Celaya: Ciudad Gótica
José Luis Ramírez
Seguramente al leer el título de esta columna, usted estará haciendo un rápido ejercicio de memoria para ubicar esos detalles artísticos en nuestra ciudad. Y claro, sobre todo los arquitectónicos como el arco ojival, los pináculos y las elevadas agujas de las catedrales góticas, que caracterizan a ciudades españolas como León, Burgos, Toledo, Gerona, Barcelona o Sevilla.
Pero no, ésta que menciono es la ciudad que replica en la realidad el escenario ficticio de una revista surgida en los años cuarenta donde las guerras entre las bandas, los robos, los asesinatos y secuestros son cotidianos. Donde el crimen organizado y la locura de sus personajes son cobijadas por la oscuridad, a veces simplemente para sembrar el caos y el terror.
Hace unos años era impensable que nuestra ciudad se quedará pasmada por el pánico, pero hoy el miedo se ha adueñado de sus habitantes. Solo durante esta semana, dos actos han cimbrado nuestros pensamientos: dos cajeros automáticos fueron arrancados de sus bases, utilizando cadenas para luego ser transportados en una camioneta con rumbo desconocido, era de madrugada; ayer en la noche, cuatro personas fueron ejecutadas en un domicilio privado. Dos notas coronan la semana, un policía de Celaya es vinculado a proceso por la desaparición de dos personas, y la declaración de la ciudadana Paniagua: los ladrones –de los cajeros automáticos- son profesionales.
Una última semana que se va repitiendo con mayor o menor casos de nota roja, pero que en lo general hablan de escenarios del crimen. ¿De qué cabeza pudieron haber salido las ordenes de inundar el cauce del río laja con cadáveres? ¿De qué cabeza salió la idea y la orden de bañar de pánico la ciudad con los avisos de extorsión? ¿Cuáles villanos de Ciudad Gótica serían capaces del desbordamiento de la violencia criminal, ya fuera del relato de ficción? Pienso en cuatro, “Espantapájaros”, “El Pingüino”, “El Acertijo”, y el infaltable, Guasón.
La creación de la Secretaria de Seguridad Ciudadana hace 44 meses, explicaron en su momento sería “para que haya una mejor coordinación entre las diferentes dependencias de seguridad, así como intercambio de información, prevención de la incidencia delictiva, mejor aprovechamiento de los recursos pero sobre todo, mayor proximidad con la ciudadanía”. Su primer director duró en el cargo un año tres meses, y a partir del 10 de agosto del 2017 hasta la fecha su titular sigue siendo el mismo.
Este mando, por encima del Director de seguridad publica tradicional, supondría ser el organismo medular en donde se diseñaran las estrategias de contención y prevención de la violencia y la delincuencia. El cerebro, en pocas palabras.
Desgraciadamente, la policía no da señales de vida. El actual director y responsable de la seguridad ciudadana, tiene dos años al mando, pasando de la administración del ciudadano Ramón Lemus, a la actual, de la ciudadana Elvira Paniagua. Cada semana que va creciendo la ola delictiva, el discurso oficial es como si estuvieran comenzando, o partieran de cero con la actividad estratégica en la prevención del delito.
Pero tampoco el actual director de la Secretaria de la Seguridad Ciudadana está solo en esta administración, Roberto Hugo Arias, repite por tercera vez en un puesto de extrema complejidad y gobernabilidad, la Secretaria del Ayuntamiento, además fue Secretario de Seguridad Pública durante el periodo 2012-2015, con el exalcade Ismael Pérez Ordaz. Desde su actual posición no podría, pero además no debería estar al margen del tema mas importante de esta administración, la seguridad, y su consecuencia: su fragmentación, que se va transformando cada día en una crisis de gobernabilidad. La ciudad de la luz, del oro del bajío se va convirtiendo en la ciudad de las sombras, la ciudad de la noche. El Guasón desde una ventana se sonríe, y seguramente ve como se transforman los rostros ciudadanos al llegar la noche.
Sin lugar a dudas contar el número de los delitos y señalar su impacto en nuestra vida cotidiana, nos permite crecer nuestro temor, o pensar en una solución. Pero la lógica mas simple nos dice que si tenemos un área encargada de prevenir los actos que atentan contra la vida y el patrimonio, y para ello se destinan mas o menos 480 millones anualmente, eso significa que debería funcionar correctamente. Y quizá, cuando emitimos una opinión o un juicio porque somos observadores obligados de su desempeño, esto solo sea una impresión que no pasa a mayores.
Sin embargo, en esta administración se están utilizando indicadores del desempeño, por cierto, diseñados por el IMIPE, que nos muestran si objetivamente están trabajando. Le voy a dar algunos datos que nos reflejarán qué está pasando en la Secretaria de Seguridad Ciudadana, desde luego, estos son parámetros, aceptados y calificados oficialmente, le anoto: en el renglón de “Celaya viviendo la cultura de la paz”, tiene un porcentaje de cumplimiento del 11.8 por ciento; en el rubro, llamado, “Fortalecimiento de la seguridad en los espacios públicos” 65.8%; en “Mejoramiento de la percepción ciudadana de la seguridad pública” 60.1%; en “Aprovechamiento de los recursos financieros en materia de seguridad, 6.3%; en “Profesionalizar al policía” 2.1%; en cuanto a, “Tecnología para la prevención del delito” 8.5%; con respecto a, “Combate a la corrupción” 29.4 por ciento.
Y finalmente en relación al “Fortalecimiento en la seguridad y cultura vial”, y “Fortalecimiento de una cultura de protección civil y prevención de riesgos”, hasta el mes de junio no había información. Juzgue usted, si estos números, frente al drama de vivir los hechos reales, sirven para tomar decisiones de fondo y enderezar el rumbo de un área de la administración y gobierno municipal que no tiene pies ni cabeza. El próximo informe de la ciudadana Paniagua, debe ser el inicio de una limpieza profunda de su gobierno. De continuar con esta realidad que ha superado la ficción, ni Batman podrá ayudarnos.
Revolcadero.
A un año de la llegada de la ciudadana Paniagua, el edificio de la Comandancia Norte a la altura de San Juan de la Vega, que tuvo un costo de 14 millones de pesos sigue cerrado. El Guasón sigue aplaudiendo.
