Por: José Luis Ramírez
Mis estimados tres lectores, como ustedes saben, el municipio compró dos edificios en el centro de Celaya con el argumento de “ahorrar rentas”. Sin embargo, los inmuebles carecen de estacionamientos. Para resolverlo contemplan rentar cajones, adquirir terrenos y hasta habilitar casas como estacionamientos. Lo que se presentó como ahorro, se convirtió en un gasto adicional y en un problema urbano. Como dirían los clásicos: resultó peor el remedio que la enfermedad.
En mi columna del 9 de enero de este año, que llevaba por título “La pobreza reestrenara edificios en Celaya”, señalaba entre otras cosas que la compra de esos edificios en pleno centro de la ciudad, suponían másperjuicios que beneficios.
Mencioné que concentrar dependencias municipales en el centro de Celaya se presentaba como una medida de ahorro, pero en realidad reflejaba falta de planeación urbana, social y financiera. Argumenté que la ciudad enfrenta problemas como pobreza, deterioro del patrimonio histórico, movilidad colapsada y dependencia de recursos externos, por lo que gastaralrededor de 23 millones de pesos -eso mencionaron- en oficinas públicas resultabacuestionable y poco prioritario.
Señalé que el traslado de dependencias implicaría el movimiento de más de 200 vehículos oficialesconforme a la lista de dependencias que mudarían, además de los vehículos de trabajadores y ciudadanos que realizan trámites, lo que podría agravar la congestión vial, aumentar la contaminación, generar presión sobre estacionamientos y deteriorar aún más el centro histórico.
Apunté que el supuesto ahorro no consideraba los costos ocultos, como el pago de estacionamientos y los impactos económicos y sociales derivados del congestionamiento urbano.
También advertí que la inversión carecía de una visión integral de ciudad, ya que el centro histórico de Celaya es un espacio deteriorado que requiere rescate patrimonial, ordenamiento urbano y políticas públicas de revitalización, no mayor concentración burocrática. Con los mismos recursos —plantee— podría impulsarse un programa de recuperación del patrimonio que generaría beneficios culturales, económicos y turísticos.
Claro, cuestioné la legitimidad y la racionalidad del gasto público en el municipio, y advertí que decisiones de este tipo pueden interpretarse como actos administrativos con carga política y electoral. Concluí planteando que Celaya necesita un gobierno con visión de futuro, ética en el uso del dinero público y compromiso real con las necesidades de la población.
Dos meses después, con un intenso uso de recursos humanos y materiales municipales para remodelar los edificios, el alcalde con su peculiar forma de hablar -gobierna igual dicen los ciudadanos-, declaró el 16 de marzo:
“Estamos viendo todavía los estacionamientos, estamos haciendo como unos convenios con algunos estacionamientos, estamos viendo a ver si compramos otro terreno cercano ahí para que sea exclusivamente con estacionamientos y, tenemos en Juárez a un lado donde está la comisión federal de electricidad una casa donde tiene para 45 o 48 vehículos, ahí queremos mandar a Fiscalización nos dejarán como 25 bueno un promedio de 25, esté lugares ahí, y esos 25 lugares se los daríamos a los trabajadores de Galeana y Juárez. Estamos buscando formas, la otra forma es que si hay algún problema meteremos una de las camionetas que tenemos por dos o tres camionetas que tenemos y pasaremos a recoger a los trabajadores para que ellos no se muevan en sus carros, porque en última instancia vamos a pasar por ellos este y van a dejar sus carros en sus casas y se ahorran gasolina”. Así, tal cual, lo dijo.
Lo anterior no es más que un repertorio de contradicciones que echan abajo por su propia boca los ahorros, y la trascendencia de una compra que irá perdiendo sentido al paso del tiempo. Un ciudadano expresa con toda la espontaneidad del mundo: “les salió más caro el caldo que las albóndigas”. Y es verdad, exhiben gastos nuevos para revaluar la supuesta conveniencia de edificios viejos.
