Opinión

EN LA CANDIDATURA DE JAVIER MENDOZA, IMPOSICIÓN, CHANTAJE Y NEGOCIOS PRIVADOS…

EL FRAUDE ELECTORAL COMO ÚLTIMO RECURSO DE UN PANISMO DECADENTE.

Por Íñigo Javier Rodríguez Talancón

“- Sé que se robaron la elección, sé cómo lo hicieron, y no me opondré a que lo repitan, siempre y cuando sea yo su candidato…”  (Una imaginada réplica del susodicho a los mapaches panistas).

Lo de arriba, que es mío, y que es ficción, pareciera sacado de un texto de Franz Kafka, maestro del absurdo; sin embargo, la situación que describe no es tan discorde con la realidad, algo así de irracional bien pudo haber ocurrido ya en Celaya.

No pretendo hacer aquí toda una reseña sobre las advertidas mapacherías realizadas por los panistas en, por lo menos, los comicios municipales de 2015, 2018 y 2021. Basta por ahora consignar, que sobre el primero y el tercero existen sólo algunos vestigios débiles o desdibujados, pero que hacen suponer la existencia de sendos fraudes electorales; sin embargo, en la elección de 2018, la única impugnada de esta serie, hay sólidos indicios que, articulados, permiten ir más allá de meras suposiciones.

En efecto, Aunque esa impugnación contenía elementos suficientes para que se hubiese sentenciado la nulidad absoluta de la elección, por algunos supuestos defectos de procedimiento, pretextados por esos venales tribunales de consigna, fue desestimada; sin embargo la trama defraudatoria panista quedó al descubierto.

Es claro que el PAN está en franca decadencia después de tantos años de malos gobiernos, lo cual le incapacita para seguir reproduciéndose en el poder, como no sea a través de fraudes electorales.

Y fue precisamente Javier Mendoza, que contendió como candidato independiente en esos referidos comicios municipales de 2018, el que la impugnó alegando fraude, y además acreditando la existencia de indicios muy firmes que apuntaban a éste; pero posteriormente, en los siguientes comicios de 2021, hubo una gran sorpresa: Mendoza Márquez fue el candidato del PAN, de quienes precisamente fueron sus señalados defraudadores.

Sobre este evidente contrasentido muy pocos repararon; y es que muchos electores son de muy corta memoria, o simplemente tienen enormes vísceras anti 4T que les nubla el buen juicio. En el voto prejuicioso de una clase media urbana -por suerte, solo de una parte de este segmento- está la única apuesta el PAN; son los únicos votantes que podría apoyar la reelección de este desvergonzado logrero, convertido ahora en el mayor aliado del nefasto yunque-panismo. Pero bien saben que con esto no les alcanza.

Y es que Javier Mendoza ha impuesto de nueva cuenta su candidatura, sin importarle su pésima gestión, a través de un evidente chantaje; y además porque se ampara en ser el único garante de turbios intereses privados de varios de sus promotores.

A esto concurre aprovechando las mismas circunstancias de hace tres años: (i) que el PAN no tiene ningún candidato solvente; (ii) que su nominación vuelve a ser una imposición cupular; y (iii) que, sin obstar lo absurdo que representaba esta su impúdica “marometa”, su conocimiento de los intríngulis del fraude electoral que antaño impugnó, sigue siendo un medio muy eficaz de chantaje, una “moneda de cambio” que vuelve a utilizar.

¿A qué se atienen entonces los panistas postulando de nueva cuenta a Javier Mendoza, cuya actuación como alcalde es tan mal valuada por la mayoría? ¿Acaso los panistas están apostando a perder? ¿Qué tipo de intereses inconfesados les empujaron a esta absurda decisión?

Son preguntas que el lector, quizá, ya se habrá hecho. En este contexto resultan retóricas; porque no queda sino suponer que, para apuntalar este intento temerario, sería necesario recurrir a un expediente ya muy familiar para PAN: la articulación de un enorme fraude electoral.

Si no es a esto, entonces, ¿a qué le apuesta el PAN con esta pésima candidatura de Javier Mendoza?