Opinión

Raíces de Guanajuato

Una de tantas leyendas en Villagrán

Sergio Hernández N.

Esta narrativa que se mantuvo de transmisión oral a lo largo de muchos años, y que se contaba en torno de una hoguera, es una narrativa tradicional, interesante para las nuevas generaciones.

Así “Cuenta la leyenda” que para imponer la religión cristiana, los españoles recurrían a medidas drásticas, para quitarles a los indios su religión politeísta e idólatra.

Una forma era hacerlos morir en la hoguera y quemarlos vivos.

Muchas de estas prácticas están descritas con crudeza con la pluma de Fray Bartolomé de las Casas en su “Brevísima Relación de la Destrucción de las Indias”.

En El Guaje se dice que vivía un indígena que le llamaban “Gran Jefe” en su idioma otomí.

Dicen que poseía grandes poderes de brujería y hechicería, y por ello era muy respetado por los indios de estos parajes del Guaje.

Una vez el “Gran Jefe” fue amenazado por los españoles de atarlo y morir en la hoguera, si continuaba con sus rituales de brujería, calificados por los frailes como, “ceremonias demoníacas”.

Sin embargo, “Gran Jefe” seguro de sus podres, continuó con sus rituales y no se doblegó y era tanta su arrogancia, que retó a los españoles a que se atrevieran a castigarlo.

Eso los encolerizó, y el indio brujo fue llevado ante los inquisidores que dieron la orden de que fuera quemado en la hoguera.

Si. embargo, a uno de los ejecutores se le ocurrió que antes de quemarlo, pudieran hacer burla de sus poderes de hechicero.

Para tratar de ser salvado “Gran Jefe”, varios indios sus seguidores, y trataron de sobornar a los españoles con animales, pieles, semillas, fruta y piedras preciosas, a cambio de no llevarlo a la hoguera, pero todo fue inútil.

“Gran Jefe” fue llevado a un lugar con muchos árboles de mezquite y en dos, ataron sendas cuerdas, y a la mitad, un cordel por la cintura del hechicero; la estiraron como tendedero, y el cuerpo del brujo quedó como las piñatas.

El cuerpo quedó con la cabeza, brazos y piernas sueltas, libres en el viento y así empezaron a mover la cuerda floja para columpiarlo, y los soldados montados en sus caballos, esperaban iniciar su diversión.

Los Jinetes parados en el lomo del caballo, trataban de alcanzar las
extremidades del brujo que en vaivén pasaba sobre de ellos, y lo jalaban de pies, brazos, cabellos y cabeza.

El indio con cada jalón, emitía quejidos desgarradores que parecían más bien rugidos de fiera enfurecida.

El brujo con sus poderes, hizo que le salieran garras y arañaba brazos y manos a sus agresores que pese el castigo y con heridas sangrantes, siguieron el juego para lastimar al brujo.

Los soldados no se percataron que el brujo se transformó en un peligroso felino, a los que además de arañarlos, los orinaba y les esparcía sus heces fecales con un fétido olor, pero solo se retiraban un poco para volver a la carga.

El brujo tomaba varias formas, desde un animal feroz a una indefensa ave, o un costal artesanal de petate, sin que los agredored se percataran de los cambios.

“Gran Jefe” ya en forma de felino, escapó de la cuerda que lo ataba, y con su magia, hizo que la poca ropa que vestía, brillara como si estuviera tapizada de monedas de oro.

Esto despertó la codicia de sus verdugos que se abalanzaron brincando más alto sobre el lomo del caballo para obtener el oro, y esa lo aprovechó el brujo para escapar e internarse en el monte.

Cuando los soldados se dieron cuenta que fueron burlados, se molestaran mucho y rápidamente en sus caballos, se dieran a la búsqueda del brujo en el monte, pero jamás regresaron.

Cuentan que al “Gran Jefe” nunca se le volvió a ver en los parajes del Guaje, pues ya no pudo recuperar su forma humana, aunque siempre estuvo entre los suyos, en forma de un gran felino.

Fue querido y mimado por su familia y por la gente de los parajes del Guaje.

En la actualidad el pueblo conserva la tradición y le dicen “Los pollos” en la que amarran y cuelgan un gato con un zurrón lleno de monedas que por el miedo, siempre el pobre animal se orina y se zurra.

Este representa al Gran Jefe en forma de felino y los de a caballo son los codiciosos y malvados soldados españoles, que escenifican la leyenda.

Los animales, como conejos, patos gallinas, gallos, marranos, pichones, así como la fruta: limas, naranjas, guayabas, manzanas, plátanos, cacahuates dulces y la limosna, dinero que da la gente, representan, el soborno que ofrecieron los indios a los soldados cambio de que dejaran en libertad a Gran Jefe.

Las carreras de parejas de caballos, representan a los soldados españoles que al ser burlados por el brujo, van en veloz
carrera tras él y se internan en el monte.