José Luis Ramírez
Es verdad, no hay un político perfecto, pero sí algunos más imperfectos que otros. Dicen los que saben, que la frivolidad puede tolerarse si lo que está en juego no tiene importancia para la sociedad, pero cuando esa carencia de ideas, de convicciones, y de sentimientos profundos son lo que permean el discurso y actos de los políticos, ya ardió Troya, o lo que es lo mismo, ya se nos quemó la cajeta.
Esta jornada electoral ha sido muy paródica –parodia: imitación burlesca de un género, de una obra artística, etcétera-, hemos descubierto la transpolítica, los candidatos se placean vestidos de rosa y toman protesta vestidos de azul. Si claro, me refiero a Javier Mendoza, quien revive de los sepulcros con un discurso en contra del Pan, y ya compartiendo el poder municipal, guarda silencio ante los charcos de sangre y miedo que han cubierto nuestra ciudad. Si eso no fuera suficiente, ahora lo cargan en hombros quienes fueron omisos en darles seguridad y paz a los ciudadanos, e intentan mostrarlo como un candidato ideal. Lo cierto es que Javier no distingue convicciones, valores políticos, ideas, y en un arranque de frivolidad, de la oposición se pasa a la conformidad, al confort político. Pero se va solo, los ciudadanos que votaron por él como una opción diferente al PAN y Morena, no votaran por esa burla a la dignidad, las expresiones en redes sociales hablan de ello.
Los políticos del PAN, adictos a los cánones de la moda, han llevado al bote de la basura su filosofía, sus principios, porque lo que les importa es mantener el gobierno municipal. Su caída en las preferencias electorales les sonó la alarma de emergencia, 20 años consecutivos de mal gobierno, los dejaron sin un candidato que les garantizará la continuidad. La ironía es que seleccionan a un personaje priista que colaboró al hundimiento del PRI, y lo postulan y apoyan aquellos que hundieron al Pan. A pesar de ello, los expresidentes municipales piensan que nuevamente podrían ganar el gobierno, pero lo único que han conseguido es dividir y enfrentar entre sí, a los militantes panistas. El impulsar la candidatura de un rival, fue un reconocimiento a la incapacidad de gobernar por cuenta propia. Acordaron porque estaban débiles, y Javier no es un novato, desde el momento en que lo postulan ya perdieron el gobierno porque si llegase a ganar, se sacudirá poco a poco toda la carga panista para colocar a sus incondicionales, y si pierde, sus “lobillos” entrarán como regidores al Ayuntamiento.
Los políticos de Morena, después de meses, terminan su proceso de elección interna con saldos negativos. Anunciaron que su candidato sería por encuesta, y vimos unas muestras de frivolidad espectacular, la preocupación de ellos era la popularidad. Utilizaron desde memes banales en redes sociales, peregrinajes para pintar el pelo gratis, hasta el pirateo de jitomates para entregarlos como dadiva y aumentar el rating. Vacíos como nidos de golondrina, se exhibieron en busca de ser los rifados de la encuesta, pero en la recta final les cambiaron la jugada, y hubo una designación central: Antonio Chaurand. El eterno perdedor, se sacó la rifa del tigre, fue designado como candidato a Presidente municipal, y desde el momento de su registro, los reclamos iracundos para imponerle los candidatos a regidores no fueron pocos. Hubo gritos y presiones de Alma Alcaraz y Prieto. Los que alentaban la unidad como Ricardo Paz, amagaron y gritaron en busca de sacar una tajada, pero poco consiguieron. Las tribus morenistas están velando armas. Morena perdió la oportunidad de ser gobierno. Otra vez competirán a la sombra de Andrés Manuel, su ruta sigue siendo la mezquindad, y un discurso social solo de dientes para afuera.
Si bien el PRI, a estas alturas de su agonía no tiene mayor peso como competidor, su presencia en el Ayuntamiento y su votación anterior podrían haber sido una plataforma para evitar hundirse, pero a sus “líderes” no les importa la vida democrática, sino los sueldos seguros y demás prestaciones que les puede dejar una regiduría, por eso pelearon entre sus grupos hasta quedarse como el político de las dos tortas, sin nada. El primer candidato, Javier Contreras, conocido en el jet set político como el “patotas”, renunció, y con él se fueron los candidatos a diputados, como el “Cheque Mancera”. Entró al quite, Carlos Avilés, del equipo de Monserrat Acevedo, extraña intervención que duró solo unos días, y termino en debut y despedida. Hace un par de días, nombraron como candidato emergente a Jorge Estopellán, quien feliz como perro con pulgas, sonríe a los electores para que voten por su partido.
Hablar de Movimiento Ciudadano es ponerle moño a la frivolidad, pero bueno. Guillermo Ortiz hizo sus primeros ronroneos trabajando en la estructura territorial del PRI, y hoy es un feliz operador del partido naranja, aunque sus logros sean como los pasos de los burros necios, da dos pasos adelante, y luego tres para atrás. En este proceso electoral, a pesar de tener subsidio gubernamental, mostró que su partido está más solo que baile de difuntos. En busca de candidatos, utilizó todos sus recursos y trucos: invitó al cachador de partidos y excelente dicharachero, Carlos Trejo a ser su candidato, pero no logró ponerse de acuerdo en las regidurías. Luego invitó a Octavio Arvizu, y lo desechó porque no le daba para los votos que le permitieran obtener la regiduría -por cierto, también se pirateo su eslogan “Celaya en movimiento”-; invito al difamado y denostado empresario, Emilio Cabrera y después ya ni las llamadas le tomaba; siguió en su búsqueda, e invitó a Ara Morales y no logró convencerla de que le hiciera la campaña, y además de llevarlo a la primera regiduría; invito a Rodolfo Segura, y volvió a fallar. En cada caso, lo publicitaba o lo filtraba a los medios, y finalmente como nadie le siguió el juego, tuvo que autonombrarse candidato a la presidencia municipal.
Estas conductas parecen ser la norma social en política, pero no lo son. La política es la única herramienta para evitar que la sociedad se desmorone, cambiarla por la frivolidad es un suicidio colectivo. Banalizar el objetivo de los partidos políticos como lo hacen sus “lideres”, es inaceptable, porque no está en riesgo un salario, o la ambición de una persona o de un grupo, sino cientos de años de construcción de un sistema de derechos para vivir con dignidad, con libertad, con justicia, con equidad, con respeto, y con eso no se juega.
Revolcadero.
La candidata del PRD me recordó el episodio del ex aspirante a candidato independiente Marte Alejandro, las denuncias de sus clientes en las redes sociales, los sepultaron antes de abrir los ojos. Una menos.
