Por: José Luis Ramírez
La muerte se hace costumbre. Son las primeras palabras que me llegan a la mente, y las escribo consternado por esta idea. Los rumores de niños, jóvenes, mujeres, hombres asesinados y desaparecidos nos llegaban a diario y pasaban como el viento. La confirmación de las fosas clandestinas descubiertas en Salvatierra y Cortázar, por su número, ya marcan ahora, un antes y un después. ¿Qué harán, qué haremos?
Los muertos tienen nombre, y una familia que les llora. ¿Lo entenderemos? Deberíamos de estar de luto, deberíamos romper y pintar todos los monumentos de los héroes que dieron su vida para que la nuestra tuviera mejor futuro, por una razón, no los merecemos. Hemos dejado que nuestra vida la conviertan en una mercancía, en una inversión que solo deja dividendos para los administradores de la justicia.
La muerte se hace costumbre, desayuna, come, cena y en las charlas conversa de sus triunfos. Hoy la desmesura se pasea codo a codo con la muerte por nuestras calles, no lo advertimos, o si lo hacemos fingimos que todo sigue igual, pero no es así. Nuestro municipio no es ajeno a uno de los momentos más oscuros en la historia del mundo. La pandemia, la inseguridad y la crisis económica amenazan con ponernos de rodillas. La historia no miente, 100 años atrás, la epidemia de 1919 dejó un saldo de 50 millones de muertos, y diez años después, la recesión económica hundió las economías del mundo en una pesadilla de desempleo, hambre y desolación que tardó 10 años en recuperarse.
100 años de historia, nos advierten que el camino de la confrontación y la omisión en estas circunstancias, solo nos hace perder el tiempo, y hacen crecer la desgracia. Los procesos sociales no son fruto de la casualidad, son causa y efecto de acciones que realizan los hombres. Las economías y la inseguridad, no son por lo tanto, resultado de la mala o la buena suerte. El país que hoy tenemos fue construido con ladrillos de indolencia, y ambición desmedida, quien venga del pasado a decirnos que tiene la solución del presente, miente.
Los tambores de guerra mediática que hacen sonar los gobernadores de oposición, muestran que no han entendido el momento. La exposición y exhibición del origen del poder que hoy gozan, no los hizo tomar conciencia. La población que representan no les importa, la pandemia, el cierre de empresas, los índices de violencia en sus Estados y municipios es brutal. Y de cierto, no es nuevo, salvo su estrategia rupestre.
El momento que vivimos, en donde aún no se agudizan y masifican los problemas de la pandemia –desempleo, falta de ingreso, conflictos sociales- debería ser utilizado para planear con responsabilidad las respuestas que se necesitan. Pero no es así. Actúan con los mismos patrones discursivos, y las mismas respuestas. Y lo peor, lejos de buscar acuerdos con la federación, le atizan al enfrentamiento. Amagan como en los viejos tiempos, generan patrañas, y por otro lado desfondan las arcas públicas para beneficio de una elite empresarial.
La suma de los acontecimientos habla por sí sola. Guanajuato tiene los primeros lugares en violencia criminal, las fosas clandestinas halladas en Salvatierra y Cortázar, y antes en Villagrán y Rincón de Tamayo, no son un evento menor. Hoy esas imágenes escalofriantes recorren el mundo, la evidencia de la omisión federal, estatal y municipal que se gestó por décadas hoy está a la vista.
Le pregunto ¿Cree usted que la idea de separarse de los otros estados del país es la solución a la pandemia y la inseguridad? Le doy un dato, en el gobierno de Miguel Márquez Márquez gastaron 25 mil millones de pesos en “seguridad y procuración de justicia”, y hoy nuestra tierra esta bañada en sangre. Sinhue, el actual gobernador, ha bajado préstamos de miles de millones de pesos para “reactivar la economía” y en su lista de beneficiarios no están los medianos, los pequeños y micro empresarios que son los que realmente sostienen la economía.
¿Cree usted que los recursos económicos que mandaba el gobierno federal a los gobiernos de los Estados, se distribuían honestamente a los municipios, y de los municipios a la población? Le menciono un recurso, existe un fondo llamado FORTASEG, que el gobierno federal lo enviaba a los Estados, y se distribuía a los municipios. En Celaya, tenemos ahora no mas de 500 policías -de 800 que había hace unos años-, pero el recurso aumentaba año con año y disminuían los policías, sabe usted en qué se gastaba: ¡En uniformes! Se compraba a un ilustre proveedor, 1800 uniformes en promedio, con gorras de 800 pesos. No tomo en cuenta que en Seguridad municipal, se cuenta con un presupuesto local de mas de 500 millones de pesos.
En Celaya tenemos una Alcalde derrotada por su incapacidad, que mes con mes ha ocupado el último lugar en percepción ciudadana, en un listado de las 100 ciudades mas importantes del país. A lo anterior, sumemos que las muertes por la pandemia se duplican en días, y el cierre de negocios crece. Hablo de incapacidad y responsabilidad para enfrentar los días aciagos, y desde luego, de la indiferencia de los gobernantes que arrastra a miles y miles de personas a un laberinto sin salida.
Hagamos un paréntesis, esperemos a nuestros muertos con flores, agua y luz, celebremos la vida, y usemos el sentido común, es lo único que nos queda.
Revolcadero.
Los superpoderosos de la mentira, aparecen como plaga cada periodo electoral, haga memoria en donde estuvieron en los últimos dos años. ¿Votará por ellos?
