Opinión

DOBLE O NADA

La granja y los granjeros.

Por: José Luis Ramírez

“La política es el dinero mas seguro que puede haber”, dice un alumno destacado del Jardín filosófico de Santa Rosa de Lima. De los otros dichos de este dialogo, que se convertirá en clásico para las facultades de Ciencias políticas, podemos resumir una idea central y parafrasearla, el poder es todo, sin el poder sé es nada.

Sí, hasta la mente mas rupestre, ha entendido que nuestro sistema político ha sido corrompido por el dinero, venga de donde venga, y que el poder político se puede comprar. La ley de la oferta y la demanda, va fijando precio para una presidencia municipal, una diputación, senaduría, y hasta una gubernatura. Mi abuela, lo diría, de manera aún mas ranchera: ¿cuánto tienes, cuánto quieres?

¿Nos sorprenden los pensamientos sobre la ambición desbordada de estos dos candidatos al nobel de la Cosa nostra? Creo que no. Ya los políticos de cuello blanco, han demostrado ser unos verdaderos artistas en el arte del despojo, y el cinismo, capaces de nadar en cualquier planta de tratamiento de aguas negras, y salir con aroma a jabón de olor. Pero sin restarles méritos, estos dos hombres de visión futurista, podrían ser desarrolladores de alguna carrera de guachiadministración municipal, certificada por la Fiscalía del estado de Guanajuato.

Usar los recursos públicos en México para enriquecerse, a través de los puestos públicos, es una vieja e inveterada costumbre. Por eso la búsqueda de votantes, va mas allá de un discurso político, hoy comprar votos de manera encubierta, permite legitimar en las urnas electorales, el camino de impunidad con el que se tapizarán mayores abusos. De cierto, los políticos de la vieja escuela usaban la complicidad y el silencio para llegar a posiciones de poder que les daban un espacio de impunidad, sin comprometer el cuello o la libertad.

Hoy perder el cuello o la libertad tiene su riesgo, pero a mayor riesgo parece ser que es mayor la ganancia. La clave de esta carrera por el poder político, es tocar esa zona VIP, en donde el voto convierte a delincuentes en seres intocables. Ese es el cáncer que padecemos en México. La impunidad no tiene fronteras, la descomposición política ha llegado a niveles de náusea y pavor.

El arrollador triunfo del señor López, obedecía entre otras cosas importantes, al deseo ciudadano de eliminar la corrupción. Ese cáncer de médula del sistema político mexicano. Sin embargo, una idea que va cobrando mayor impacto, es que a pesar de exhibir a un listado de delincuentes de cuello blanco que dejaron en la bancarrota moral y económica al país, nada ocurre. Y por el contrario, pareciera un estímulo, para que delincuentes menores, intenten comprar los puestos de gobierno, que les dará pulcritud a su pasado, y a su oscura fortuna

Estas lecciones de persuasión delictiva para obtener el poder político, que escuchamos en la grabación filtrada a los medios de comunicación, es una joya. La filtración revela el manoseo intencionado, de redirigir los focos, a quienes ya no necesitaban de publicidad. De hecho, no se percibe un signo de preocupación en ese dialogo de sótanos. Pero no se queda ahí.

Estamos viviendo en un caldero de violencia y delincuencia, que ha mermado a las instituciones, que ha sometido sus nombres y hombres. El estado de Guanajuato, sus ciudades principales, están en el ojo del mundo por la creciente e imparable violencia. Hay una sociedad agotada en espera de soluciones de fondo.

Hace unos días cayó granizo sobre hielo en Celaya. El Consejo ciudadano para la seguridad pública y la justicia penal, señala a Celaya entre las 50 ciudades mas violentas del mundo. La ciudadana Paniagua, fiel a su técnica de razonamiento, dijo, “la lista es sesgada, y no se han tomado en cuenta a otros países”. El tema de fondo, lo elude; en la jerga popular, se diría, le da la vuelta. Pero cuando los heridos, los asaltados, los robados, los amenazados, los extorsionados, los secuestrados, los desaparecidos tienen un domicilio en nuestras calles, cuando tienen un nombre en nuestra memoria, y nos apesadumbra su indefensión, ¿acaso nos importa una estadística de Brasil o Colombia?

Si a lo anterior le sumamos la mecánica mental de armar y aumentar la fuerza policiaca como respuesta a la inseguridad, encontramos otro argumento que distorsiona la percepción ciudadana, y que solo consigue aumentar el problema. Centremos el tema: la corrupción política es el problema, mientras se mantengan los ayuntamientos, las diputaciones, la gubernatura como un lugar comprable por moros y cristianos, de nada servirá que el ejército o la marina patrullen las calles. Se requiere de hombres y mujeres en el gobierno, a prueba de balas de oro y plata. Esa es la lectura del diálogo en el triángulo de la infamia. Perseguir la sombra de los fantasmas, nos llevará a ningún lado.

Revolcadero.

Dice Carlos Fuentes, “tratar el tiempo es tratar la historia”. Este es nuestro tiempo, pero no queremos que sea la historia.