José Luis Ramírez
Se ha creado en Celaya un caos social que parece imposible de advertir, dado que no hay una estadística que lo afirme. En ese sentido, ¿si no hay números significa que la sociedad celayense está inmersa en su vida cotidiana? No, desde luego que no. La inseguridad ha pasado a un segundo término, el miedo se ha apoderado de nuestros pensamientos, y eso como dijera alguna vez Horacio Quiroga, pudre mas que la muerte.
Una cosa en si misma nunca expresa nada, dice el Doctor, Mercelino Cereijido, “es nuestra relación con ella lo que hace surgir el significado”. Le pregunto, ¿qué ha significado para usted las 14 personas asesinadas y tiradas en el río Laja? ¿Qué le significa en su vida el descubrimiento de una fosa con los restos de 15 personas asesinadas en Rincón de Tamayo? ¿Qué le significa en su día, el asesinato de las tres mujeres que se encontraban en una tortillería trabajando? ¿Qué ocurre en sus emociones cuando se entera que arrancan cajeros automáticos? ¿Qué siente cuando se entera que le robaron con violencia la camioneta a un ciudadano?
¿Sentiría lo mismo, si esto que le pregunto, hubiese sucedido en Campeche o en Sonora? Estoy seguro que diría que no, entre otras razones porque está pasando en nuestra ciudad, en nuestras calles, a nuestros familiares, a nuestros conocidos, a nuestros amigos, e incluso a nosotros mismos. ¿Y qué hemos hecho para evitarlo?
De manera figurada podríamos decir que nuestra ciudad perdió el equilibrio, que las cosas que ocurren hoy tienen otra magnitud y que por ello nos afectan con mayor fuerza. Si tenemos comprensión de lo anterior, eso nos tiene que llevar por fuerza a preguntarnos, ¿Por qué está ocurriendo esta tormenta de violencia y delitos?, ¿por qué si nosotros hemos seguido un mismo camino y un estilo de vida, estamos siendo afectados? ¿Era nuestra responsabilidad vigilar y prevenir los delitos criminales? ¿Estaba en nuestras manos prevenir y evitar los robos, los secuestros, los asesinatos, las extorsiones? No, es una respuesta definitiva. ¿Quién entonces debió de hacerlo?
Para responder esta pregunta, necesitamos ir al terreno de lo obvio, pero necesario. Artículo 115 de nuestra Carta Magna: La seguridad pública es una función del Estado a cargo de la Federación, las entidades federativas y los Municipios, cuyos fines son salvaguardar la vida, las libertades, la integridad y el patrimonio de las personas, así como contribuir a la generación y preservación del orden público y la paz social (…). La actuación de las instituciones de seguridad pública se regirá por los principios de legalidad, objetividad, eficiencia, profesionalismo, honradez y respeto a los derechos humanos (…).
Puede entrar en erupción el Popocatépetl, o temblar en la luna, pero la obligación del Ayuntamiento persistirá, que la eludan, o la omitan es otra cosa. Lo que está ocurriendo en nuestro municipio no puede entenderse sin acudir a la memoria, le doy un solo dato que nos dimensionará el tamaño de la negligencia, irresponsabilidad u omisión por las razones que fueran: 8 de enero del 2017, los restos de dos mujeres y tres hombres, fueron encontrados en una fosa en la comunidad del Puesto. Los hechos pasados se repiten, pero de forma dantesca en Tamayo.
Si el pasado se queda corto con el presente, eso significa que el gobierno municipal y estatal, han estado perdiendo terreno frente a la delincuencia. No es casualidad, los hechos, las estadísticas están a la vista. Quién ha ganado terreno no la ha hecho de un día para otro. Por eso es importante el análisis.
La llegada de la ciudadana Paniagua a la presidencia municipal, y desde luego con todo su equipo, supondría una posibilidad de cambio, o bien de poner en equilibrio la balanza entre la seguridad y la violencia criminal, pero no ha sido así. Hoy, no solo nos enfrentamos a la continuidad de acciones y visiones, sino a una extensión del gobierno municipal anterior, pero con un peso mayor de rechazo y animadversión. Lo he dicho, la tonada que silba la ciudadana Paniagua, es la misma pero con matices femeninos.
He tenido la oportunidad de estar sentado frente a ella, frente a algunos de sus directores, frente a los miembros del Ayuntamiento y en sus Comisiones, en las comisiones de Copladem, he recorrido las comunidades, los he escuchado en sus presentaciones de planes y programas de trabajo, y he visto la forma de administrar y gobernar que tienen en la práctica. Y lo único que puedo decir, es que es un gobierno sin fuerza, repitiendo acciones desde el papel, realizando lo mismo que se ha hecho desde hace años, en síntesis, administrando su derrota.
El hecho es grave, porque no tienen intención de sacar la cara por los celayenses, y el tiempo aun es largo para una nueva elección. Su pasmosa indiferencia es una forma de seguir cediendo terreno a la violencia y a la delincuencia. Actúan como si vivieran en Campeche. Observe sus planes de trabajo, solo los aumentaron en una raquítica proporción pero todo va en el mismo sentido. Y por otro lado, tenemos una oposición testimonial, incapaz de encabezar las demandas y el sentir ciudadano, parecen bizantinos modernos discutiendo los genes de los unicornios.
Nuestro municipio tiene dos mundos, el urbano y el rural, al primero lo atienden con su acostumbrada receta: puentes de oro y plata para sus benefactores, y obras onerosas para el goce de la frivolidad y el dispendio; el otro, el de las 65 comunidades es el abandono miserable, al que se despierta en tiempo electoral y se adormece con dadivas a cargo de nuestros impuestos. La receta es la misma para un municipio que ya no es el mismo.
Hoy, hay una población que se mueve entre el miedo y la impotencia. La marea criminal los tiene aturdidos, y solo ven cómo se desmorona su patrimonio y su entorno laboral. El futuro ya no cabe en Celaya para muchos ciudadanos, la desconfianza a la administración municipal es impresionante, y la luz en el túnel se va alejando cada vez mas. La ciudadana Paniagua, tiene ese mismo paisaje al frente, lo absurdo es que siga sentada en ese cubo de hielo que se derrite a mil por hora. La seguridad es medular, los empresarios, los comerciantes lo han externado en voz baja, nada vale la pena si hay una amenaza latente a la integridad personal y familiar.
Recuperar el municipio, poniendo todos los recursos posibles al desarrollo social de todos y cada uno de los habitantes, es urgente y necesario. Para combatir la inseguridad, es un requisito indispensable, pero además, se requiere una gran alianza entre la población y el gobierno municipal, y esto solo será posible si a la cabeza existen líderes con impecables credenciales de honestidad y profesionalismo.
Construir castillos en el aire y cobrar por ellos, hará mas grande la desconfianza en el gobierno municipal. La ciudadana Paniagua, está mas sola que el minotauro en su laberinto, y de cierto, a nadie le importa. Dos años más difícilmente los podrá resistir, pero tampoco es suficiente con decir, ya basta, es necesario revisar todas las posibilidades jurídicas que acorten este gobierno que agoniza.
Revolcadero. Del 2017 a estos días, oficialmente tenemos 193 policías municipales menos. ¿Qué empresa responsable tiene una baja del 33 por ciento de su plantilla laboral? ¿Qué empresa puede tener éxito cuando todos los indicadores negativos los tiene en contra? Está quebrada la Secretaria de Seguridad pública municipal, y nosotros también.
