Opinión

DOBLE O NADA

EL CHEQUE DE LA DESCONFIANZA

Por: José Luis Ramírez

La votación que ocurrió en el Ayuntamiento el viernes pasado, fue como dejar caer la única copa de cristal que había sobre la mesa. Parece una idea extremista, pero no lo es.  La desconfianza social en las instituciones en los últimos quince años creció como mala yerba. Era más fácil pasar una ballena por el ojo de una aguja que un político por la puerta de Alcalá.

Se dice que hay dos visiones para comprender ese tema, se habla de una desconfianza cultural, prácticamente difícil de cambiar; y otra, considera que las actitudes –desconfianza- de los ciudadanos son consecuencia del desempeño que éstos le atribuyen al sistema. Las estadísticas señalan que la desconfianza, se explica a partir del deficiente desempeño que tienen los representantes ciudadanos. Esa es la medula del lamentable resbalón de los ediles celayenses,

Octavio Paz, ese hombre que puso la mirada en nuestro comportamiento, dice en su ensayo “mascaras mexicanas”: <el simulador pretende ser lo que no es. Su actividad reclama una constante improvisación, un ir hacia adelante siempre, entre arenas movedizas. A cada minuto hay que rehacer, recrear, modificar el personaje que fingimos, hasta que llega el momento en que realidad y apariencia, mentira y verdad, se confunden>.

En México, llegamos a un punto tal, que el simulador aparece como lo que es, un hombre instalado en su mentira, incapaz de reconocerse con otro rostro, aunque la desconfianza lo desnude de cuerpo completo. Cuando los ciudadanos, en el terreno de la política, se dan cuenta de las invenciones que hace el simulador, este caé: en el 2000 el pri se hundió; en el 2012 el Pan le siguió; en este año el Pri vuelve a caer. La falta de confianza los enterró.

Para dimensionar el acto local, recordemos que en la pasada elección del mes de julio, 62 mil ciudadanos votaron por Elvira Paniagua; el doble de votantes, mas de 120 mil, lo hicieron por otras opciones, expresando la desconfianza hacia un gobierno anodino e insensible. A pesar de que se gastaron 700 millones de pesos en epoca electoral, obtuvieron la misma votación de tres años antes. El voto de confianza entregado por 18 años hacia el Pan, se lo retiró la ciudad.

De esa elección, los ciudadanos redirigen su voto a principalmente a Morena, y al canditato independiente; le siguen en menor importancia, el Partido Verde y el Pri. Es así que el Ayuntamiento se integró con 12 regidores, 2 sindicos y el Presidente municipal, 15 personas que gobernarán y administrarán en nombre de sus electores. El número a resaltar serian los 8 miembros del Ayuntamiento que llegan con el voto de confianza de 120 mil electores, y el Pan que llega con 7 miembros, y 62 mil votos cuestionados de origen.

Dice Shakespeare, “Cuántas veces con el semblante de la devoción y la apariencia de acciones piadosas engañamos al diablo mismo”. Sin lugar a dudas el electorado celayense, en esta elección, de manera involuntaria cambió de simulador. Aparecieron los candidatos, y fingieron tantos personajes benévolos hasta tender un puente que les permitiera llegar al gobierno municipal, para luego reventar la confianza ciudadana. Eso ocurrió cuando los simuladores votaron y aprobaron a los directores administrativos que les presenta la Presidente municipal.

Durante más de cien días, a partir del resultado primario de la elección, los ganadores tuvieron la oportunidad de seleccionar o generar criterios de selección y propuesta de directores. Llegó la fecha para nombrarlos, y los 8 regidores no miembros del Pan, pidieron mas tiempo, argumentando la idea de hacer la mejor selección. Marcaron el día de la aprobación, pero los elegidos para los puestos importantes fueron los mismos que la ciudadanía había rechazado al emitir su voto en contra del gobierno del ciudadano Lemus. La extensión del gobierno rechazado, los simuladores la votan y la legitiman.

Insisto en darle voz a Shakespeare, dice: “Con un cebo de mentiras pescas el pez de la verdad”, y ese pez surge en los seleccionados, se revalidan los funcionarios ligados a los prominentes e inescrupulosos desarrolladores de vivienda, del transporte, se premian a activistas de la campaña electoral y a personajes que no tienen un perfil delineado para el puesto. Por otro lado, a los simuladores les entregan las direcciones de cultura, mujeres, y deporte, que no tienen mayor capacidad de respuesta social, hablamos de que reciben el 1.5 % del presupuesto anual. Y lo peor, a su escuálida tajada de pastel, mandan personajes sin un Proyecto social, y con las bolsas vacías. En una reacción casi instintiva, solo dos regidores, Gerardo Sierra, y Bárbara Varela no votan a favor de estos últimos, pero sí de los primeros.

Dice Octavio Paz, “en el simulador la mentira se instala en su ser y se convierte en el fondo último de su personalidad”, por eso escuchamos la vehemencia cuando el simulador dice, “no es un cheque en blanco” mientras destruye la confianza. Él sabe que la gente no le cree, pero debe disimular porque de eso depende el endoso de un cheque nuevo cuando llegue la segunda tanda de nombramientos.

El daño a la confianza ciudadana está hecho. Ha sido un error de 360 grados de los regidores, pero también de los padrinos como Javier Mendoza, del regidor de Morena, del Pri y del PVM. El cambio del sentido del voto fue en unas cuantas horas.  Los tiempos para borrar la violencia, la inseguridad, y el encausamiento hacia una ciudad ordenada y distinta requieren la participación real y efectiva de la sociedad, se necesita CONFIANZA mutua, pero ésta no se logrará ni con las formas más refinadas de la mentira y la simulación. Así, la ciudad no tiene futuro.

Revolcadero. Los ciudadanos otra vez tendrán que navegar a contracorriente, pero en el Ayuntamiento tendrán que rehacer otro personaje, e inventar una máscara para aparentar o cubrir el Judas legendario que llevan dentro.