Lo dicho por el alcalde reveló la improvisación de una decisión que se tomó sin planear, ni pensar con responsabilidad. Señalé: en un primer escenario de 120 vehículos oficiales que requieran estacionamiento, bajo un promedio de 1,500 pesos mensuales por cajón— implica más de 2.1 millones de pesos al año. En una década, ese gasto silencioso equivale al costo total de los edificios. Además, faltaría el gasto de los usuarios de trámites municipales, y el de los mismos empleados.
Una política pública, se mide por la inversión, pero se valora por su aporte a la solución de problemas. La compra de los edificios no generará ahorro porque los costos de afectación al medio ambiente, a la movilidad, a la seguridad y paz, a la convivencia, al disfrute de la ciudad, a la salud, al patrimonio edificado e histórico serán cada día mayores.
Esa medida administrativa en una ciudad como Celaya con un crecimiento exponencial en medios de transporte tradicionales, que carece movilidad sostenible (ciclovías, transporte publico efectivo y eficiente, motovías), agudizará la saturación vehicular. Concentrar tareas administrativas, es igual a aumentar el flujo de vehículos oficiales que ya están presentes en el centro histórico. Solo el parque vehicular del municipio supera las 1200 unidades.
La afirmación que hicieron hace dos meses, de un ahorro por más de cinco millones de pesos anuales, fue a medias porque hay costos nuevos: renta de estacionamientos, compra de terrenos, personal para la gestión, cuidado y seguridad de los estacionamientos. Además de las adecuaciones y mantenimiento a los edificios.
En las declaraciones de este 17 de marzo, el ciudadano tesorero Juanito Almaraz, señaló un nuevo dato, ahora el ahorro bajó: sería de 2.2 millones anuales en arrendamientos, y dio otra cifra sobre el costo de los edificios 19.7 millones. Exactitud que puede variar, al fin y cabo el dinero no es de ellos.
Pero la solución que plantean al problema creado al Centro Histórico, por la compra de esos cascarones de cemento sin estacionamientos, va otra vez en sentido inverso. En términos de planeación urbana moderna, los centros históricos deben priorizar: peatones, transporte público, bicicleta y uso mixto del suelo. No automóviles estacionados.
Igualmente, el centro de Celaya tiene un valor histórico importante: arquitectura tradicional, edificios del siglo XIX y XX, trazado urbano colonial. Cuando se apuesta a comprar casas para convertirlas en estacionamientos, se incentiva la desaparición gradual del patrimonio edificado, se deteriora el espacio visual del centro, y claro, hay una pérdida de identidad histórica. Hoy la tendencia es recuperar los centros históricos, no convertirlos en estacionamientos.
No lo dije en su momento, pero para nadie pasaba inadvertido que esos edificios eran intrusivos, sus construcciones violentaban la imagen urbana alromper con prepotencia criterios sobre altura, diseño, materiales y conservación de la imagen urbana ennuestro centro histórico. Ellos, quienes tomaron la decisión de comprar esos edificios, son mas de lo mismo, el regreso al pasado. Su visión utilitarista del dinero público, es de la edad de piedra.
La gran lección de esta nueva imprudencia institucional nos reafirma que el camino hacia el futuro es la apuesta consciente, científica de una ciudad que integre de manera armónica bienestar social, cultura viva, sostenibilidad ambiental y conservación del patrimonio histórico.
¡Celaya merece un buen gobierno!
REVOLCADERO. El tesorero municipal, y delfín del alcalde para la sucesión municipal, Juanito Almaraz Vilchis, declara “la prioridad actual es encontrar un predio que permita habilitar un estacionamiento en la zona centro de la ciudad… Ahorita nos damos por bien servidos si tenemos uno para 25 autos”. Son más de 200 vehículos los que usan las dependencias que colonizarán el centro histórico. Haga cuentas.
