José Luis Ramírez.
¿A usted le importa un cacahuate los partidos políticos? Creo que sí, pero lo que nos cuestan, no es una botana dominguera. Debo decirle que tan solo este año, se llevarán 5mil 543 millones de pesos del presupuesto federal. ¿A cambio de qué? Esa es la pregunta.
Le cuento, en la edición 2021 del Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional, México mantuvo una calificación de 31 puntos (100 sería la mejor calificación posible), ubicándose en la posición 124 de los 180 países evaluados por Transparencia Internacional. Es decir, no pasamos ni de panzazo, lo corrupto nos distingue, en estadísticas, pagan justos y pecadores.
De los 38 países que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, OCDE, México sigue siendo el país peor evaluado. En el Grupo de los 20 -G20-, ocupamos la posición 18 de los 19 países evaluados. Es algo así como el último lugar.
Para enfocar el asunto ocupémonos de los pecadores compulsivos. De acuerdo con la encuesta anual (2021) que realiza Mexicanos contra la corrupción y la impunidad A.C. las tres instituciones con mayor corrupción en el país son los partidos políticos, la policía de tránsito, y las cárceles y reclusorios.
A manera de descargo moral para los justos, más del 90% de las personas consideran que las tres instituciones con menor corrupción son la Marina, los pequeños comercios y negocios, y el Ejército.
Los niveles de corrupción grotescos y exagerados de la elite política de los últimos 30 años, fueron un factor decisivo para el triunfo del señor López en el relevo presidencial del 2018, podríamos llamarle a eso, condiciones subjetivas. El eje del discurso obradorista fue el combate a la corrupción, en una reedición del realizado por expresidente Miguel de la Madrid en el año de 1982. Y desde luego, fue fundamental para llegar a la presidencia con una fuerza social impresionante de mas de 30 millones de electores.
En el curso del gobierno del señor López Obrador, hemos visto desfilar en carrusel, personajes de la vida empresarial que han sido llevados al banquillo de los acusados, por su incontrolable manía de hacer negocios de altos niveles por medio del soborno, y claro, por la discreta y elegante aceptación de políticos, y funcionarios impúdicos. Empresas internacionales como Odebrecht, nacionales como FEMSA, publicas como SEGALMEX; funcionarios como Rosario Robles, y una lista bastante reluciente de “empresarios” que nunca hicieron ni pagos chiquitos al SAT, todos ellos han sido nota de ocho columnas por esos afanes corruptos. En algunos casos, los litigios siguen alimentando las charlas de café, y en otros durmiendo el sueño de los injustos.
Pero la otra mafia bastante bien organizada -disculpe la hipérbole-, es la que se ha apoderado de los partidos políticos. Su posición privilegiada en el ámbito legislativo, son juez y parte, los convierte en el dedo divino que convierten lo ilegal e inmoral, en legal y moral. Reciben financiamiento de miles de millones de pesos del presupuesto público, que nunca se puede avaluar, o calificar, y cuando incurren en algún error comprobable, lo pagan con el dinero de nuestros impuestos, no de su bolsillo. Sus multas son de risa para ellos, y de abandono para quien lo necesita.
Quizá el asunto del gasto opaco de los partidos políticos, sea el mal menor; lo peor, y es lo que permite el uso indiscriminado de esos recursos, es la falta de democracia interna, los liderazgos simulados, la falta de respeto a sus militantes, todo eso lleva a la anulación de la representación real, objetiva de los intereses ciudadanos, para convertirse los partidos políticos en instrumentos de poder y acceso a partidas millonarias para la vida privilegiada de sus lideres, o dueños de las franquicias políticas.
A manera de ejemplo, le comento, Con base en el artículo 51 de la Ley General de Partidos Políticos, éstos deberán destinar anualmente el 3% del financiamiento público para la capacitación, promoción y el desarrollo del liderazgo político de las mujeres. Para empezar, su presencia institucional en el corazón de la democracia, los municipios, ni existe, mucho menos existe una actividad política interna de cara a las ciudadanas que hoy son vulnerables como nunca en la historia de nuestro país.
Los partidos políticos, son cajas vacías de militancia, los padrones son de beneficiados, o afiliados por conveniencia personal o por sometimiento laboral. Esta es una faceta de la descomposición política, si no tienen militancia, si no hay democracia, ni estructura institucional, es muy fácil hacer uso indiscriminado de los recursos económicos que se les entregan, y por otro lado, mantener siempre en una línea de glamour a una élite en los puestos de elección popular.
Hay un sector muy reducido, casi testimonial de la militancia de antaño, que ha romantizado a los partidos políticos, al grado de convertirlos de una herramienta de transformación social, a una organización casi religiosa, en donde el dogma ha suplido a la razón y la inteligencia, dando como resultado un caos social que impide ver el horizonte, y la razón de la verdadera lucha política, y del bienestar social. Hay mucho camino por andar, echar las campanas al vuelo, es abortar lo andado.
Revolcadero.
Las conspiraciones por la sucesión presidencial en México, empiezan a tener claras evidencias de los sueños imperiales romanos. Aquí en el rancho, los semáforos, las video cámaras, los puentes reducen el presupuesto y la legitimidad política. Celaya está a la deriva.
