Opinión

DOBLE O NADA

¿DELEGADOS O MARTIRES?

Por: José Luis Ramírez

Hay dos caras distintas en Celaya, la rural y la urbana. La urbana concentra prácticamente toda la actividad administrativa, y la rural recibe una atención precaria, en donde básicamente la labor administrativa descansa en los 65 delegados municipales, de las 65 comunidades. Las delegaciones, podríamos decir que fundamentalmente solo administran la precariedad y el abandono.

Celaya tiene más de 500 mil habitantes, y la población –a falta de datos fidedignos- puede dividirse de manera pareja entre el campo y la ciudad. Pero solo la mitad, la que vive en la zona urbana se ve beneficiada integralmente de servicios públicos. Es decir, existe iluminación en las calles, pavimento, banquetas, drenaje, transporte, seguridad, jardines, escuelas, bibliotecas, hospitales, centros recreativos y deportivos, mercados, y muchos más. Todo esto, desde luego, con sus diferentes niveles en la calidad del servicio, o en la prestación de los mismos. Usted como yo, calificaríamos sin mayor problema la calidad, pero si lo que tenemos deja mucho que desear, en las comunidades es inconfesable.

La zona urbana de Celaya, como ya lo había comentado, consume los ingresos municipales. La administración de la ciudad es cara y deficiente, pero la de la zona rural es deficiente y mega barata, porque no hay gasto que administrar. No hay obras, no hay mantenimiento regular, no hay desarrollo de empresas, no hay desarrollo de vivienda. La presencia de los apoyos económicos, como becas, insumos para el campo, despensas, cemento, laminas, tinacos son paliativos que ayudan a soportar la falta de un sueldo o empleo bien pagado.

Los apoyos del gobierno municipal, estatal y federal que llegan a las comunidades, si bien son útiles, a la larga generan un círculo de personas que suelen intercambiar votos por dichos beneficios. Pero tampoco son tantos, y ello genera una competencia por obtenerlos, que suele generar disputas y luchas en las comunidades por controlarlos. El resultado, es el atraso, el conflicto permanente. Le perdida de una visión de fondo del problema.

Necesariamente, y como dijeran los clásicos, el gobierno municipal realiza obras, pero por lo regular es con dinero estatal y federal. El gobierno, repito no tiene para obras porque sus ingresos, casi todo lo gasta en la administración de la ciudad, no en todo el municipio. Esas obras públicas, van parchando las comunidades, de tal manera, que si contáramos el tiempo que se han tardado en llegar, se necesitarían 50 años para verdaderamente urbanizar lo que podríamos llamar las cabeceras delegacionales.

Hoy la mayoría de las comunidades, tienen severos problemas de integración social, las adicciones, la falta de empleo, y las conductas delictivas se han propagado tanto como en la ciudad. Pero la carencia o la precariedad de educación, cultura, deporte, salud detonan con intensidad este conflicto. En ninguna de las comunidades que he tenido la oportunidad de visitar, existen proyectos de desarrollo económico, de rescate patrimonial, de prevención de adicciones, de seguridad. Por el contrario, la presidencia municipal delega estas responsabilidades en 65 delegados, que solo tienen las uñas para realizar estas funciones.

Son 65 personas que al ser nombradas como Delegados, pasan a formar parte de la plantilla laboral del Ayuntamiento, con un pago de 3 a 4 mil pesos quincenales. Su trabajo no tiene horario, y tienen que realizar una multiplicidad de funciones que muchas veces raya en lo extraordinario. Los Delegados son el enlace entre el gobierno de la ciudad con las comunidades; son los gestores de promesas incumplidas de campaña, que de cierto no se cumplirán nunca. Suben, bajan, tocan puertas que solo se abren en épocas de los informes de gobierno, en las elecciones o en las visitas de los políticos encumbrados cuando son llamados para llenar auditorios.

Los delegados son el motor de la comunidad. Para bien o para mal, tienen la responsabilidad de velar por todos, llueve o truene, si alguien en la comunidad requiere de apoyo, él tendrá que atenderlo. De noche o día los delegados serán buscados para solucionar los conflictos desde los mas complicados hasta los mas increíbles. En las comunidades ser Delegado, no es una distinción, mas bien se le admira, se le respeta o se le odia porque ellos son los receptores de los apoyos públicos, y eso sí, es un privilegio y una fuente de poder.

Los Delegados, por su elevada responsabilidad con la comunidad, deberían de ser considerados como empleados de primer nivel, a qué me refiero: deberían de tener un sueldo acorde a su responsabilidad, tal como lo recibe un director de área de la administración pública municipal. Hay comunidades con una población que rebasan los 20 mil habitantes, de este modo, es casi imposible pensar o proyectar el desarrollo económico y social, cuando ni siquiera tienen herramientas para enterrar a sus muertos, o para alimentar a sus vivos.

El rescate de las 65 comunidades rurales de Celaya, debe empezar por dos cosas: una, sueldo digno, equitativo, y bien remunerado para los 65 Delegados y subdelegados; dos, reasignar el gasto del presupuesto anual para impulsar su desarrollo, a partir de proyectos consensados con los habitantes. Durante decenas de años las comunidades han estado abandonadas de manera injusta, inmoral e ilegal. Los estragos de ese abandono se reflejan en las condiciones de vida de todos ellos.

El Ayuntamiento, y concretamente los regidores y los dos síndicos deberían de estar trabajando en estos dos asuntos. Ellos llegaron por los votos de las comunidades, dicen que es de bien nacidos agradecer, por eso, creo que ya es tiempo de que regresen a las comunidades, ya es tiempo de ir a darles las gracias, y devolver los favores recibidos. ¿O serán cortos de vista y miserables como los anteriores de los anteriores? ¿Usted qué piensa?

REVOLCADERO. Surgen amenazas por cerrar los delirios politiqueros de un exhibicionista y megalómano. Si no es la última, diría don Panchito, nos vemos el lunes.