Por: José Luis Ramírez
La pregunta que lo inicia todo: “Si hoy fueran las elecciones para la alcaldía, ¿por cuál partido/candidata votaría?”. Con una pregunta de esta naturaleza se han construido fama, fortuna y muy pocas veces, una historia digna de contar.
El derecho, los partidos y las encuestas
El votar y ser votado es un derecho constitucional; la nominación es prerrogativa de los partidos y la elección, de los ciudadanos. Pero no es un triángulo perfecto y las encuestas pueden ser el ángulo discordante.
Las encuestas, desde luego, son una herramienta metodológica —estadística— que tiene por objeto, en el tema político y electoral, medir las preferencias de la población por partido o candidato, o bien, la aprobación de los servidores públicos en sus funciones.
En este momento, las encuestas de preferencias electorales son un recurso anticipado, porque estamos a la mitad del desempeño de las responsabilidades de los servidores públicos que, a su vez, vienen de una elección anterior.
La preferencia electoral, desde luego, es consecuencia de su desempeño, pero si aún falta un tercio del camino, la intención parece estéril entre los buenos que parecen malos y los malos que parecen buenos. ¿Cómo se puede evaluar a quien aún no termina la tarea y ya está pidiendo otra?
Más allá de nuestros deseos o expectativas, las encuestas de intención de voto por partido y preferencia electoral por candidato circulan profusamente, pero es importante saber leer las letras chiquitas, o bien, las que no aparecen, y que revelan algo más importante: el rechazo o la indecisión de los electores que, en perspectiva, serán factores de cambio o continuidad.
¿Qué mide realmente una encuesta?
Primero. Para poder leer con claridad qué dicen esos números y porcentajes que se usan como sentencias bíblicas y confirmación de atributos inexplicables, debemos partir de lo obvio. Una encuesta electoral es un estudio de opinión pública: mide qué candidato, partido o coalición prefiere la ciudadanía en un momento determinado.
Lo que debe informar una encuesta electoral.
Segundo. De acuerdo con el Reglamento de Elecciones del INE, las encuestas deberán especificar, en la publicación misma, la siguiente información: fecha del levantamiento; población objetivo y tamaño de la muestra; las preguntas de la encuesta (cuestionario); frecuencia de no respuesta y tasa de rechazo; parámetros que no consistan en el mero cálculo de frecuencias relativas de las respuestas; indicar el método de recolección: física, telefónica, internet u otros medios; y, finalmente, el nivel de confianza y error máximo implícito en la muestra. Estos elementos garantizan que las encuestas sean instrumentos técnicos confiables y no recursos narrativos (propaganda).
Dos formas de medir la intención de voto.
Para analizar la estructura de una ENCUESTA que analiza la INTENCIÓN DE VOTO y la PREFERENCIA DE CANDIDATO, se requiere conocer qué tipo de medición se utilizó. Hay dos tipos: espontánea (abierta), que es cuando el encuestado responde sin ver opciones; es útil para medir quién está “top of mind” y qué tan fuerte es su presencia pública; y asistida (cerrada), que es cuando se presenta un listado de candidatos o partidos y se pide elegir. Esta puede inducir respuestas, pues el entrevistado se enfrenta a un menú de opciones calculadas. Por ello, especificar el tipo de medición es crucial para interpretar con rigor los resultados.
Una radiografía ciudadana.
La empresa GobernArte publicó, el 21 de julio de este año, una encuesta para conocer las PREFERENCIAS electorales rumbo a la renovación de cinco alcaldías de Guanajuato en 2027: Celaya, Irapuato, León, Salamanca y San Miguel de Allende. Para este análisis, solo tomaré como ejemplo la encuesta sobre Celaya.
Información técnica u omisiones.
A partir de la normativa que marca el INE, analicemos su información: informa las fechas del levantamiento (15–20 de julio de 2026), la población objetivo (mayores de edad con credencial de elector vigente), el tamaño de muestra (500 entrevistas en Celaya) y parámetros de calidad (nivel de confianza del 95 % y margen de error entre 2.5 % y 3.7 %). Estos datos cumplen con requisitos básicos. No obstante, la encuesta publicada presenta algunas omisiones.
En primer lugar, no publica el cuestionario, o sea, las preguntas exactas. El método de levantamiento tiene cierta ambigüedad: se menciona la aplicación Odiseo, pero no se aclara si las entrevistas fueron presenciales, telefónicas (vía WhatsApp, línea directa o teléfono móvil) o digitales. Menciona un muestreo aleatorio estratificado, pero no se detallan los criterios aplicados.
Con respecto a la Intención de voto y preferencia por candidato, no señala que los porcentajes por partido reflejan la distribución de la muestra total, es decir, 500 entrevistados; que los porcentajes por candidato reflejan la preferencia de quienes ya manifestaron la intención de voto por ese partido. En el escenario profesional, debe puntualizarse.
