Opinión

Doble o nada

FRANCISCA, UNA LINCE AUSENTE

Por: José Luis Ramírez

Y llegaron las marchas. En esta semana dos manifestaciones pacíficas, con orden y respeto, nos recordaron como nos roban, como nos matan, como nos desaparecen sin orden, sin respeto y sin paz. El guion dictado y el boletín de prensa signado desde la presidencia municipal, salió a tratar de convencer que la civilidad ciudadana, no ha pasado a la ira y al rechazo desbordado por la omisión constitucional que los obliga a darnos seguridad en nuestros bienes  y en nuestra integridad física.

Lo cierto es que todos los días el vaso de la paciencia se desborda como los actos que atentan contra la vida. Hoy al escribir estas líneas, el recuento de la semana que acompañó a la marcha de los vecinos de la Alameda encabezada por el ahora famoso Pipo, y la marcha de los linces del ITC en busca de su compañera Francisca, es una imagen de tragedia. Y le cuento dos casos que ilustran el tema: el martes,  en el mismo lugar y en el mismo día,  en la alameda de donde partió la marcha, una camioneta es robada a mano armada. El modus operandi, se repite. Hoy jueves por la tarde un agente de tránsito y un conductor de Uber fueron ejecutados.

En contraste, la persona encargada de la seguridad municipal aparece en las portadas de los periódicos recibiendo un reconocimiento en República Dominicana. Su jefa, la ciudadana Paniagua, recibe los embates de la omisión de sus responsabilidades. En la marcha de los alamedenses albos, dio la cara y fue abucheada; el miércoles en el ITC donde se reunieron cientos de estudiantes y padres de familia, ninguna autoridad municipal, estatal o federal, tuvo la sensibilidad humana, o política de pararse a decirle a la comunidad estudiantil que Francisca sigue desaparecida, pero que la están buscando. Estamos inermes. En las calles desprotegidas, los ciudadanos respiramos el miedo que inunda la ciudad.

Estuve presente en las dos marchas. Vi un enojo que de pronto se convertía en ira, en la presidencia municipal los ciudadanos gritaron en busca de auxilio, y solo encontraron un discurso frívolo, insensible, marrullero a la vieja usanza. Pero por primera vez, los ciudadanos no se tragaron las promesas, abandonaron el lugar con la certeza de que la ciudadana Paniagua no tiene ninguna respuesta. Ellos seguramente la buscaran en otra parte y de otro modo.

En la marcha del ITC, a título personal, si eso es posible, vi acompañando a los estudiantes a Bárbara Varela, a mi tocayo José Luis, ambos regidores del Ayuntamiento. Mauricio Hernández, también regidor, marchó a un lado de nosotros los ciudadanos, un día antes escucho de viva voz de los compañeros de Francisca, la solicitud de ayuda, ellos dijeron: estamos buscando a Francisca pero estamos solos, y tenemos mucho miedo…

Francisca tiene 28 años, estudia una Maestría en el ITC, el 29 de enero fue el último día que la vieron. Desapareció en el entorno de su vivienda y el tecnológico, es un área que se reduce a una avenida y calles que topan con el campus tecnológico. Su actividad académica, es de un nivel que la coloca como alguien fuera de lo común. Sus compañeros le tienen alta consideración por su conducta estudiosa,

El tecnológico es una comunidad estudiantil muy numerosa, a lo largo del tiempo han pasado por trances muy penosos, pero nunca como ahora, porque no hay una razón que la separe del riesgo que puede tener otro estudiante o maestro. Todos están en la incertidumbre y pulsan el mismo miedo. Por eso Francisca no puede ser un numero en un expediente o en una estadística de desaparecidos. El miércoles escuche de los labios de sus compañeros, que necesitan encontrarla, porque eso es lo único que les devolverá la confianza, y les ahuyentará el miedo. Sus rostros tienen una palidez enferma y sus ojos no saben dónde colocar la mirada.

Ellos aportan los datos antropométricos y los escriben en pequeñas hojas impresas en computadora para que la gente la reconozca, para que no la olviden. Dan datos, mide aproximadamente 1 metro con 55 centímetros, cabello corto y chino, además de varios lunares en la cara. Quizá por ello su mirada de pronto se pierde tratando de encontrar las palabras para evocar su voz, el brillo de su mirada, sus gestos que sería imposible no reconocerlos. Los veo y trato de entender no las medidas frías de la talla, sino la del ser humano que esta ausente y al que le lloran sus padres.

El miércoles caminaron cientos de cachorros de lince, pedían la aparición de Francisca. Marcharon en una ruta de 500 metros, quizá el mismo espacio que caminó  Francisca cuando ya nadie supo de ella. Los jóvenes fueron llevados en silencio hacia una cancha deportiva, en ese lugar, breves y contenidos discursos se escucharon. Los directivos fueron de una brevedad insensible, solo fueron mensajeros del vacío, no tenían una respuesta, no tenían y no tuvieron ni siquiera una frase de verdadero consuelo a los estudiantes y a los padres de Francisca. Sus padres no pudieron hablar, porque el dolor les cerraba la garganta. No hubo ninguna autoridad, que les diera una esperanza.

Las instituciones y los representantes de la seguridad, de la procuración de justicia, los defensores de los derechos humanos brillaron por su ausencia. Revictimizaron a la familia de Francisca con su ausencia, la consternación y los sentimientos de aflicción que comparten miles de celayenses por cada víctima de la violencia y la delincuencia, no les importó. No solo no hicieron su trabajo, sino su miserable calidad humana quedó  manifiesta.

Francisca debe aparecer, debe llegar otra vez a su aula, debe llegar a devolver la confianza de caminar en las calles con libertad. La incertidumbre, el miedo también acorrala, la única forma de evitarlo es la unidad, el ponerse en los zapatos del otro, en sumar fuerzas. En tejer nuevamente una comunidad estudiantil que salga unida a festejar la vida, y que no espere en la pasividad el momento de llorar la muerte. Salgamos a buscar a Francisca, salgamos a buscar la libertad, que no nos sepulte el miedo. Ella eres tú.

Revolcadero.

Mas pudre el miedo que la muerte.

Carta de Alfonsina Storni a Horacio Quiroga.