Opinión

LO VIEJO Y LO DECADENTE, Doble o nada.

José Luis Ramírez

El diseño del poder tradicional está en crear una gran base social piramidal, en donde los que están arriba nunca bajen, gracias a la masa que los soporta, y al mismo tiempo, impedir que los que están abajo nunca suban. Y de cierto, el poder político ejercido de arriba hacia abajo, ha sido un camino que se extravía en el tiempo, parafraseando a Borges, “es un jardín de senderos que se bifurcan”.

La sabiduría de la historia está en un parpadeo, tres líneas y entenderemos que ningún hombre, desde la visión imperial hasta las figuras dictatoriales, ha podido resolver desde su puño y letra la salvación o redención de su pueblo o nación. El tiempo contado –ya 21 siglos-, de manera natural siempre me lleva a T.S. Eliot: “nos alejan más de Dios y nos acercan más al polvo”. Algo hemos hecho mal, y en la obviedad grosera, si seguimos teniendo los mismos resultados, es que seguimos reciclando lo viejo, sin encontrar un camino nuevo.

Mi pasajera intervención en la teoría, me dice que si Marx hace 175 años, afirmaba -Tesis sobre Feuerbach- que “los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”, entonces la crítica sigue en el aire, y la pregunta sigue siendo la misma: ¿Qué hacemos para transformar el mundo?

Supongo que si el poder ejercido de arriba hacia abajo, no ha dado resultados para tener un mundo mejor, lo lógico sería que el poder político se ejerciera de abajo hacia arriba. En ese sentido, llego a mi visión ranchera, localista, romántica, y me pregunto ¿La actividad político electoral que realizamos, realmente sirve para transformar el mundo, nuestro mundo, o solo le estamos dando vueltas a la matraca posrevolucionaria? ¿Intentaremos algún día ejercer el poder político de abajo hacia arriba? Poder ciudadano, podría llamarle, ejercido desde la responsabilidad personal, y la participación activa en la primera y fundamental instancia de poder de la Republica: el Ayuntamiento municipal.

Hoy, he tenido oportunidad de acercarme, casi con microscopio, a los actores o protagonistas de la actividad electoral que aparecen en cada elección, y no puedo más que decir que es un carnaval, en donde las mejores virtudes que exhiben algunos, son la vulgaridad intelectual, aderezada de una gran pobreza de humanidad. Es verdad que no le podemos pedir jícamas al árbol de tamarindo, pero si el Estado gasta miles de millones de pesos en Partidos políticos, lo elemental sería que pasarán sus representantes por clases de ciencia política, economía, historia o filosofía, pero eso sería demasiado pedir.

Es verdad que el patriotismo no se adquiere con tres libros o un certificado, pero llegar a ese sentido de pertenencia e identidad social requiere sensibilidad, humanismo, empatía, y no el discurso mercantilista, hueco, para resolver sus penurias económicas y trastornos de personalidad.

Quizá lo peor, que nos toca vivir en este proceso electoral, es la decadencia de los partidos viejos con la repetición de sus fracasos políticos, o la conformidad con ellos. Ya son incapaces de renovarse, de relanzarse con una propuesta política profunda, innovadora, solo llegan a la escena electoral, como los actores de los circos pobres, mostrando un maquillaje grotesco y trucos tan viejos como ellos mismos.

Esto que menciono vale para los “nuevos partidos”, desde arriba sus patrones, como una caña de pescar, les ponen en el anzuelo una carnada de regidurías y diputaciones a las que no llegarán ellos, pero que sumando sus pequeños esfuerzos servirán para que llegue la elite a los Ayuntamientos o al Congreso estatal o federal.

Un error, dejémoslo en esa palabra, es que los partidos nuevos, estén dirigidos por mentes viejas, sin la capacidad de pensarse a sí mismos como una nueva mercancía electoral, y mucho menos como una alternativa de gobierno real. Disquisiciones fantasiosas les sobran, pero eso, lejos de mostrarlos como instituciones públicas formales, solo muestra su inmadurez.

Es inexplicable como los recursos públicos para sus campañas electorales, nunca aparecen para informar a los ciudadanos de su propuesta política –aunque sea un remedo o parodia teórica como la frase de un “capitalismo progresista”.  Los peones de estas construcciones partidistas, viven y mueren en espera del milagro que los coloque en la nómina, y en la tribuna de la simulación y la infamia.

Los “decadentes partidos políticos” son los padres de los “nuevos partidos políticos”, en ambos casos su misión no es ganar elección alguna, solo es captar el 3% de la votación nacional para seguir en la nómina electoral. Si usted no vota por ellos desaparecerán, disminuirá la confusión y el tiradero de dinero.

En esta elección municipal llegará una marea de candidatos, una buena parte son viejos actores repitiendo el mismo guion. La única forma de hacerle un bien a nuestro municipio, en primer lugar es seleccionar el partido político, luego el candidato y salir a votar. Habrá diez u once partidos políticos, a los viejos perdedores ya los conoce, y los “nuevos” son desconocidos, ausentes de la vida pública y del quehacer político. ¡Para qué pierde su tiempo con ellos!

A los partidos políticos, lejos de verlos y tratarlos como instituciones al servicio ciudadano, los hemos dejado que se revuelquen en la corrupción y el servilismo, pero lo cierto es que su función es determinante, para bien o para mal. En los últimos 20 años, en nuestro municipio ha gobernado un solo partido, el PAN, y los resultados son familias llenas de miedo, dolor y sangre. Eso explica el rompimiento entre la sociedad y el gobierno.

La realidad la tenemos enfrente, el adversario político en esta elección es el Pan, eso es natural, ese partido gobierna y lo ha hecho muy mal, su principal opositor electoral será Morena, son los únicos partidos con la estructura y la simpatía ciudadana para competir entre sí. Los demás son el decorado vintage de la película, o en el otro caso, los convidados de piedra.

Revolcadero.

En unos días más se cumplirá un año en que la administración municipal se fue a casa a protegerse del contagio del Covid-19, cada mes costo 31 millones de pesos mensuales pagados por los contribuyentes celayenses. En este año serán 33 millones, con un incremento del 3.5%, mientras que el desplome económico y laboral crece como la hierba en los camellones.