Una medición que debe aclararse. No señala si fue cerrada o abierta la medición, pero, dado que los porcentajes suman y se distribuyen de manera ordenada, lo más probable es que la encuesta haya usado la modalidad asistida con listado de opciones. En un proceso electoral anticipado, las listas pueden ser inconsistentes con respecto al verdadero escenario de los interesados en la contienda electoral y, por ende, en la preferencia de la población.
Morena: del voto partidista a la preferencia por candidato.
Para efecto de comprender esto, le presento un ejercicio de razón porcentual (proporcionalidad), con los datos de la encuesta: de 500 entrevistados, el 40.8 % votaría en este momento por Morena; ese porcentaje equivale a 204 electores. De esa cantidad, solo el 27 % (56 personas) se inclina por Juan Miguel Ramírez, mientras que el 17.7 % (36 personas) lo hace por Edith Moreno; el 15.8 % (32 personas), por Antonio Chaurand. El dato más revelador es que el 73 % de quienes respaldan a Morena no otorgan su apoyo a Juan Miguel Ramírez, y aumenta con respecto a los otros dos enlistados.
Lo que revelan los porcentajes de Morena.
No obstante, con esa información se puede hacer una lectura más profunda. Esas personas que parecen a primera impresión favorecedores de la preferencia, están muy lejos de mostrar aprobación interna y liderazgo suficiente para ganar una elección cercana. Con respecto a la intención de voto, Morena muestra un contraste de 6 puntos a la baja con respecto a la elección de 2024.
PAN: un voto partidista sin candidato definido.
Para contrastar, hagamos otro ejercicio. De los mismos 500 entrevistados, el 26.8 %, es decir, 143 personas de esa muestra, votarían por el partido PAN. De esa cantidad, el 17.5 % (25 personas) prefieren como candidato a Carlos Ruiz, el 42.4 % prefiere otro candidato y el 40.1 % todavía no decide. En ese dato encontramos otro hallazgo: el 82.5 % de los ciudadanos que votarían por el PAN aún no tienen una preferencia específica. Estos resultados evidencian una candidatura interna muy limitada y que aún no tiene cohesión en el liderazgo hacia la elección del 2027.
PRI y Movimiento Ciudadano.
Cito los datos complementarios del universo de la entrevista en cuanto a preferencia de candidatos: Jaime Enrique Oyanguren del PRI con 20.7 % de preferencia de aquellos que votarían por el PRI; Guillermo Ortiz de Movimiento Ciudadano con 22.5 % de preferencia de aquellos que votarían por MC. Por oposición, no son preferidos por cerca del 80% del electorado que votaría por esos partidos.
La ironía que nos muestran estos datos sin esa intención, es que no hay candidaturas consolidadas e incluso, que no son todos los que están, ni están todos los que son”. Es decir, el inicio prematuro del proceso electoral.
Son más los que callan, pero los que más revelan.
La tasa de rechazo. Un dato que pasa inadvertido es el 55 % es la negativa a participar en la encuesta. Eso significa que, para llegar a las 500 mediciones, tuvieron que intentar 1,100 entrevistas, y que 600 personas abandonaron o no respondieron la entrevista. Este nivel es muy alto, son más los que callan, que los que opinan. Al desconocer cómo se calculó esa tasa, el procedimiento de sustitución y el diseño muestral, podría especular que ese número, debilita la representatividad y eleva el riesgo de sesgo, porque se infiere que refleja en buena parte, la voz depurada de la población, inclinada a opinar o interesada en el tema político.
Un electorado que dará sorpresas.
Sin embargo, ese margen de reserva ciudadana hacia la encuesta, revela para el análisis político, otras capas del comportamiento del electorado. En un contexto de proceso electoral anticipado, de una percepción de inseguridad muy alta y un gobierno municipal con baja aprobación ciudadana, el dato desnuda un electorado observante, desconfiado y expectante, que puede cambiar radicalmente su intención o preferencia electoral con respecto a la elección pasada.
En este mismo tenor, podría repetir lo que decía mi abuela, tronco filosofal de este incorregible escritor pueblerino: “no por mucho madrugar amanece más temprano”.
Sin lugar a dudas, esta encuesta nos permite ir más allá de un observación ligera y direccionada: nos muestra una postal del momento y nos ofrece una radiografía de la construcción del proceso electoral, en donde el personaje central no son los probables candidatos, sino la población que está evaluando con cuidado, los resultados de quienes podrían pasar a la final en junio del 2027.
Todavía no hay nada que presumir, de eso estoy seguro.
REVOLCADERO.
Estamos al filo de la navaja. Quien confunda el objetivo estratégico por la anécdota política, no solo pone en riesgo el futuro cercano de su territorio. En el juego político hay peones, reyes y reinas, pero ellos no definen el jaque mate.

