Opinión

DOBLE O NADA

GOLPE DE TIMON

Por: José Luis Ramírez

La política es una caja de sorpresas. Esa sería la mejor definición para mí, aunque no me desagrada esa idea de Michel de Foucault, que señala que la política es la continuación de la guerra por otros medios. Obvio, es una recreación del concepto desarrollado por el estratega militar Von Clausewitz.

A cien días de gobierno del señor López, nada ha quedado sin tocarse en esta vieja tierra de polvos que esconden la memoria. Sobre todo, la opinión pública es un caudal que se recircula, se mezcla, se confunde y vuelve a aparecer al primer rayo del sol como las conferencias mañaneras que mueven todo para dejarlo aparentemente, igual.

Pensar con juicio y serenidad estos 100 días de gobierno, creo que es muy difícil. No se puede aislar el discurso de la esperanza, sin poner la vista en los círculos de poder que hoy gobiernan con la anuencia del hombre mas influyente de México. Caer en la subjetividad, sería un error. Hay un equipo de gobierno, que no convence del todo, por sus orígenes y raíces en los grupos de poder político y económico que han crecido a la sombra de la corrupción y la impunidad. No termina por cuadrar el discurso de los últimos 18 años, con una estructura de poder y gobierno, que se metamorfosea de una manera poco transparente.

Si la confianza en el señor López, es la suerte y oferta  principal, en la que descansa la toma de decisiones que hace, no creo que ésta vaya creciendo ante los confundidos ojos ciudadanos, porque los personajes  que nutren el equipo administrativo, son figuras clásicas de la decadencia política que sumió a nuestro país en la sombra. Al día de hoy, la eficacia que presumíamos en la resolución de problemas locales, estatales y nacionales, algunos solo han hecho un hoyo mas grande, en otros, la lucha por el control de los espacios administrativos del gobierno federal, los ha frenado, y claro está, lo mas grave, es que no se advierte una visión de Estado sobre el desarrollo social. La vieja y beneficiosa práctica política, de entregar dinero, desde luego puede ser un paliativo a una situación crítica temporal, pero no se puede confundir con una política de largo aliento para cicatrizar las heridas de la marginación y la pobreza. Recordemos, son solo seis años de gobierno, y no aparecen aun los trazos, si los hubiera, de un “golpe de timón”.

Poder es gobierno, pudiéramos sintetizar de este modo, un concepto del que se desprende el enorme quehacer que tiene un servidor público. ¿Si le damos poder, nos dará gobierno? Quizá esa pregunta nos la intentamos despejar cuando vamos a votar. Le damos poder a un personaje X, en el gobierno municipal, estatal y federal, esperando que gobierne de acuerdo a nuestras expectativas. Este breve tiempo de poder y gobierno para nosotros, prácticamente es el mismo. El Pan vuelve a ganar la gubernatura, y la presidencia municipal, desde luego la expectativa, es distinta con relación al gobierno federal.

Utilice la idea “golpe de timón”, porque este fue el planteamiento que hizo Diego Zinhue, cuando ofertó su gobierno a los empresarios que son su soporte estructural. Esta idea, surge por la creciente e irrefrenable inseguridad estatal. Solo un cambio radical, en la esfera de la seguridad y procuración de justicia, haría posible un resultado distinto. Todos esperábamos que hubiese cambios en la Procuraduría, y en la Secretaria de Seguridad, pero no los hubo. Por el contrario, el timón se soldó al barco, y el mensaje fue que barco y timón seguirán siendo lo mismo. En ese escenario, nada podíamos esperar que cambiara, el colorido azul seguiría mezclándose con el rojo sangre de nuestras calles y municipios.

Podemos señalar los datos que en ese mar revuelto tiene el barco a la deriva. En solo dos meses, enero y febrero asesinaron a 600 personas en tierra guanajuatense. No hay guerra en el mundo, que tenga esas cifras, pero aquí, seguía el discurso de la omisión, al punto que solo el crimen y la violencia se combatían con declaraciones a la prensa. El reiterado mensaje de que, lo ocurrido en las calles de Guanajuato era responsabilidad del gobierno federal, fue incluso usado bajo rechifla por la ciudadana Paniagua. La inmovilidad de ambos era impresionante. Pero la indignación de la gente es mayor.

A raíz del combate a la corrupción, que permitía lo indecible con respecto al uso de la institución y los recursos que producía y administraba Pemex, Guanajuato fue cimbrado. Tembló en la tierra del Pípila, porque la evidencia apuntaba que el corazón nacional del guachicol se encontraba a 20 minutos de la presidencia municipal de Celaya, y sus arterias se orientaban a todos los puntos cardinales. Pero nadie daba cuenta del estado en que se encontraba la red y la colusión entre autoridades y delincuentes. Meses, años, el punto que hoy señalan como la boca del volcán del miedo, no se movió, allí estuvo tomando sol unas veces, y otras, sombra de bajo de las palmeras.

Hace unos días el gobierno federal, y particularmente la Marina, entró el lugar mas temido e inexpugnable, al que nunca tocó ni con el pétalo de una rosa, el gobierno estatal. El que nunca fue mencionado por los timoneros de la procuración de justicia, ni por los de la seguridad estatal, a pesar de los largos años en que la ciudadanía ha estado sufriendo el clima de terror y miedo. El golpe de timón fue dado por el gobierno federal, sin lugar a dudas fortalece políticamente, no a Diego Zinhue, aunque lo presuma como logró suyo, sino al señor López, que hoy viene a Guanajuato a pisar tierra firme. Y como lo dijera, el anterior gobernador, sangrando por la comisura de los labios: “el enemigo está en casa”.  Eso no hay que perderlo de vista.

Revolcadero.

La política actual, es un disfraz de la realidad, el más apegado a un rostro reconstruido.