José Luis Ramírez
El terremoto político, que vivimos ahora, podremos entenderlo si tomamos como punto de referencia lo que ocurrió con la anterior administración. El estallido de la violencia mermó la credibilidad en el gobierno municipal de la ciudadana Paniagua, y en paralelo fortaleció la actividad delincuencial, arrinconando a quienes deberían garantizar la seguridad y el bienestar ciudadano, pero también provocó otro quiebre, la credibilidad del Partido gobernante. El Pan se desplomó, las proyecciones y las cuentas al cierre de tres años, ya no le cuadraron para volver a ganar la presidencia municipal, estaban desfondados electoralmente, sin líderes políticos, y con una estructura que se desmovilizó en el entorno de pánico que provocó el covid.
Morena tenía el camino abierto y sin competencia, por eso los operadores panistas recurrieron a su última opción, ceder la presidencia al grupo de empresarios que representaba Javier Mendoza Márquez desde la “esquina independiente”. Reunieron dos fuerzas que por sí solas, no tenían opción de ser gobierno, la suma les dio un resultado electoral favorable, y el conflicto interno de Morena les favoreció.
Los acuerdos y alianzas de última hora fueron de urgencia, el cálculo fue correcto, pero las consecuencias no se estimaron. Sobrevaloraron a su candidato que llegaba a RESCATAR AL PAN, y no a Celaya. Su alianza fue contundente, al grado de remar alegremente en contra de sus propias contradicciones como la idea de RESCATAR A CELAYA.
El triunfo del Pan con el ciudadano Mendoza Márquez fue inobjetable, pero los retos eran mayores, no entendieron la gran crisis de seguridad, de confianza, de credibilidad, y el desgaste de su esquema de gestión de la ciudad, como la construcción de puentes, y la división discriminatoria del área rural en el reparto presupuestal, para beneficiar una zona urbana en expansión.
La supuesta experiencia del ciudadano Mendoza, a mas de 30 años de haber sido presidente municipal, la realidad la rebasó. El apoyo de Ramón Medellín, viejo lobo de mar del priismo local, no le ha servido de mucho. A un año y semanas, la ciudad duerme bajo la incertidumbre y el ruido de sirenas, los comercios y empresas siguen cerrando, opera quien puede pagar seguridad privada, o quien se “enjauló” y puso el santo de cabeza.
Si la línea de hechos violentes fuera poco, los eventos criminales como el arresto del hijo de la regidora Cristina Villalobos por presuntas actividades criminales, y su posterior liberación, así como la impactante ejecución del hijo del ciudadano Presidente, enterraron la promesa de “rescatar a Celaya”. La percepción de inseguridad creció al tope derrumbando la poca credibilidad que había en el gobierno municipal
Las estadísticas, el índice delictivo, las encuestas, y la cruda realidad nos muestran un escenario desalentador, que ha superado por mucho la capacidad del ciudadano Mendoza Márquez, un hombre de 73 años que desde hace nueve años está enfermo de cáncer de próstata; un hombre vulnerado emocionalmente por el deceso de su hijo, que, a decir de él, fue un costo muy alto para su familia; un hombre que no se ha reseteado, que su noción de gobierno, administración y liderazgo emana el olor al priismo patriarcal y caciquil de los años setentas. La ciudad está desvitalizada, sucia, los moñitos que la adornan no son fruto de un proyecto municipal como el distribuidor Celanese; la ciudad se cae literalmente, sus puentes con menos de 20 años de construcción requieren inversiones millonarias para hacerlos transitables.
El ciudadano Mendoza Márquez tiene a la ciudad funcionando con el piloto en automático, siguiendo la ruta marcada por las anteriores administraciones. Los años y la responsabilidad inesperada, le han quitado el habla, ahora, no da declaraciones, esperando la comprensión de los reporteros, es un presidente mudo.
A la luz del trabajo realizado durante un año, se infiere que el ciudadano Mendoza Márquez no estaba preparado, ni reunía las condiciones físicas e intelectuales para presidir el Ayuntamiento. Le doy datos publicados por la casa encuestadora, Arias Consultores: en Octubre del año pasado tenía un nivel de aprobación muy alto, 66.8%, su desempeño era igual; la credibilidad y la percepción de inseguridad era del 39.7%; el lugar en la lista de 100 alcaldes evaluados ocupaba un extraordinario lugar, el sexto. Y en la lista de aprobación de los 32 alcaldes evaluados del PAN, ocupaba el 4to. lugar. Celaya le había entregado su aprobación y confianza a ciegas.
En junio de este año, el ciudadano Mendoza Márquez se había desplomado, su aprobación y desempeño cayó 57 puntos porcentuales; su credibilidad disminuyo 30.6 puntos; la percepción de inseguridad aumentó 67 puntos; y en la lista de los 32 alcaldes panistas, se recorrió al último lugar. Una caída libre, marcada por la acción equivoca, la minimización de los hechos, la sobrestimación de la opinión pública, la falta de liderazgo en el Ayuntamiento, la tozudez personal, la inclinación a un proyecto de gestión ajeno al interés público. Y claro, el desdén hacia las tragedias familiares producto de hechos criminales.
Para septiembre, las cosas no han cambiado: 89.4% de ciudadanos desaprueban su gobierno y su desempeño; 86.9% no creen en lo que dice; el 94.6% de ciudadanos se sienten inseguros; y en el listado de los 32 alcaldes panistas, se encuentra en el penúltimo lugar. Estas cifras varían muy poco con relación a los datos de otras casas encuestadoras como Masive Caller, Mitofsky, y se correlacionan con otras encuestas nacionales.
Todo parece indicar que la estrategia del ciudadano presidente, se redujo en lo personal, a nadar de muertito mientras pasa el tiempo de su mandato. Celaya tiene las alarmas encendidas, urge un reemplazo por el bien de todos.
Revolcadero.
Es una kermés en el Ayuntamiento, todo se vale mientras levanten la mano al mismo tiempo.
