta. Sonriente como siempre, enalteció a quien días antes había mencionado como uno de los cinco policías con mas alta calificación en el país. Los enterados de estos asuntos, me dicen que eso no existe, pero bueno.
Comenzó la conferencia a las 11 de la mañana, duró 26 minutos, la mayoría del tiempo lo usó el ciudadano Rivera, para explicar en un discurso más político que técnico, sus compromisos. En el lado contrario, sentado a un lado del ciudadano Presidente, el Secretario del Ayuntamiento, Jorge Gámez solo observaba con un gesto preocupado e inquieto las reacciones de los periodistas. El guion tenía que funcionar.
La atención se centró en el ciudadano Rivera, quien impecable vestido con un traje gris, exhibiendo su reloj de moda, y exultante, no desperdiciaba un segundo para mostrar su elocuencia frente a las preguntas incisivas. Sí algo sabemos en Celaya, es preguntar, y si algo sabe el nuevo secretario es responder como político.
Orondo, con un discurso fluido, y a contragolpe atajaba las preguntas, señaló: “Sabemos perfectamente que es lo que necesitamos hacer para recuperar la paz y la seguridad en Celaya y sus alrededores…”
El ciudadano Javier, disminuido en su expresión corporal, escuchaba atento las respuestas de su Secretario de Seguridad en el que habrá de confiar, no solo su seguridad personal, sino su responsabilidad jurídica. Según la Ley Orgánica Municipal, en su Artículo 77 señala que el presidente municipal tendrá las siguientes atribuciones: “Tener bajo su mando, los cuerpos de seguridad pública y tránsito municipal”.
Retador y con plena confianza, el Secretario de Seguridad, mostraba que él, llegó a mandar. Señalaba enfático: “Tenemos una estrategia perfectamente definida, una estrategia enfocada a la seguridad ciudadana, vamos a ciudadanizar la seguridad”. Y de pronto una política pública aparecía, ante los azorados ojos de los ciudadanos Mendoza y Gámez: “realizaremos foros con los ciudadanos para conocer de cerca los problemas que tienen en materia de seguridad”. La pregunta obvia me apareció: ¿Cómo se tiene una estrategia perfectamente definida, si no conoce de cerca los problemas de seguridad?
Las preguntas de los reporteros se atropellaban, y solo el ciudadano Mendoza intervino para ordenarlas. Preguntaban, ¿el diagnóstico de la policía como se encuentra? Su respuesta fue lacónica: “es un honor ser policía”. Y en relación a los atropellos, robos a la ciudadanía que le adjudican a los Fedespales, la pregunta obligada llegó: ¿Qué va hacer para que la gente recupere la certeza de una policía limpia y confiable? Su respuesta fue de guion de televisión: “estamos fortaleciendo los órganos internos de fiscalización”.
Casi al final de su larga exposición dijo: “qué nos digan nuestras verdades… para recibir aplausos no venimos”. Y de cierto, una hora y media después, habló la verdad con su boca de fuego, a las 12.54 en el tianguis de los Naranjos cinco comerciantes, dos mujeres y tres hombres fueron heridos con armas largas. La impunidad hizo gala, el temor y la posibilidad de morir asesinados se repitió como un eco al que ya casi estamos acostumbrados.
“Nosotros vamos hacia adelante, no vamos a perder el tiempo”, había dicho minutos antes el ciudadano Rivera, “el pasado no lo podemos cambiar estamos construyendo el futuro…” Pero el presente se le olvido, y en segundos, el miedo y el terror se apoderaron de los comerciantes, de los compradores, de la ciudad.
Las horas pasaron del día lunes, el atentado público no les mereció la mínima preocupación, no hubo ningún pronunciamiento. Otra vez las palabras del ciudadano Rivera resonaban en el aire, Juan Hernández le había preguntado: los celayenses ya estamos acostumbrados a los muertos, ¿con usted qué resultados vamos a tener? La respuesta fue efusiva y florida: “vamos acostumbrarnos a la vida, a la seguridad…” El discurso estaba funcionando, pero la realidad lo había rebasado y se llenó de sangre… La elocuencia del ciudadano Rivera había sido impecable: “Que quede bien claro, jamás en ningún momento, la seguridad de los ciudadanos de Celaya se va a ver comprometida nunca”. Hora y media fue suficiente para que se desmoronará el discurso.
Me parecía que los hechos sangrientos de mediodía merecían quizá una reflexión, o una revisión sensible, y que hubiera un pronunciamiento pero la espera fue en vano. Ya entrada la noche apareció una imagen en redes sociales, que me remitió a las viejas prácticas sesenteras de los políticos priistas, estaba el ciudadano Mendoza Márquez muy sonriente, flanqueado por dos hombres vestidos de charro, Ramiro Arreguín y Carlos Navarrete, al fondo del bodegón se aprecian mesas con decenas de invitados de la comunidad de Rincón de Tamayo. Parece una foto más antigua que el 15 de septiembre de este año, o quizá más… mucho más. Pero no, había un mensaje para felicitar al nuevo Presidente.
Revolcadero.
Es muy pronto para decir que seguimos peor o igual, ¿Pero qué pensarán las personas heridas el día de ayer?
