Opinión

HUELLA Y MEMORIA

HÉCTOR GÓMEZ DE LA CORTINA GUERRERO

CALLES

El pasado 19 de octubre se conmemoró el aniversario luctuoso de Plutarco Elías Calles, quien fuera presidente de México de 1924 a 1928 y luego el llamado jefe máximo de la revolución una vez que dejó la silla presidencial, pero continuó dirigiendo los destinos de la nación hasta 1934, cuando Lázaro Cárdenas, poco a poco, se fue deshaciendo de su influencia.

Calles es uno de los presidentes más famosos de México, pero no ha estado exento de polémicas. Su figura se forjó a la sombra del general Álvaro Obregón, el caudillo invicto de la revolución, ambos eran sonorenses, Obregón fue alcalde de Huatabampo, Calles alcanzaría la gubernatura interina en 1915 y luego de 1917 a 1919, sería gobernador constitucional.

Obregón era bromista, simpático, astuto, genial estratega militar; Calles era reservado, rígido, amante del orden. Ambos eso sí, eran autoritarios, necesario para el tiempo en el que les tocó vivir.

Cuando Obregón asume la presidencia en 1920, Calles lo acompañará como secretario de Guerra y Obregón le irá despejando el camino, a sangre y fuego, para que se convierta en su sucesor, de 1924 a 1928. En ese inter, es aplastada la rebelión Delahuertista y se cometen los crímenes de Huitzilac, inmortalizados en el libro La sombra del caudillo, de Martín Luis Guzmán.

Una vez en la presidencia, Calles se dedicó a institucionalizar el poder, tratando de disminuir la influencia militar y fortaleciendo a las instituciones. Creó el Banco de México, impulsó la educación laica y encabezó importantes obras de infraestructura.

Su gobierno no fue ajeno a conflictos. México habría de pagar un costo altísimo en cuanto a vidas humanas cuando estalló La Guerra Cristera; Calles veía a la iglesia como un enemigo del Estado y estaba convencido que era menester someterla. Las medidas fueron extremas e incluso innecesarias, faltó dialogo, sobró intransigencia.

Una de sus aportaciones más importantes fue la creación del Partido Nacional Revolucionario, el abuelo del PRI. Dicha institución política aglutinó a cientos de partidos y le puso fin al caudillismo local, permitiendo que las disputas se resolvieran por la vía institucional y no a través de las armas. La creación del PNR concentró el poder en la llamada familia revolucionaria, pero le dio a México la estabilidad social necesaria y terminó con un sinfín de problemas políticos.

Cuando estaba por finalizar su mandato en 1928, Obregón preparaba su regreso. Ya había ganado las elecciones, pero fue asesinado en julio de ese mismo año. Calles se convertirá en el jefe máximo, pero no regresará a la presidencia. A ella llegarán Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y Abelardo L. Rodríguez, periodo conocido como El Maximato.

Cuando todo parecía indicar que Calles tendría un cuarto pelele en Lázaro Cárdenas, este último fue deshaciéndose de todo el poder y la influencia del llamado jefe máximo, hasta que en 1936 lo destierra a Estados Unidos.

Calles se refería a él como “El Chamaco”. Se habían conocido en 1915 cuando el joven Cárdenas llegó a Agua Prieta, Sonora, al mando de la 22 división de caballería. Combatirán juntos a los villistas y ya nunca se separarán, hasta la ruptura política.

Lázaro era como un hijo para Calles, pero Cárdenas no podía continuar permitiendo la injerencia de quien fue su mentor político. Como dicen por ahí, el poder no se comparte.

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