Por: José Luis Ramírez
La vida del país en todo sentido se da en el municipio. Pero la paradoja es que a veces se marchita antes de tiempo porque la gestión y administración de la ciudad no se hace de forma correcta.
Quienes concebimos al municipio como la célula básica de la organización política y social, no podemos pasar por alto la gran responsabilidad que tienen quienes representan a los ciudadanos en el Ayuntamiento. Les dejamos en sus manos el destino de nuestro territorio, nuestro patrimonio y nuestra vida.
Por eso, cuando por azares de la vida, el Ayuntamiento municipal queda integrado por mayorías que no han comprendido que su presencia es para gestionar el desarrollo y bienestar de la población, y no para caprichos o promoción personal, la política ciudadana se convierte otra vez, en el eje del cambio.
Cada tres años al renovarse el Ayuntamiento, se presenta la misma situación: la ciudad se estanca en sus actividades: los cambios de personal, directivos, y ediles traen consigo un periodo de adaptación y aprendizaje que la población observa y califica de inmediato. La recuperación de la ciudad, es muy lenta, porque los procesos administrativos, si bien son sistematizados, las operacionales no lo son, requieren experiencia y orden, y determinan la demanda de insumos y recursos para su ejecución. Cuando se violentan los procesos, la improvisación y los desatinos afloran con el malestar de la ciudadanía.
Por otro lado, al presidente municipal más allá de su función de representar y presidir el poder ejecutivo, es decir, el que ejecuta el Programa y Plan de gobierno que presentó para mejorar la ciudad, se le considera un gestor. En la práctica, así funciona por la interlocución directa que tiene con los otros órdenes de gobierno: estatal y federal, que finalmente son los que aportan la mayor parte de los recursos con los que se complementa el gasto municipal.
Para el presidente municipal las gestiones tienen tiempos definidos; los plazos para la evaluación, la aprobación de proyectos específicos, suelen comenzar después del primer año del ejercicio administrativo, y aterrizarán después del segundo año de gobierno, en pleno proceso electoral.
Cuando los presidentes municipales han llegado con la intención de comenzar una carrera política, los tiempos los vuelven locos, repiten por inercia las formas viciadas de administrar y gestionar los problemas de la ciudad. Entonces se convierten en el foco de críticas inmediatas, de rechazo, y el bono de confianza se pierde en un abrir y cerrar de ojos.
Aunado a eso, pasando la mitad del tiempo de gobierno, viene la tormenta política, el rebaño se transforman en jaurías. Los grupos de interés económico y político se reagrupan y, surgen liderazgos para pelear por la sucesión. Así que el presidente municipal, estará ocupado operando la reelección, la sucesión o su ascenso al siguiente escalón político. Mientras tanto, la ciudad y los ciudadanos han pasado a punto muerto.
Con decepción ya no hay reelección.
Es normal que la mayoría de los alcaldes piensen en la reelección, y pongan su atención en temas de promoción personal que dejen una buena imagen, pero eso no es suficiente.
La reelección de los alcaldes fue pensada para mejorar el desempeño de los gobiernos locales, ya que la gestión del gobierno estaría en manos de funcionarios experimentados. Igualmente se crearían condiciones para tener gobiernos profesionales con mejores resultados y, se estrecharía el vínculo entre servidores públicos y ciudadanos.
La reelección consecutiva de presidentes municipales comenzó con la reforma político-electoral de 2014. En el primer ejercicio de reelección del 2018, aproximadamente 30% de los alcaldes que buscaron reelegirse lo lograron; en el segundo ejercicio del 2021, el porcentaje se mantuvo entre un 25% y 35%; en el tercer ejercicio del 2024, solo una fracción lo consiguió.
La presunción que la figura de autoridad y poder municipal, es suficiente para influir en el electorado y ganar una segunda elección consecutiva está fuera de la realidad porque los votantes tienden a castigar el incumplimiento de los compromisos planteados. Las esperanzas, promesas, divagaciones, improvisaciones, desmentidos de frente a los hechos, son un factor central de desaprobación automática. Así que la reelección no es pan con azúcar morena, ni con saborizantes artificiales.
En las elecciones municipales de 2024 solo los alcaldes con alta aprobación ciudadana tuvieron posibilidades reales de reelegirse, porque además desarrollaron una estructura electoral partidista, diseñada y preparada con ese objetivo. Del mismo modo, para los que contaban con arraigo local, y con una trayectoria política, las posibilidades de reelección fueron altas.
Las encuestas son reales si favorecen a los candidatos.
En los intentos por reelegirse los alcaldes tienen por costumbre conjurar los escenarios que no les favorecen, y las encuestas son su primer enemigo. Las encuestas recogen la percepción ciudadana, y nos demuestran que las intenciones de reelección de los alcaldes son viables o no tienen sustento. Claro, hablo de aquellas que no están hechas al calor del momento, sino están basadas en un seguimiento puntual del desempeño de los alcaldes.
