EL PANISMO COMO LA CAUSA PRIMERA DE LA VIOLENCIA EN GUANAJUATO.
Por Íñigo Javier Rodríguez Talancón
Reza un dicho popular que “No hay mal que dure cien años”, y en Guanajuato lo podríamos completar diciendo: “pero sí treinta y tres”, con las nefastas administraciones panistas…
Circula en redes sociales un video que pone en relación dos escenas, salvando una separación de tres años entre ambas, y que resulta así emblemático del periodo pre electoral en el que estamos: primero, Javier Mendoza como candidato del PAN, envalentonado y prometiendo acabar con la violencia en Celaya, pues, según él, sería su primera obligación como alcalde; después, el mismo Javier Mendoza, pero ahora en actitud medrosa al pretender eludir un cuestionamiento hecho por una ciudadana que hace unos días se le acercó a reclamarle, afirma todo lo contrario: “es que (resolver la violencia) no nos corresponde”.
Este grosero contraste entre las imágenes descritas, la de un candidato firme y decidido, y la de uno feble, pusilánime, entraña no sólo la aceptación de una derrota ante el mayor problema que aqueja al Municipio, el de la violencia, sino que constituye también un terrible anuncio: un alcalde que pretende seguir al frente de la administración por otros tres años y que, ya derrotado, sólo nos puede ofrecer más de lo mismo.
No entraré aquí a la discusión de si al alcalde corresponde o no la tarea de atender la violencia. El hecho es que con Javier Mendoza la inseguridad pública se ha incrementado en un grado exponencial. Y si bien es justo reconocer que él heredó de sus predecesores una inercia imparable respecto a la violencia en todas sus formas, las políticas y decisiones tomadas los últimos dos años han sido dentro de un completo continuismo.
Tampoco me ocuparé de los “factores externos”, a las cuales buscan las autoridades municipales y estatales, en forma harto simplista, atribuir toda la explicación del fenómeno, en el cual desde luego tienen la mayor parte. Lo que me interesa es apuntar a las causas endógenas, que llevan grabada en la frente el cuño de la responsabilidad política de décadas de malos gobiernos del PAN.
Los panistas empoderados subestimaron en un inicio el problema, evadiéndolo sistemáticamente, para después dedicarse a alimentarlo imponiendo políticas que resultaron contrarias a las mayorías sociales; por su relevancia, menciono cuatro: (i) la atracción de inversiones foráneas basada en los bajos salarios; (ii) el desarrollo inmobiliario popular basado en viviendas de ínfima calidad y dimensiones indignas; (iii) la bajísima inversión en programas sociales, que han sido además siempre clientelares y, por tanto, selectivos y excluyentes; y (iv) el abandono al fomento de las actividades económicas propias de nuestras regiones abajeñas.
Se encuentra a la vista de todos, el resultado de la aplicación de estas políticas neoliberales; y si bien ha habido un decremento en la pobreza, como muestra la medición más reciente, de 2023, esto se observa en mayor o menor medida en todo el país, y debe adjudicarse a la política de ambiciosa inversión social, que no gasto, de la administración federal.
Como sea, los principales municipios del corredor industrial, León, Silao, Irapuato, Salamanca y Celaya, y sus aledaños, tienen el mayor número de personas en condición de pobreza en relación con su población total; y León, la joya de la corona panista, es el municipio en todo el país con mayor número de pobres en términos absolutos (son datos del Coneval).
Me extenderé solo respecto a la primera de esas cuatro políticas, dejando las otras para colaboraciones subsiguientes: y es que, a contrapelo de esta innegable realidad de marginación, hay muchos ingenuos -y otros no tanto- que nos blanden otra, de ensueño: la de un espectacular logro en materia económica, pintando de rosa todo en Guanajuato. “¡Grandeza de México!” nos machaca ufana, delirante, la propaganda oficial; y para esto, se apunta a los grandes logros en el crecimiento de nuestro producto interno bruto; se destacan en especial sus altísimas exportaciones, un indicador que está basado casi exclusivamente en lo que producen las cuatro grandes empresas extranjeras armadoras de automóviles, sin reparar en el beneficio social casi nulo que esta maquila nos ha representado.
Si se lo mira desde un enfoque amplio, sistémico (¡y no cabe hacerlo en otra forma!), estas empresas del ramo automotriz no han traído prosperidad alguna a Guanajuato; importan el 82% de sus insumos y por tanto no han provocado las supuestas líneas de proveedurías locales anunciadas en un inicio; además, importan sin pagar impuestos; producen, obtienen beneficios y exportan sus productos terminados, también sin pagar impuestos; y, para colmo, el IVA que sí pagan por sus pocos consumos nacionales (agua, electricidad, combustibles y otros insumos menores) le es puntualmente devuelto por el SAT; unos 150 mil millones al año para el total de las industrias de este ramo en el país, en devoluciones por ese y otros conceptos. Como bien lo puntualizó uno de los funcionarios más destacados en la administración federal, doña Raquel Buenrostro
Las empresas ya recuperaron el capital que invirtieron y siguen recibiendo los incentivos… Estos mecanismos de apoyo no fueron revisados y sobrevivieron a varios cambios de administración. En términos netos, si sumamos los impuestos que pagan menos las devoluciones, terminan pagando tasas cercanas a cero. (de una nota del El Economista, “La industria automotriz tiene muchos beneficios fiscales en México: SAT”, de fecha 22 de junio de 2021)
En fin, esas cifras tramposas de crecimiento pretenden usarse para disimular el negro legado que nos deja el régimen panista: una descomposición social y violencia que, con todos los eslabonamientos y causas complejas que se quiera –“caldo de cultivo”, es la expresión más socorrida-, están innegablemente conectadas con las políticas públicas impuestas desde 1991. Se ha ido desde un punto, antes de la llegada del panismo al poder, donde Guanajuato era un estado relativamente tranquilo y pacífico, a uno con la máxima expresión de estas pavorosas lacras, y a considerarse a sus municipios más poblados como los lugares más violentos de México.
Todo lo expuesto, nos pone frente a la necesidad de la alternancia, de echar definitivamente al PAN del poder público en Guanajuato…