Los alcaldes reelectos en 2024 lograron mantenerse en el cargo gracias a estrategias de gestión y gobernanza, combinaron eficiencia administrativa, transparencia, y resultados visibles en seguridad, obra pública y participación ciudadana. Los casos más exitosos muestran aprobaciones superiores que van del 60% y hasta el 84%, reflejando la aprobación a su desempeño.
Destaco para su valoración, las estrategias de gestión y gobernanza que impulsaron la reelección de los alcaldes de ciudades importantes del país, más allá de su marca política:
En Transparencia y administración eficiente destaca Ricardo Ahued (morena) alcalde de Xalapa, Veracruz, con una aprobación de 84.1%, según Arias Consultores. Implementó políticas de austeridad y control del gasto; digitalizó trámites municipales para reducir corrupción. Mantuvo contacto directo con la ciudadanía mediante cabildos abiertos.
Igualmente, Romina Contreras (PAN), alcaldesa de Huixquilucan, Estado de México. Trending Poll, Demoscopia Digital y Statistical Research Corporation (SRC) la ubican en enero de 2026 con una aprobación ciudadana en torno al 83.6%, posicionándola como la alcaldesa mejor evaluada del país. Consolidó un modelo de finanzas municipales estables; programas de apoyo a mujeres y familias vulnerables. Es reconocida por transparencia presupuestal.
En Seguridad y gobernanza local, se destacó Mauricio Fernández Garza (PAN), alcalde de San Pedro Garza García, Nuevo León, con una aprobación 79.3%, según Arias Consultores. Fortaleció la policía municipal con capacitación y tecnología; generó coordinación con fuerzas estatales para reducir delitos. Traía consigo un liderazgo fuerte y experiencia previa en el cargo.
De igual manera, destaca Enrique Galindo (PRI), alcalde de San Luis Potosí, con una aprobación de 65.7% según SRC. Desarrolló estrategias de seguridad comunitaria, trabajó en la recuperación de espacios públicos y programas de convivencia; su estilo de gobernanza estuvo basado en acuerdos con empresarios y sociedad civil.
En Servicios públicos y obra urbana destaca Renán Barrera (PAN), alcalde de Mérida, Yucatán, con una aprobación de 62%, según Gobernarte. Desarrolló proyectos de movilidad sustentable y ciclovías; impulsó el turismo y la cultura como motores económicos. Mantuvo transparencia en licitaciones de obra pública.
De igual modo, destaca Pablo Gutiérrez Lazarus (morena), alcalde de Carmen, Campeche, con un nivel de aprobación de 82.1%, según Arias Consultores. Generó programas sociales focalizados en comunidades pesqueras; trabajó en la rehabilitación de calles y servicios básicos. Mantuvo Políticas de austeridad y eficiencia administrativa.
En Participación ciudadana y legitimidad política, se destaca Giovani Gutiérrez (PAN), delegado de Coyoacán, Ciudad de México, con una aprobación de 60.9%, según Gobernarte. Mantuvo Cabildos abiertos y consultas vecinales; desarrolló Programas culturales y deportivos para jóvenes; generó estrategias de cercanía con vecinos como base de gobernanza.
En ese mismo sentido, se destaca Janecarlo Lozano (morena), alcalde de Gustavo A. Madero, Ciudad de México, con una aprobación de 70.2%, según Gobernarte y SRC. Desarrolló Programas de seguridad comunitaria; trabajó en la recuperación de mercados y espacios públicos; mantuvo contacto directo con colonias populares.
Los alcaldes reelectos en 2024 lograron mantenerse en el cargo gracias a estrategias de gestión diferenciadas por partido: Morena se enfocó en programas sociales y cercanía comunitaria; PAN en seguridad y transparencia administrativa; PRI en acuerdos con sectores empresariales y recuperación de espacios públicos. Los niveles de aprobación superiores al 60% reflejan que estas prácticas fueron clave para su reelección. El cruce de datos electorales que les permitió la reelección, y los resultados aprobatorios por su desempeño, son una muestra de las diferencias entre la improvisación y el trabajo organizado.
Validar la máxima: “las encuestas son ciertas si me favorecen”, es un error de cálculo que suele pagarse con el escalamiento de votos en contra
Dejando un margen de interpretación, la reelección municipal depende de combinar liderazgo político, capacidad administrativa y cercanía social para desempeñar correctamente las responsabilidades del servicio público. La verdadera aprobación ciudadana para la reelección, se madura antes del día de la elección Lo demás es soberbia, y el camino más corto hacia el rechazo ciudadano.
Por ahora, ya se les acabó el tiempo a los alcaldes que buscarán la reelección sin tener una agenda de trabajo estructurada y con avances comprobables. Para aquellos que ocuparon el tiempo en justificar su incompetencia, y pelear hasta con su propia sombra la reelección tiene un solo camino, la derrota.
REVOLCADERO
Desmentirse uno mismo, es un acto de confirmación pública de imbecilidad o cinismo.
